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viernes, 3 de mayo de 2013

El pudor (parte 3 de 3): Historias sobre el pudor II


Muhammad y la reconstrucción de la Ka’ba

El pudor del Profeta Muhammad, que la paz y bendiciones de Dios sean con él, era uno de los rasgos más destacados de su personalidad. Incluso desde una edad muy temprana su sentido de la vergüenza en una sociedad libertina, como la árabe antes del Islam, era notable. En una ocasión, después de que el tesoro que había adentro de la Ka’ba fue robado, los mecanos decidieron construirle un techo para así impedir que la vuelvan a robar. Muhammad, siendo aun un hombre joven, tomó parte en la reconstrucción. Él fue con su tío, Al Abbas, a cargar bloques de piedras. Su tío  le dijo que se pusiera su falda en el cuello para protegerse de las aristas de las rocas pesadas. Esto implicaría que sus partes privadas queden al descubierto.

Mientras él cumplía este consejo, se sintió mareado, y cayó desmayado. Sus ojos estaban fijos en el cielo mientras yacía de espaldas en el suelo, su ropa se aflojó aunque todavía cubría sus partes privadas.

Unos momentos más tarde, volvió en sí, gritando “¡Mi ropa, mi ropa!”

Apresuradamente, envolvió su falda asegurándola de nuevo alrededor de su cintura. Nunca más en su vida alguien fuera de su familia volvió a ver siquiera por un vistazo su espalda.

La historia antes mencionada fue relatada por uno de los compañeros del Profeta, Yabir bin Abdullah, y muestra el fuerte sentido de la vergüenza y decoro que Muhammad tenía sobre su cuerpo, incluso antes de ser Profeta. Él era conocido por ser más pudoroso que una virgen de claustro, antes y después de recibir la revelación de Dios.
Moisés y los burlones

Otra historia sobre Moisés, la paz y bendiciones de Dios sean con él, demuestra que él era igualmente vergonzoso y tímido sobre su cuerpo como el joven Muhammad. Nunca apareció delante de nadie sin estar plenamente cubierto, lo que llevó a algunas personas de su pueblo (israelitas) a menospreciarlo. Decían: “Cubre su cuerpo de esta manera porque tiene algún defecto en la piel, o lepra o hernia escrotal, o tiene algún otro defecto”.

Dios quiso aclarar lo que decían sobre Moisés. Un día, cuando Moisés se había quitado su ropa y la puso en una piedra mientras tomaba un baño. Cuando hubo terminado de bañarse, fue hacia donde tenía su ropa para ponérsela nuevamente, pero la piedra huyó con su ropa. A pesar de su desnudez, Moisés levantó su bastón y corrió detrás de la piedra diciendo: “¡Oh piedra, dame mi ropa!” Pero la piedra continuó huyendo hasta que se encontró un grupo de israelitas, donde paró. Así fue como fueron capaces de verlo desnudo.

De esta forma, Dios lo exoneró de lo que lo habían acusado. Moisés, sin embargo, estaba molesto. Tomó su ropa y se la puso rápidamente, y luego comenzó a golpear la piedra con su bastón. El Profeta del Islam, quien narró la historia, juró que la piedra todavía tenía rastros de los golpes. Esto es a lo que Dios se refirió diciendo:

 “¡Oh, creyentes! No seáis como quienes calumniaron a Moisés. Dios lo declaró inocente de lo que lo acusaban, y goza ante Dios de un rango elevado”. (Corán 33:69)

Esta historia muestra qué tan tímido era Moisés sobre permitir que su cuerpo fura visto en público. De hecho, sólo su enojo por haber sido privado de la barrera entre su cuerpo y el mundo, lo llevó a permitir que la totalidad de su cuerpo fuera visto, la exposición fue por deseo de Dios para aclarar las difamaciones hechas por sus detractores.
Muhammad y el pozo del jardín

Lo que es respetable para ver entre la gente, por supuesto, varía. Cuánto del cuerpo de una mujer puede exponer a su esposo es diferente de lo que puede exponer a su hermano, que también difiere de lo que puede ver un completo extraño, y así. Esto se aplica también a lo que es permitido ver entre personas del mismo sexo. Lo que un padre, un hermano o un hijo pueden respetuosamente ver uno del otro es diferente a lo que un hombre fuera del círculo familiar puede ver; como lo que una madre, una hija o una hermana pueden ver en contraste con lo que puede una mujer extraña.

Una vez, cuando el Profeta entró en un jardín, le pidió a su compañero, Abu Musa Al Ashari, que vigilara la puerta. En el jardín había un pozo, y él se sentó en el pozo descolgando sus piernas al interior. Después de un tiempo, Abu Bakr vino, y quiso entrar al jardín. Abu Musa fue a decirle al Profeta que su suegro quería compartir el jardín con él, y el Profeta dijo: “Albrícialo que el jardín del Paraíso lo espera, y déjalo entrar”.

Así que Abu Bakr, el padre de Aisha, entró al jardín y se sentó al lado del Profeta, cuya falda estaba hasta un poco más arriba de la rodilla,  y balanceó sus piernas junto a las de él en el pozo. Un poco más tarde, Umar bin Al-Jattab se presentó. Él también quería relajarse en el jardín. De nuevo Abu Musa pidió permiso, informándole que otro de sus suegros estaba en la puerta. Él dijo: “Albrícialo que el jardín del Paraíso lo espera, y déjalo entrar”.

Umar, el padre de Hafsa, tomó el lugar libre al  lado del Profeta, y balanceó las piernas en el agua junto a él, y de esta manera el Profeta pudo preservar su decoro, sin tener que levantar su vestimenta sobre las rodillas.

Algún tiempo después de esto, su yerno, Uzman bin ‘Affan, con quien su hija Ruqaia se había casado, también pidió entrar al jardín. Cuando Abu Musa transmitió el mensaje del Profeta diciendo: “El jardín del Paraíso te espera después de algunas pruebas, déjenlo entrar”, Uzman observó que los únicos espacios libres que quedaban estaban en una de las tres paredes que el Profeta y sus suegros no ocupaban, lo que significaba que él podría ver más las piernas del Profeta que los demás. Como dudaba, el Profeta deslizó su falda hasta abajo de sus rodillas, entonces Uzman se sentó frente a él.

Ambos hombres habían tenido la sensibilidad de sentarse al lado del Profeta y, sin embargo, el Profeta había preservado su decoro sin tener que bajarse su vestimenta sobre sus rodillas.

El Islam enseña que hay algunas partes del cuerpo que no deben ser mostradas al público, y entre más cerca están esas partes a las partes privadas, más prohibido es revelarlas. Aunque los tres hombres que se sentaron junto al Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, tenían lazos familiares cercanos con él -que es por lo cual dejó que sus rodillas se vieran-, cuando existía la posibilidad de que sus muslos fueran expuestos, él tomaba medidas y los ocultaba.  





