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sábado, 6 de abril de 2013

La historia del Profeta Job

A lo largo de los 114 capítulos del Corán podemos encontrar información sobre diversos Profetas enviados por Dios a la humanidad. Esta información está presentada en diferentes formas. Desde unos pocos versículos, hasta la narración extensa respecto al Profeta Yusuf, que ocupa un capítulo completo.

Además, casi invariablemente, los Profetas llegaron cada uno a su pueblo en particular con el mismo mensaje. Ellos exhortaron a su gente a adorar solo a Dios, y no asociar a nada ni nadie con Él. Las historias de los Profetas hacen énfasis en esta doctrina básica del Islam de que Dios es Uno.

El Corán deja muy claro que los hijos y las riquezas son un adorno de esta vida y que se nos pondrá a prueba a través de nuestro amor por ellos (Corán 18:46). En las historias de los Profetas, vemos que Dios probó a varias naciones a través de la pérdida de la salud y de las riquezas, incluso con la pobreza extrema. Dios declara que el arrepentimiento y la paciencia son las claves para la vida eterna, por lo tanto, aceptar estas pruebas e incluso dar gracias a Dios por ellas, denota un nivel elevado de fe. La humanidad, sin embargo, está en una lucha constante por aceptar el mensaje de Dios. Muchas naciones fallaron.

La historia del Profeta Job es diferente. A través de su historia podemos ver la lucha de la humanidad a un nivel más personal. Dios no nos cuenta sobre los métodos con que Job predicó a su pueblo o cómo este rechazó sus advertencias y admoniciones. Dios no nos cuenta sobre la suerte que corrió el pueblo de Job. En lugar de ello, Él nos habla acerca de la paciencia de Job. Dios Todopoderoso alaba a Job diciendo:

“Job fue paciente [ante todas las adversidades]. ¡Qué excelente siervo; volvía a Dios en todos sus asuntos y se arrepentía con sinceridad!” (Corán 38:44)

Los cristianos a menudo se refieren a la “paciencia de Job” y, curiosamente, también los musulmanes se refieren a la paciencia de Job y tratan de imitarlo de cara a la adversidad implacable. En el siglo X d.C. el renombrado erudito islámico Ibn Kazir reunió la poca información que ha sobrevivido sobre Job, de modo que lo que sigue a continuación es la historia de Job basada en el Corán, las tradiciones auténticas del Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, y la obra Historias de los Profetas, de Ibn Kazir.

Job era un descendiente de Noé (Corán 6:84). Amaba a Dios, lo adoraba solo a Él, era paciente, firme y pedía perdón a Dios a menudo. Satanás escuchó a un grupo de ángeles decir que Job era el mejor hombre de su generación, y el corazón oscuro de Satanás se llenó de celos y rabia en silencio. Su plan fue tentar a Job para alejarlo del bien y hacerlo caer en la incredulidad y la corrupción. Satanás intentó distraer a Job de sus oraciones, pero él se mantuvo firme, rezando con compromiso y concentración.

Esto provocó la ira de Satanás, quien se quejó ante Dios diciéndole que Job era un adorador devoto solo porque Él lo había bendecido con riqueza y posesiones. Dios le permitió a Satanás destruir las posesiones de Job, pero él se mantuvo fiel a su creencia y reconoció que Dios es capaz de dar o quitar la riqueza y las posesiones según Su parecer. Satanás se sintió más frustrado y regresó ante Dios diciéndole que Job solo ocultaba su decepción debido a su gran familia feliz. Satanás y sus ayudantes destruyeron la casa de Job, el edificio se vino abajo matando a todos sus hijos.

Una vez más, Job se volvió hacia Dios buscando consuelo y aceptando esta dura prueba sin quejarse. Satanás se disfrazó y se acercó a Job con la forma de un anciano. El anciano fingió compadecerse de Job y le sugirió que Dios no lo había recompensado por su devoción y sus oraciones, pero Job respondió que Dios “a veces da y a veces quita” y que él estaba complacido con su Creador. La cólera silenciosa pero ardiente de Satanás creció. Volvió ante Dios diciéndole que Job estaba en forma y saludable, y que por ello tenía la esperanza de recuperar su fortuna y tener más hijos. Satanás pidió permiso de destruir la salud de Job. Dios le concedió a Satanás su tercera petición, pero no le permitió tener influencia alguna sobre el alma, el corazón ni el intelecto de Job.

Satanás y sus colaboradores comenzaron a dañar el cuerpo de Job por voluntad de Allah. Lo redujeron a mera piel sobre huesos y lo hicieron sufrir dolores fuertes. Job también fue afectado por una enfermedad que hacía que la gente se alejara de él con repugnancia, y sus amigos y parientes comenzaron a abandonarlo. Solo su esposa permaneció con él. Ella se preocupaba por él y lo cubrió de bondad aun cuando se quedó sin dinero y tuvo que trabajar como sirvienta para llevar un poco de comida cada día para los dos.