Texto tomado de: www.islamreligion.com

El pudor (Parte 2 de 3): Historias sobre el pudor


Muhammad y el pudor ante Dios

El profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, dijo:

“Cada religión tiene una característica, y la característica del Islam es el pudor”. (Al-Muwatta)

El pudor, en el sentido de protegerse a sí mismo con timidez, con propiedad, de la lujuria o las miradas envidiosas, significa que uno se preocupa acerca de cómo expresarse con palabras y hechos. Uno no quiere que los demás lo miren con extrañeza o como si fuera culpable. Esto fomenta el ser correcto en comportamiento y pensamiento con los otros, y con la relación de uno mismo con Dios. El Profeta le dijo a sus compañeros:

“Sean tímidos delante de Dios, pues es Su derecho que seáis pudorosos delante de Él”.

Le dijeron: “Oh Mensajero de Dios, en verdad que somos pudorosos, alabado sea Dios”.

Él dijo: “No es eso. El pudor ante Dios conforme a Su derecho es que protejas tu mente en lo que aprendes, tu estómago de lo que ingieres, y recordar la muerte y las tribulaciones; y el que quiere la otra vida, abandona los adornos de esta vida. Así que, aquel que hace todo esto es quien realmente es pudoroso ante Dios, conforme a Su derecho”.

El pudor  y la vergüenza se aplican a cada aspecto de la vida, y la conciencia de la presencia de Dios nos ayuda a ser pudorosos y decorosos en la forma en que nos comportamos en todas las actividades que hacemos. Es la corona de la ética moral y el comportamiento, porque inspira todo lo que es bello y previene de lo que es perverso. Es un escudo de castidad para el cuerpo y pureza para el alma, y el sentir vergüenza de nuestra propia maldad proviene de ser consciente que Dios nos está viendo. El Profeta dijo:

 “El pudor es parte de la fe, y la fe lleva al Paraíso”. (Ahmed)
Muhammad y la fiesta de matrimonio

Con motivo de su matrimonio en Medina con Zainab, la hija de Yahsh, el Profeta invitó a la gente a su fiesta. Esta fue una invitación al finalizar la mañana, y la mayoría de las personas simplemente se levantaron y salieron después de comer, como era la costumbre. El novio, sin embargo, siguió sentado y algunas personas también, quizás pensaron que esto era una señal de que ellos también debían permanecer con él, se quedaron después de que los demás invitados se habían ido. Por decencia, al Mensajero de Dios no le gustaba decirle a la gente que se fuera, entonces, se levantó y se fue de la sala con su discípulo, Ibn Abbas.

Se fue hasta la habitación de Aisha, otra de sus esposas, antes de regresar a la habitación de Zainab, esperando que los invitados hubiesen entendido la indirecta.  Sin embargo, todavía estaban allí, sentados en sus lugares; entonces, él se fue una vez más a la habitación de Aisha, todavía acompañado por su discípulo.

La segunda vez que volvieron, la gente ya se había ido, entonces el Mensajero de Dios entró. Ibn Abbas lo iba a seguir, pero Muhammad tomó la cortina divisoria y la corrió cerrando así la entrada.

Una de las enseñanzas de esta historia es que el hogar de una persona es privado y se debe tener pudor de abusar de una invitación. Además, porque Muhammad era muy amable con las personas para pedirles que se fueran, sus actos dan un ejemplo de cómo enseñar una lección sin ser ofensivo. Usó una forma no verbal de mostrar a las personas que se debían ir; y cuando su espacio privado fue desocupado, usó otro gesto no verbal para demostrar que la invitación había terminado.
Moisés y Séfora

Después de esperar durante mucho tiempo en la fila, siendo sólo dos mujeres entre todos los hombres, alguien finalmente las ayudó, y fueron capaces de llevar sus rebaños de ovejas y cabras a casa.  Su padre era viejo, y ellas no tenían hermano que hiciera las tareas al aire libre. Siendo una de las tareas más onerosas sacar agua del pozo con el fin de darle de beber al ganado, esta era una actividad realizada por los hombres. Era un día de suerte que regresaban a casa temprano después de darle agua a la manada. El padre estaba sorprendido por su pronto regreso, y cuando preguntó por lo ocurrido, sus hijas le dijeron que un hombre que parecía un viajero las había ayudado. El padre le dijo a una de sus hijas que buscaran al hombre y lo invitaran a la casa. Cuando regresaron al pozo, la joven se acercó tímidamente, y cuando estuvo muy cerca, le extendió la invitación de su padre para que lo pudiera recompensar por su ayuda. Moisés mantuvo su mirada baja hacia el piso, mientras les respondía que él lo había hecho solamente para complacer a Dios, y no requería ninguna compensación. Sin embargo, al darse cuenta que era una ayuda enviada por Dios, aceptó la invitación. Mientras ella caminaba delante de él, el viento levantó su vestido, revelando parte de su pierna, entonces él le pidió que caminara detrás suyo, y le señaló la dirección que debía seguir cuando llegara a una bifurcación en el camino.

Cuando llegaron a la casa, el padre le ofreció comida y le preguntó de dónde era. Moisés le respondió que era un fugitivo de Egipto. La hija que lo había traído a casa le susurró a su padre: “Padre, contrátalo, el mejor de los trabajadores es el que es fuerte y confiable”.

Le preguntó: “¿Cómo sabes que es fuerte?”

Ella dijo: “Él levantó solo la piedra que tapa el pozo, que sólo puede ser removida por varias personas.”

Él pregunto: “¿Cómo sabes que es confiable?”

Ella dijo: “Él me pidió que caminara detrás suyo para que no me viera mientras caminaba, y cuando conversé con él mantenía su mirada baja, con respeto y pudor”.

Así era el Profeta Moisés, que la misericordia y bendiciones de Dios sean con él, que había escapado de Egipto después de matar por error, y el padre de las jóvenes era un hombre temeroso de Dios de la tribu de Madian; un hombre que no tenía hijos varones, pero había tenido dos hijas mujeres.

El versículo del Corán que nos cuenta esta historia hace énfasis en la manera en que ella se acercó a Moisés:

“Y una de ellas regresó y acercándose a él con recato...”. (Corán 28:25)

Tanto la forma en que Séfora se acercó a Moisés, y el cuidado que él tuvo al no ver más de lo que era necesario, describen un sentido agudo del decoro.  Ninguno tenía un chaperón ni nadie podía ver lo que hacían y, sin embargo, los dos se comportaron con el mayor decoro y recato. Esto se debe al temor reverencial a Aquel que todo lo ve. El resultado fue que cuando el padre le propuso a Moisés que se casara con alguna de sus hijas, Moisés las consideró muy buen partido. Él y sus hijas también vieron en él todas las virtudes que un hombre debe tener como compañero de una mujer. Moisés aceptó y fue contratado diez años como pastor. 


Texto tomado de: www.islamreligion.com

El pudor (parte 1 de 3): Un panorama


El pudor y el recato tienen un papel especial en los asuntos entre el Creador y lo creado. Todos los profetas y mensajeros elogiaron el pudor, tal como el Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, dijo:

“De las enseñanzas de los primeros profetas que aun persisten: ‘Si no tienes vergüenza, harás lo que quieras’”. (Al-Bujari)

El pudor es como una sensación de vergüenza o timidez en los seres humanos, es una contracción del alma por un comportamiento malo, una cualidad que impide comportarse mal con los demás o desalienta a otros a comportarse mal con usted. La ética islámica considera el pudor como algo más que una cuestión de cómo se viste la persona, y más que el pudor ante la gente, sino que se refleja en cómo el musulmán habla, se viste, interactúa en público en lo que respecta a las personas, y en privado en lo que respecta a Dios. Cualquier reflexión sobre el pudor, por lo tanto, debe comenzar con el corazón, no con el largo de la falda, tal como el Profeta de la Misericordia, dijo: “El pudor es parte de la fe”,  y esa parte de la fe necesariamente está en el corazón.

Ser reservado en el habla

Como todo en el Islam, la forma de hablar debe ser moderada. Elevar la voz expresando ira simplemente muestra la incapacidad de contenerla y sólo perjudica a quien lo hace. La ira incontrolada, por ejemplo, puede llevar al abuso verbal, al asalto físico, ambos casos quitan el velo del pudor, mostrando al vergonzoso ego. El Profeta dijo:

“Una persona fuerte no es aquella que derrota a su adversario en el campo de batalla, sino que la persona fuerte es aquella que sabe controlar su ira”. (Sahih Al-Bujari)

Una persona fuerte y creyente siente pudor frente a Dios y su creación, ya que Dios sabe y ve todo. Siente pudor de desobedecer a su Señor y siente pudor de cometer pecados o actos inapropiados, ya sea en público o en privado. Este tipo de pudor se adquiere y se relaciona directamente con la fe, donde la conciencia de Dios aumenta el “pudor” frente a Él.

La moral islámica divide el pudor en: natural y adquirido. El pudor es una cualidad inherente en las niñas y los niños, un cierto tipo de pudor que es natural en los seres humanos. Si se manifiesta, por ejemplo, en un impulso humano natural para cubrir las partes privadas. Según el Corán, cuando Adán y Eva comieron del fruto del árbol prohibido, se dieron cuenta de que sus partes íntimas estaban expuestas, y comenzaron a cubrirse con hojas del Paraíso, un resultado natural de su pudor.

Los sabios consideran que el pudor es una cualidad que distingue a los seres humanos de los animales. Los animales siguen sus instintos sin sentir pudor o una conciencia de lo que es correcto o incorrecto. Por lo tanto, cuanto menos pudor tiene una persona, más se parece a los animales. Cuanto más pudor tiene la persona, es más ser humano. El Islam ha ordenado ciertas cosas en la legislación  que inducen al pudor. Esto va desde la legislación de pedir permiso antes de entrar en cualquier habitación y un alejamiento de las personas mientras se realizan las necesidades fisiológicas, y la obligatoriedad de ciertas maneras de vestir para hombres y mujeres por igual. Otra forma de alcanzar el pudor es relacionándose con gente recatada –las personas ante cuya presencia sentiría vergüenza de hacer algo incorrecto– tal como dijo el Profeta:

“Te aconsejo tener pudor de Dios, de la misma manera que tendrías pudor delante de la persona más piadosa de tu gente”.

Tener vergüenza de la mirada de un extraño es uno de los impulsores de la modestia en el vestir. Esto se puede ver en los niños, que naturalmente rehúyen la mirada de los extraños, a veces escondiéndose tras las faldas de su madre o detrás de las piernas de su padre. En el Islam, mantener la mayor parte del cuerpo fuera de la mirada de un extraño, sobre todo del sexo opuesto, es una orden para evitar caer en una conducta que puede llevar a relaciones sexuales fuera del matrimonio o prematrimoniales. Dios dice:

“Diles a los creyentes que recaten sus miradas y se abstengan de cometer obscenidades [fornicación y adulterio], pues esto es más puro para ellos. En verdad, Dios está bien informado de lo que hacen. Y diles a las creyentes que recaten sus miradas, se abstengan de cometer obscenidades, no muestren de sus arreglos y adornos más de lo que está a simple vista”. (Corán 24:30)

El versículo siguiente menciona a la gente ante quien se está exenta del uso del velo, los que no se puede llamar “extraños”. Además, la orden se relaja al alcanzar la vejez: una mujer anciana que no tiene esperanzas de matrimonio puede dejar de llevar el velo o de usar la vestimenta que cubre, a manera de capa o abrigo, las prendas habituales.

Como se desprende de este versículo, la ética islámica no ve el pudor como una virtud sólo para las mujeres, sino que para los hombres también. Por lo tanto, los hombres también deben vestir con recato, teniendo cuidado de usar ropa suelta y opaca que cubra totalmente la zona comprendida entre la cintura y las rodillas. Los pantalones ajustados o la ropa transparente están prohibidos. Este pudor se refleja en la ropa de los hombres musulmanes en todo el mundo, las camisas largas por debajo de los muslos y los pantalones sueltos.

Todavía puede parecer, sin embargo, que las mujeres llevan la peor parte de “vestir con recato”. Sin embargo, cuando uno reflexiona sobre el depredador y la presa en las relaciones ilícitas entre los sexos, la presa que está oculta escapa de ser víctima. Además, otro versículo establece que el recato en la vestimenta hace que se identifique a la mujer creyente, mujer que el musulmán devoto, o cualquier hombre decente, estará motivado a proteger en lugar de abusar.

Una forma de desarrollar pudor es pensar acerca de si haría ese pecado delante de sus padres. Una persona con una pizca de vergüenza en su corazón no va a cometer un acto lascivo en presencia de sus padres. ¿Y qué hay de hacerlo delante de Dios? ¿No es Dios más digno aun de que no se cometa un pecado ante Él? De este modo, el Islam considera que el pudor de un creyente ante Dios debe ser mayor que delante de la gente. Esto se manifiesta en el dicho del Profeta, cuando un hombre le preguntó acerca de estar desnudo en su casa cuando estaba solo. El Profeta le respondió:

“Dios es más merecedor de tu pudor”. (Abu Dawud)

Los primeros musulmanes solían decir: “Sé recatado con Dios cuando estás en privado, de la misma forma que eres recatado delante de la gente cuando estás en público”. Otra de sus frases era: “No seas un siervo fiel de Dios en tu comportamiento público, mientras que eres un enemigo suyo en tus asuntos privados”.

El pudor, por lo tanto, puede ser visto como un medio por el cual la moral y la ética en la sociedad se mantienen y alcanzan. El recato en la gente y la sociedad puede ser una forma de pudor, pero este pudor no permanece inalterable, ya que lo que es considerado indecente un día en una sociedad laica puede ser totalmente aceptable en otra. Por lo tanto, la clave del pudor es saber que Dios está bien informado de lo que haces y rehuir de lo que Él prohíbe. Dios desea lo que es bueno para nosotros. Así que, buscar lo que es bueno es someterse a lo que Él quiere para nosotros. La única manera de identificar esto es creer en lo que Dios hizo descender a Su Profeta Muhammad, y abrazar la religión del Islam que trajo para nosotros.





Tomado de: www.islamreligion.com

domingo, 17 de febrero de 2013

La verdad es única (parte 2)


Aquellos que creen que la verdad es relativa y que todas las creencias son correctas, estiman que no es posible decir que las creencias de una persona son incorrectas, porque la religión para ellos es una creencia puramente individual.  La falsedad de esta afirmación es aparente y no necesitamos profundizar en gran detalle para probarlo.  Si una religión cree que Jesús era un falso profeta, otra sostiene que es Dios, y otra que era un ser humano elegido especialmente para ser profeta de Dios, ¿Cómo pueden ser todas verdaderas?  Jesús, que Dios lo alabe, debió ser inevitablemente una de las tres cosas que se mencionaron anteriormente, y todas no pueden ser correctas.  Por lo tanto, ya que sólo una puede ser correcta, cualquiera que se establezca como verdadera determina que las demás deben ser consideradas falsas.

Esto, sin embargo, no significa que una persona no puede tener el derecho a creer lo que quiera, ya que es un derecho que Dios ha concedido a todos los seres humanos.  Pero al mismo tiempo, no significa que uno debe irse al otro extremo y decir que son todas correctas, y que uno no tiene derecho a formar un juicio acerca de ellas.  Además, darle a una persona el derecho de creer en lo que desea, no significa que tenga el derecho de practicar abiertamente o publicitar estas creencias, ya que las leyes implementadas en la sociedad siempre ven los efectos de las acciones en un nivel social más amplio, sean esas acciones, a la larga, ventajosas o dañinas para la sociedad.

De lo que hemos discutido, podemos claramente concluir que todas las religiones del mundo son o todas falsas, o que existe una entre ellas que es la verdadera; ya que varias religiones contienen similitudes, pero también tienen diferencias fundamentales.

Si dijéramos que ninguna religión del mundo es correcta, entonces esto conllevaría a creer que Dios es injusto, porque Él nos dejó que divagáramos por la tierra en pecado y trasgresión sin mostrarnos el camino correcto para hacer las cosas bien, y esto es imposible para un Dios Justo.  Por lo tanto, la única conclusión lógica es que existe una Religión Verdadera, que orienta en todas las esferas de la vida; religiosa, moral, social e individual.

¿Cómo sabemos qué religión es la correcta?  Queda en todos y cada uno de los seres humanos investigar este tema.  Los seres humanos fueron creados para realizar un gran propósito, no sólo para comer, dormir y vagar encontrando el sustento de cada día y saciar sus deseos.  Para realizar este propósito uno debe primero encontrarlo, y esto sólo puede hacerse a través de la investigación.  Si uno cree que existe un Dios, y que Dios no puede haber dejado a los seres humanos divagar sin guía alguna, entonces deben buscar Su religión y modo de vida que Dios haya revelado.  Además, esta religión no se escondería ni sería difícil para los las personas encontrarla o comprenderla, ya que eso contradeciría el propósito de la orientación.  Además, la religión debe contener el mismo mensaje a lo largo del tiempo, ya que hemos mencionado que todo vuelve a la verdad absoluta.  Esta religión no puede contener ninguna falsedad o contradicción, ya que la falsedad o la contradicción en temas religiosos prueba la falsedad en su totalidad, porque dudaríamos de la integridad de sus textos.

No existe otra religión que satisfaga las condiciones mencionadas excepto por la religión del Islam, la religión que concuerda con la naturaleza humana, la religión que ha sido predicada por todos los profetas desde el alba misma del hombre.  Otras religiones actuales, como el cristianismo y el judaísmo, son los remanentes de la religión de los profetas en sus tiempos, que fue el Islam mismo.  Sin embargo, a lo largo del tiempo, han sido alteradas y tergiversadas, y lo que queda hoy en día de esas religiones es una mezcla de verdad con falsedad.  La única religión que ha sido preservada y que predica el mismo mensaje de los profetas es la religión del Islam, la única verdadera religión, que domina todas las esferas de la vida humana, religiosa, política, social e individualmente, y es tarea de todos los seres humanos investigar esta religión, para averiguar su verdad, y seguirla.


Texto tomado de: Islamreligion

La verdad es única ( parte 1)

A menudo cuando se habla de religión, uno escucha la afirmación de que nadie posee el derecho de juzgar las creencias del otro, o que la religión es un asunto privado de cada persona y no podemos decir si es correcto o no.  A lo largo de la historia, las sociedades han basado sus leyes y éticas en la "verdad absoluta" a la que estiman como “correcta”, y esto es resultado de un texto exterior considerado como supremo, o de rasgos de la naturaleza innata de los humanos que hace que vean ciertas cosas como buenas y otras como malas.  Los humanos, en una escala limitada, pueden ver ciertas cosas como buenas y otras como malas.  Por ejemplo, todos los humanos, en su estado natural sin restricciones de la mente, pensarán que la materia fecal y la orina son asquerosas.  También, ciertos actos, como robar, matar y mentir, son conocidos como malignos, mientras que la verdad y el honor son actos nobles.  Esto es resultado de un rasgo que fue creado en todos los seres humanos, pero como se mencionará más adelante, este sentido es limitado.

Si uno dice no tener derecho a juzgar las creencias o acciones de otros, está, de hecho, contradiciéndose a sí mismo.  Si se le preguntara a muchas de éstas personas si matar niños o el suicidio es correcto y aceptable, naturalmente contestarían que no lo es.  Pero cuando vemos en ciertas sociedades, como por ejemplo en algunas religiones de Centro América, el infanticidio era visto como una manera de acercarse a sus dioses.  También hoy, en la religión Hindú, se valora que una esposa se suicide después de la muerte de su esposo.  Si realmente  se cree que la religión es algo individual y que nadie tiene derecho a interferir o juzgar, entonces esto significaría que matar bebes es algo correcto para aquellos que creen que tiene valor, y que las personas no tienen derecho a juzgarlos.

Si lleváramos este asunto a un nivel individual, veríamos que cada persona tiene una percepción individual del bien y del mal, se basa esta percepción en la religión, la ley, la cultura o la contemplación individual.  Una persona puede creer que es perfectamente aceptable cometer adulterio mientras que otro puede pensar que no lo es.  Una persona puede creer que esta permitido utilizar narcóticos ya que se trata de su propio cuerpo, y otros pueden verlo como un crimen.  Nadie podrá decir que algo es correcto o incorrecto, y todas las personas quedarán a su merced para creer y practicar lo que perciben como “correcto”.

Si fuéramos a implementar esta creencia en la sociedad, tendríamos una comunidad basada en la anarquía, en donde las leyes no podrían ser legisladas ni ejecutadas, ya que la ley se basa en el principio de que ciertas cosas son buenas y otras son malas.  Si uno dijera que todos los seres humanos coinciden en que existen ciertas verdades para ser utilizadas en la legislación de leyes, esta afirmación sería cierta hasta cierto límite, como hemos establecido que todos los seres humanos naturalmente poseen un rasgo para diferenciar el bien del mal en un sentido limitado.  Pero, como ya hemos visto, este rasgo muchas veces se pervierte por factores psicológicos, religiosos o culturales, ciertos actos que fueron vistos alguna vez como algo malo e inmoral, más tarde pueden parecer sensatos y aceptables, y algunas cosas que no concuerdan con la naturaleza humana, son vistas como claves para la salvación.  Esto se puede observar claramente en las sociedades democráticas que basan sus leyes en la mayoría.  Vemos que muchas cosas que eran consideradas absurdas o inmorales, son ahora socialmente aceptables, a tal punto que si uno sostiene una opinión diferente con respecto al asunto, es marginado.

Por este motivo, los seres humanos no pueden decidir y legislar qué es correcto y qué lo incorrecto.  Hasta en sociedades de la misma religión que han instituido la separación de la religión del estado, aunque coinciden con los temas religiosos, difieren en gran medida con respecto a lo que es considerado correcto e incorrecto en sus sociedades.  Lo que se considera como edad legal para el consentimiento del sexo en Francia, es considerado violación en Norte América.  Mientras que el aborto es legal en un país, es un crimen en otro, y cuando la homosexualidad es vista como un modo de vida válido en una sociedad, se ve como un grave pecado en otra.

Por lo tanto, si decimos ahora que la verdad es absoluta y única, y que no es relativa a cada individuo y sociedad, la próxima pregunta sería ¿Cuáles son las morales que hacen al manifiesto verdadero y quien las decide?  ¿Cuáles son las leyes que deberían ser implementadas en la sociedad?  ¿Deberían ser decididas por abogados y jueces que han alcanzado un nivel de "iluminación legal", políticos que generalmente toman decisiones para su propio beneficio o el beneficio de los de su propio país, o filósofos que han llegado a conocer las verdades universales a través de su contemplación?  Como hemos visto anteriormente, los seres humanos no pueden tomar sus propias decisiones respecto a lo aceptable y lo inaceptable, por miedo a que los resultados sean catastróficos, como se ve hoy en día en muchas sociedades.  Por lo tanto, el único que tiene el derecho de legislar el bien y el mal, es Él que nos ha creado y sabe que es lo mejor para nosotros; Dios el Todopoderoso.  Es Dios quien creó el mundo y es Dios quien estableció la justicia.  Es Dios quien es perfecto, y es Dios quien no posee ninguna falta en absoluto.

La mayoría de nuestras discusiones han tratado con temas de creencia y fe que tratan con la moralidad y buenas obras, pero lo que es aún mas importante son aquellas creencias que tratan de Dios, y esto será discutido en el siguiente artículo.


Texto tomado de: Islamreligion

jueves, 3 de enero de 2013

El buen trato a los No musulmanes



El Corán enseña a los musulmanes a tratar a los no-musulmanes cortésmente en un espíritu de bondad y generosidad, siempre que no sean hostiles hacia los musulmanes. Dios dice:

 “Dios no os prohíbe ser benevolentes y equitativos con quienes no os han combatido por causa de la religión ni os han expulsado de vuestros hogares, pues ciertamente Dios ama a los justos. Dios sólo os prohíbe que toméis como aliados a quienes os han combatido por causa de la religión y os han expulsado de vuestros hogares o han contribuido a vuestra expulsión. Y sabed que quienes les tomen como aliados serán inicuos”. (Corán 60:8-9)


Al-Qarafi, un erudito musulmán clásico, describe la profundidad del significado de “ser benevolentes” en este versículo. Él explica el término:

“…amabilidad hacia el débil, proveyendo ropa para cubrirlo y hablándole con suavidad. Esto debe hacerse con afecto y misericordia, no mediante intimidación o degradación. Por otra parte, tolerar el hecho de que pueden ser vecinos molestos a los que podrías obligar a mudarse, pero no lo haces por bondad hacia ellos, no por temor o razones financieras. Además, rezar para que reciban guía y [así] se unan a las filas de los bendecidos con recompensa externa, asesorándolos en todos los asuntos mundanos y espirituales, protegiendo su reputación si son expuestos a calumnia, y defendiendo su propiedad, familias, derechos e intereses. Ayudándolos contra la opresión y concediéndoles sus derechos”.[1]

Las órdenes divinas para tratar a los no-musulmanes de esta forma fueron tomadas en serio por los musulmanes. No fueron sólo versículos para ser recitados, sino Voluntad Divina a ser ejecutada. El Profeta, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, fue la primera persona en poner las órdenes divinas en práctica, seguido por sus califas y la población general de creyentes. La historia de vida del Profeta del Islam brinda varios ejemplos de este tipo, la coexistencia pacífica con los no-musulmanes. Algunos de sus vecinos fueron no-musulmanes y el Profeta (saw) fue generoso con ellos e intercambiaban regalos. El Profeta del Islam los visitaba cuando se sentían enfermos y hacía negocios con ellos. Había una familia judía a la que él daba caridad con frecuencia, y después de su muerte los musulmanes mantuvieron su caridad hacia ellos.[2]

Cuando una delegación cristiana de las iglesias de Etiopía vino a Medina, el Profeta (saw) abrió su mezquita para que ellos se quedaran allí, los organizó con generosidad, y sirvió personalmente sus comidas. Él dijo:

“Ellos fueron generosos con nuestros compañeros, así que deseo ser generoso con ellos en persona…”.

…refiriéndose al tiempo cuando los cristianos dieron asilo a una cantidad de sus compañeros después que huyeran de la persecución en Arabia y se asilaran en Abisinia.[3] En otro ejemplo, un judío llamado Zayd bin Sana se acercó al Profeta del Islam para reclamarle una deuda. Él agarró al Profeta por su túnica y su capa, tirando de él hacia su cara, y dijo: “Muhammad, ¿no vas a darme lo que me debes?  ¡Tú y tu clan Banu Muttalib nunca pagan las deudas a tiempo!” Omar, uno de los compañeros del Profeta, se agitó y dijo: “Enemigo de Dios, ¿estoy escuchando realmente lo que acabas de decirle al Profeta de Dios? ¡Juro por el Único, Quien lo envió con la verdad, que si no temiera que él me lo recriminara, habría tomado mi espada y habría cortado tu cabeza!” El Profeta (saw) miró calmado a Omar y lo censuró con amabilidad:

“Omar, no es lo que necesitamos escuchar de ti. Debes aconsejarme que pague mis deudas a tiempo, y solicitarle a él que cobre de manera respetuosa. Ahora, llévalo, págale su deuda de mi dinero y dale veinte medidas extra de dátiles”.

El judío quedó tan agradablemente sorprendido por el comportamiento del Profeta (saw), ¡que de inmediato declaró su aceptación del Islam![4]

Los compañeros del Profeta Muhammad (saw) siguieron su ejemplo sobre cómo tratar a los no-musulmanes. Omar estableció un pago permanente para la familia judía que el Profeta (saw) solía cuidar durante su vida.[5] Él halló justificación para asignarle fondos a la Gente de la Alianza en el siguiente versículo del Corán:

“Ciertamente que el Zakat es para los pobres, los menesterosos, los que trabajan en su recaudación y distribución, aquellos que [por haber mostrado cierta inclinación por el Islam o haberlo aceptado recientemente] se desea ganar sus corazones, la liberación de los cautivos, los endeudados, la causa de Dios y el viajero insolvente. Esto es un deber prescrito por Dios, y Allah es Omnisciente, Sabio”. (Corán 9:60)

Abdullah ibn Amr, un famoso compañero del Profeta (saw), daba caridad con regularidad a sus vecinos. Enviaba a su sirviente a llevar porciones de carne en ocasiones religiosas a su vecino judío. El siervo, sorprendido, preguntó sobre la preocupación de Abdullah por su vecino judío. Abdullah le comentó el dicho del Profeta Muhammad (saw):

“El ángel Gabriel fue tan firme en recordarme que fuera caritativo con mi vecino, que pensé que le asignaría parte de la herencia (o sea que los hiciese herederos también)”.[6]

Revisando páginas de la historia, encontramos un ejemplo maravilloso de cómo un gobernante musulmán esperaba que sus dirigentes trataran a la población judía. El Sultán de Marruecos, Muhammad ibn Abdullah, publicó un edicto el 5 de febrero de 1864 d.C.:

“Para nuestros empleados civiles y agentes que desempeñan sus servicios como representantes legales en nuestros territorios, publicamos el siguiente edicto:

‘Deben tratar con los residentes judíos de nuestros territorios de acuerdo a los modelos absolutos de justicia establecidos por Dios. Los Judíos deben ser tratados por la ley sobre una base de equidad con los demás, de modo que ninguno sufra la menor injusticia, opresión o abuso. A nadie de dentro o fuera de nuestra propia comunidad le será permitido cometer ninguna ofensa contra ellos o sus propiedades. Sus artesanos y obreros no deben ser enlistados en la milicia contra su voluntad, y se les debe pagar un sueldo completo por su servicio al estado. Cualquier opresión hará que el opresor esté en la oscuridad el Día del Juicio y no aprobaremos de nadie tales irregularidades. Toda persona es igual a la vista de nuestra ley, y castigaremos, con ayuda divina, a cualquiera que cometa errores o agresiones contra los judíos. Esta orden que hemos declarado aquí es la misma ley que siempre hemos conocido, establecido y declarado. Hemos publicado este edicto sólo para afirmar y prevenir a cualquiera que quiera dañarlos, así los judíos tendrán un mayor sentido de seguridad y quienes deseen dañarlos pueden verse disuadidos por una mayor sensación de temor’”.[7]

Renault es uno de los historiadores occidentales imparciales que ha reconocido el trato bueno y justo de los musulmanes hacia las minorías no-musulmanas. Él comentó:

“Los musulmanes en las ciudades de la España islámica trataron a los no-musulmanes de la mejor forma posible. A cambio, los no-musulmanes mostraron respeto por las sensibilidades de los musulmanes, circuncidaron a sus propios hijos y se abstuvieron de comer cerdo”.[8]

Notas de pie:
[1] Al-Qarafi, Al-Furuq, vol 3, p. 15.
[2] Abu Ubayd, Al-Amwaal, p. 613.
[3] Ibn Hamdun, At-Tadkira al-Hamduniyya, vol. 2, p. 95. Siba’i, Mustafa, Min Rawai Hadaratina, p. 134.
[4] Ibn Kazir, Al-Bidaya wal-Nihaya, vol 2, p. 310.
[5] Abu Yusuf, Kitab al-Jaray, p. 86.
[6] Sahih Al-Bujari.
[7] Qaradawi, Yusuf, Al-Aqaliyyat ad-Diniyya wa-Hal al-Islami, p. 58-59.
[8] Citado por Siba’i, Mustafa, Min Rawai Hadaratina, p. 147.


tomado de: camino al Islam

sábado, 29 de diciembre de 2012

Consejo de Ibn Abi Haatim Sobre Cinco Asuntos



Ibn Abi Haatim dijo:

Os aconsejo con cinco asuntos:

Cuando seais tratados injustamente, no os comportéis injustamente;
Cuando os alaben, no os alegréis;
Cuando seáis criticados, no os disgusteis;
Cuando no os crean, no os enfurezcáis;
Y si la gente actúa engañosamente (doblemente) con vosotros, no actúes doblemente con ellos."

Ibn Abi Haatim dijo: "Luego, yo tomé eso como mi beneficio de Damasco."

Relatado por Ibn al Jawzi en Sifatus-safwah(2/200)



Empieza por tí mismo



Un hombre fue a Ibn 'Abbas (radia Allahu anhu) y le dijo: "Oh Ibn 'Abbas , quiero ordenar a la gente a hacer el bien y prohibirles hacer el mal". Ibn 'Abbas dijo, "¿ y has llegado tú a ese nivel?" , Él dijo:

"Espero que esto sea asi". Él dijo , Si no temes estar expuesto a tres de los versos del libro de Allah, entonces hazlo. El hombre pregunto, y ¿Cuáles son ellos? Él mencionó este verso:

"¿Acaso ordenáis la piedad a los hombres y os olvidáis de practicarla vosotros mismos, siendo que leéis el Libro [la Torá]? ¿Es que no razonáis?". (baqara 2:44).

Y luego preguntó, ¿Te has aplicado estos versos? El dijo: "No".

Ibn 'Abbas entonces mencionó el segundo verso:

"¡Oh, creyentes! ¿Por qué decís lo que no hacéis? Es muy aborrecible para Allah que digáis lo que no hacéis. " (As-Saff 61:2-3).

Después de esto él dijo, ¿Te has aplicado las implicaciones de este verso? Él contestó: No.

Entonces él menciono el tercer verso con respecto a Shu’aib alayhi salaam:

"No creáis que os impondría algo que yo mismo no cumpliría".(Hud 11:88).

Y luego le pregunto, ¿Te has aplicado las implicaciones de este verso? Él dijo: No, 

Ibn 'Abbas dijo: entonces "empieza contigo mismo."


Fuente: Transcrito de: Gems and jewels. Completado por : Abdul Malik Mujahid | Darussalam.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

¿Cómo tratan los musulmanes a los ancianos?


En el mundo islámico, uno raramente encuentra asilos o instituciones destinadas al cuidado de los ancianos. El esfuerzo de cuidar a los padres en esta dificilísima etapa de su vida es considerado un honor, una bendición y una oportunidad de crecimiento espiritual muy grande. En el Islam, no es suficiente que tan solo oremos por nuestros padres, sino que debemos tratarlos con una ilimitada compasión, recordando que cuando éramos unos niños desvalidos ellos nos prefirieron a si mismos. Las madres son particularmente honradas. Cuando los padres musulmanes alcanzan la senilidad, son tratados con misericordia, gentileza y desprendimiento.

En el Islam, el servir a los padres es una obligación que viene después de la oración, y es derecho de los mismos el esperarla de los hijos. Es considerado despreciable el expresar cualquier forma de irritación cuando, sin que sea falta de ellos mismos, los ancianos se ponen difíciles.

Dios dice:

Tu Señor ha ordenado que no adoréis sino a Él y que seáis benévolos con vuestros padres. Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez, no seáis insolentes con ellos y ni siquiera les digáis: ¡Uf! Y háblales con dulzura y respeto. Trátales con humildad y clemencia, y ruega: ¡Oh, Señor mío! Ten misericordia de ellos como ellos la tuvieron conmigo cuando me educaron siendo pequeño."  (Corán, 17:23-24)


lunes, 24 de diciembre de 2012

La ética y la moral en el Islam


El Islam es un modo de vida integral, y la moralidad es una de sus piedras angulares. La moralidad es una de las fuentes de la fuerza de una nación, así como la inmoralidad es también una de las causas fundamentales de su decadencia. El Islam ha establecido algunos derechos fundamentales y universales para la humanidad como un todo, que deben ser observados en todas las circunstancias. Para preservar estos derechos, el Islam no sólo nos ha proveído resguardos legales, sino también un efectivo sistema moral. Así, lo que sea que conduzca al bienestar de los individuos de una sociedad y no se oponga a los fundamentos de la religión es moralmente bueno en el Islam, y lo que fuera que la perjudique es moralmente malo.

Dada su importancia en una sociedad saludable, el Islam apoya la moralidad en cada asunto que conduzca a su desarrollo, y cierra los caminos a la corrupción y a todo aquello que conduzca a ella. Los principios básicos para el comportamiento del musulmán son los “actos virtuosos”. Este término cubre toda clase de actos, no solamente actos de culto. El Guardián y Juez de todas las obras es Dios mismo.

Las características fundamentales que el musulmán debe cultivar son la piedad y la humildad. El musulmán debe ser humilde ante Dios y hacia su prójimo:

“No vuelvas tu rostro a la gente [con desprecio] y no andes por la Tierra con arrogancia. Ciertamente Allah no ama a quien es presumido y engreído. Sé modesto en tu andar y no levantes tu voz, que ciertamente la voz más desagradable es la del asno”. (Corán 31:18-19)

Los musulmanes deben controlar sus pasiones y deseos

El musulmán no debe ser vano ni aferrarse a los placeres efímeros de este mundo. Mientras la mayoría de la gente permite que el mundo material llene sus corazones, el musulmán debe mantener a Dios en su corazón y al mundo material en sus manos. En lugar de sentirse apegado a su automóvil, a su trabajo, a un diploma o una cuenta bancaria, el musulmán debe considerar todas estas cosas como simples herramientas para hacer algo que nos convierta en mejores personas.

“Ese día, de nada servirá la riqueza ni los hijos, y sólo estará a salvo quien enfrente a Dios con un corazón sano”. (Corán 26:88-89)

Principios de la moralidad en el Islam

Dios resumió la rectitud en el verso 177 del capítulo Al Baqarah:

“La piedad no consiste en orientarse hacia el oriente o el occidente, sino que consiste en creer en Allah, el Día del Juicio, los ángeles, el Libro, los Profetas, hacer caridad, a pesar del apego que se tiene por los bienes, a los parientes, huérfanos, pobres, viajeros insolventes, mendigos y cautivos, hacer la oración prescrita, pagar el Zakat, cumplir con los compromisos contraídos, ser paciente en la pobreza, la desgracia y en el momento del enfrentamiento con el enemigo. Ésos son los justos, y ésos son los temerosos de Dios”.

Este verso nos enseña que la rectitud y la piedad están basadas ante todo en una fe sincera. La llave de la virtud y la buena conducta es una fuerte relación con Dios, Quien todo lo ve, en todo tiempo y en todo lugar. Él conoce los secretos de los corazones y las intenciones detrás de las acciones. Por lo tanto, el musulmán debe tener un comportamiento moral en todas las circunstancias; Dios está Consciente de cada ser vivo, cuando nadie más lo está. Si engañamos a alguien, nunca podremos engañarlo a Él. Podemos huir de alguien, pero jamás podremos huir de Él. El estar continuamente  consciente del amor de Dios y del Día del Juicio le permite al ser humano tener una conducta moral e intenciones sinceras, con devoción y dedicación:

“Ciertamente, el más honrado ante Dios entre ustedes es el más piadoso”. (Corán, 49:13)

Luego vienen los actos de caridad hacia el prójimo, especialmente dando con amor. Esto, como los actos de culto, las oraciones y  el Zakat (caridad obligatoria) dado a los pobres, son parte integral del culto religioso. Una persona recta debe ser confiable.

Finalmente, su fe debe fortalecerse y sobrevivir a las adversidades sin debilitarse. La moralidad debe ser fuerte para vencer la corrupción:

“Dios ama a aquellos que son firmes y determinados”.

La paciencia es a menudo dificultosa, y más noble cuando es contra nuestros propios deseos, caprichos o ira:

“Y apresuraos a alcanzar el perdón de vuestro Señor y un Paraíso tan grande como los cielos y la Tierra, reservado para los piadosos”. (Corán 3:133)

Estos tres actos están entre las cosas más difíciles para la mayoría de la gente, pero son también la llave para alcanzar el perdón y el Paraíso. ¿Acaso no serán los mejores aquellos que son capaces de dar caridad cuando ellos mismos están necesitados, son capaces de controlarse cuando están furiosos, y de perdonar cuando han sido tratados injustamente?

Esta es la regla por la cual las acciones son juzgadas como buenas o malas. Al hacer que el objetivo del musulmán sea complacer a Dios, el Islam establece el más alto estándar de moralidad humano.

La moralidad en el Islam está dirigida a cada aspecto de la vida del musulmán, desde el simple saludo hasta las relaciones internacionales. Es universal y muy amplio en alcance y aplicabilidad. La moralidad prevalece ante los deseos egoístas, la vanidad y los malos hábitos. Los musulmanes no solamente deben ser virtuosos, sino que deben encomendar la virtud a otros. No sólo deben abstenerse de la maldad y el vicio, sino también impedirlos y prohibirlos. En otras palabras, no sólo deben ser moralmente saludables, sino que también deben contribuir activamente a la salud moral de la sociedad en su conjunto.

“Sois la mejor nación que haya surgido de la humanidad: Ordenáis el bien, prohibís el mal y creéis en Allah. Si la Gente del Libro creyera, sería mejor para ellos; algunos son creyentes pero la mayoría desviados”. (Corán 3:110)

El Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) resumió la conducta del musulmán cuando dijo:

“Mi Sustentador me ha dado nueve premisas: permanecer consciente de Él, ya sea en privado o en público; hablar con justicia, ya sea a gusto o a disgusto; mostrar moderación tanto en la riqueza como en la pobreza; restablecer la amistad con aquellos que se apartan de mí; darle a quien me rechaza; que mi silencio esté ocupado por el pensamiento; que mi mirada sea una inhibición de la mala conducta, y que ordene lo que es bueno y correcto”.


miércoles, 19 de diciembre de 2012

¿Quienes son los musulmanes?




En el más amplio sentido de la palabra, todo aquel que se somete a la voluntad de Al-lah por deseo propio es un musulmán. Por lo tanto, todos los profetas que precedieron al Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, son considerados como musulmanes.


El Islam no debería ser juzgado en base a ciertos individuos que tienen un nombre musulmán, pero cuyas acciones y comportamiento no son los de un musulmán. Los musulmanes son gente común y corriente igual a los demás; los hay buenos y los hay malos. No son criaturas perfectas y, por lo tanto, también cometen errores.
Al enumerar los rasgos de los musulmanes no debemos asumir que todos los musulmanes poseen estas características, sino solamente aquellos que siguen las enseñanzas del Islam lo mejor que pueden.
Las características propias de los musulmanes, de acuerdo a las enseñanzas del Islam, se pueden definir de la siguiente manera:
- El musulmán es sincero, no deshonesto.
- Es humilde, no arrogante.
- Elige términos medios, no los extremos.
- Es honesto, no corrupto.
- Es reservado, no locuaz.
- Habla con sutileza, sin alardear.
- Quiere y ayuda a los demás, se preocupa por ellos.
- Es considerado y compasivo, no es duro de corazón.
- Es cortés y siempre dispuesto a dar una mano, no insulta ni le falta al respeto a nadie.
- Es generoso y caritativo, no es egoísta ni tacaño.
- Es refinado y gentil al hablar, evita decir malas palabras y maldecir.
- Es alegre y generoso, no es un amargado ni un rencoroso.
- Está agradecido por lo que posee, no es un ingrato.
- Es alegre y una buena compañía, no es irritante ni de personalidad sombría.
- Es casto y puro, no un lujurioso.
- Siempre está alerta y no se pierde en sus pensamientos.
- Tiene dignidad y es decente y afable.
- Es sincero y directo, no un hipócrita.
- Es optimista y cobija la esperanza, no es un cínico ni un pesimista.
- Es seguro de sí mismo y su fe es sólida, no duda ni flaquea.
- Se enfoca en lo espiritual y no en lo material.
- Siempre tiene fe en la compasión de Al-lah, no se deprime ni se desespera.
- Es diligente y cumplido, no es negligente en sus asuntos.
- Es agradecido para con Al-lah y Le reza constantemente, sin olvidar nunca Sus innumerables bendiciones.
La personalidad del musulmán es equilibrada: da la atención necesaria a sus necesidades fisiológicas y a su apariencia, sin permitir que esto le impida nutrir sus valores internos; tal y como es propio del hombre, a quien le fue otorgado un lugar de honor por Al-lah cuando Hizo que Sus ángeles se postraran ante Adán, y cuando Decidió subyugar todo lo que hay en los cielos y la tierra ante el ser humano. El musulmán también se preocupa por todo aquello que le permita alcanzar un buen desarrollo intelectual y manera de pensar, de tal forma que pueda llegar a comprender la naturaleza y esencia de lo que lo rodea. Nunca olvida que los hombres no se componen solamente de un cuerpo y una mente, sino que también poseen alma y espíritu, y esto, a su vez, despierta en él el deseo de alcanzar metas superiores que le permitan sobrepasar la vida material y trascender a un nivel de bondad, virtud y luz. Por esta razón, el musulmán presta atención a su desarrollo espiritual del mismo modo que presta atención a su desarrollo físico e intelectual, guardando así un equilibrio perfecto y sin concentrar su atención en un solo aspecto mientras descuida los demás.
Con respecto a sus padres, el musulmán es un ejemplo de amor filial sincero, de buen trato, de compasión infinita, de cortesía y de profunda gratitud.
Y con su esposa es un ejemplo de trato bueno, amable e inteligente, de entendimiento profundo y de cumplimiento adecuado de sus responsabilidades y deberes.
El musulmán es también un padre que está consciente de la gran responsabilidad que tiene para con sus hijos. Aunque los llena de amor y compasión, al mismo tiempo presta mucha atención a las cosas que podrían afectar su educación como musulmanes.
El musulmán tiene cuidado en preservar los lazos de parentesco y está consciente de sus deberes para con sus familiares. Sabe muy bien que los familiares gozan de un estatus muy alto dentro del Islam y, por lo tanto, permanece siempre en contacto con ellos sin importar las circunstancias.
En cuanto a sus vecinos, el verdadero musulmán es un ejemplo de buen trato y de consideración hacia los sentimientos y sensibilidades de los demás. Tolerará el maltrato y fingirá no notar las faltas de sus vecinos, mientras evita, al mismo tiempo, cometer esos errores él mismo. Siempre adopta una actitud islámica, según la cual tratar a los vecinos bien constituye un principio básico del Islam. Su relación con sus hermanos y amigos es de la naturaleza más pura que puede haber, ya que se basa en el amor común por la causa de Al-lah. Este amor inmaculado, sincero y fraternal deriva su pureza de la guía proporcionada por el Corán y la Sunnah (tradiciones y acciones aprobadas del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam), la cual ha pasado a convertirse en un sistema único en las historia de las relaciones entre los seres humanos.
En cuanto a su relación con el resto de la sociedad, el musulmán muestra buenos modales y un comportamiento civilizado y noble, caracterizado por las actitudes que son alentadas dentro del Islam. El Corán y la Sunnah enseñan un buen comportamiento, a tal grado que éste es un deber dentro del Islam y, por lo tanto tendremos que rendir cuentas de ello.
Esta es la imagen clara y hermosa del musulmán cuya personalidad ha sido moldeada por el Islam, y cuyo corazón, mente y alma reflejan la luz divina de esta fe.
El avance de la sociedad no se mide solamente en términos de sus logros científicos e inventos. Hay otros estándares mucho más importantes para medir a la sociedad. Estos estándares consisten en el predominio de valores humanos tales como el amor, la empatía, el altruismo y el sacrificio; así como en pensar, portarnos e interactuar con nuestros semejantes de manera honrada y pura.
Si el individuo constituye la base de la sociedad, entonces una sociedad con la orientación correcta pondrá atención al desarrollo humano y fomentará los aspectos positivos y constructivos; mientras busca, al mismo tiempo, eliminar los elementos negativos y destructivos, de tal manera que cada individuo llegue a ser un ciudadano modelo. A su vez, grupos de ciudadanos modelos son los que conforman una sociedad limpia, civilizada, fuerte, saludable y recta.




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