A lo largo de esta experiencia terrible, Job mantuvo su devoción hacia Dios. Sus labios y lengua siempre recordaban a Dios y él nunca se desesperó ni se quejó. Al contrario, siguió agradeciendo a Dios incluso por esta gran calamidad que le había ocurrido. Satanás sentía el peso de su fracaso, no sabía cómo seducir a Job para alejarlo de su devoción hacia Dios, así que decidió acosar a su esposa. Se le apareció en la forma de un hombre y le recordó los viejos tiempos y lo fácil que había sido su vida anterior. La esposa de Job se echó a llorar y enfrentó a Job diciéndole: “Pídele a tu Señor que quite este sufrimiento de nosotros”.

Job se entristeció y le recordó a su esposa que Dios los había bendecido con riqueza, hijos y salud durante 80 años, y que este sufrimiento había estado sobre ellos por un período relativamente corto de tiempo. Declaró que se sentía avergonzado de pedirle a Dios que les quitara las dificultades y amonestó a su esposa diciéndole que si alguna vez recuperaba la salud, le daría 100 golpes. La esposa amorosa de Job quedó devastada, dio la vuelta y buscó refugio en otra parte. Job se sintió indefenso y se volvió hacia Dios, no para quejarse sino para rogar por misericordia.

“[El Profeta] Job invocó a su Señor: [¡Oh, Dios! Tú bien sabes que] He sido probado con las enfermedades, pero Tú eres el más Misericordioso. Respondí su invocación y lo curé de sus enfermedades, y le di nueva descendencia, multiplicándola como misericordia de Mi parte y como recuerdo para los adoradores devotos”. (Corán 21:83-84)

Dios le devolvió casi de inmediato la salud a Job. La esposa de Job no soportaba estar mucho tiempo separada de su esposo amado, así que regresó y se sorprendió al ver su recuperación. Lloró agradeciendo a Dios, y al oír sus palabras, Job se preocupó. En su ira, él había jurado golpear a su esposa, pero no tenía deseos de hacerle daño porque la quería mucho. Dios quiso tranquilizar el corazón de su siervo devoto y paciente, así que le aconsejó: “Toma en tu mano un manojo de hierbas y golpea [simbólicamente] con él a tu esposa, para que no perjures” (Corán 38:44).

Por las tradiciones del Profeta Muhammad sabemos que Dios también restauró la riqueza de Job. Se dice que un día, mientras tomaba un baño, Dios lo cubrió con saltamontes de oro[1]. Dios recompensó la paciencia de Job en abundancia. Su salud fue restablecida, su familia regresó con él y se multiplicó, y una vez más se convirtió en un hombre rico.

Dios nos dice que la historia de Job es un recordatorio para todos aquellos que Lo adoran (Corán 21:84). Cuando uno realmente adora a Dios con total sumisión, es necesario tener paciencia. Rezar toda la noche requiere paciencia, ayunar requiere paciencia, vivir con problemas y pruebas requiere paciencia. La vida de este mundo es una prueba, y a fin de pasarla y ser recompensados con el Paraíso, debemos adquirir la paciencia de Job.


Texto tomado de: www.islamreligion.com

jueves, 21 de marzo de 2013

La historia de José (parte 7 de 7): Paciencia recompensada

La copa de oro fue hallada entre las pertenencias de Benjamín, y sus hermanos quedaron estupefactos. Rápidamente se dieron cuenta que el Primer Ministro (José) seguiría las leyes de ellos y mantendría a Benjamín como esclavo. Esto les molestó mucho. Tenían miedo de regresar con su padre sin su amado hijo menor. Uno de los hermanos se ofreció a aceptar el castigo en reemplazo de Benjamín, pero su oferta fue rechazada. Otro hermano, probablemente el mayor, decidió quedarse en Egipto mientras los otros regresaban a su tierra a darle la cara a su padre Jacob. Cuando los hermanos llegaron a casa, fueron de inmediato ante su padre y dijeron:

“¡Oh, padre! En realidad tu hijo ha robado, y sólo atestiguamos lo que sabemos, y no tenemos acceso a lo oculto [para saber si realmente lo hizo o no]. Y pregunta en la ciudad donde estuvimos y a la caravana con la cual vinimos, pues nosotros decimos la verdad”. (Corán 12:81-82)

El Profeta Jacob ya había escuchado esto antes. Cuando los hermanos traicionaron a José y lo lanzaron al pozo, fueron a su padre suplicando y llorando, sin embargo sus palabras no eran más que mentiras. Esta vez, Jacob se negó a creerles. Se apartó de ellos diciendo: “Vosotros sois quienes sugeristeis hacer todo esto. Tendré paciencia; es posible que Allah me los devuelva todos” (Corán 12:83). Jacob había pasado años de duelo por José y confiando en Dios. Cuando esta nueva tristeza lo abrumó, su primera reacción fue ser paciente. Él sabía, sin ápice de duda, que los asuntos de sus amados hijos menores eran controlados por Dios.

A pesar de que confió completamente en Dios, Jacob se comportó como cualquier padre en las mismas circunstancias. Fue vencido por el dolor y lloró inconsolable. Recordó a José y lloró hasta que enfermó, y debido a su enfermedad perdió la vista. Los hermanos estaban preocupados por su dolor y tristeza, y cuestionaron su constante dolor. Le preguntaron: “¿Llorarás hasta el día de tu muerte?” Jacob respondió que sólo se quejaba de su dolor y sufrimiento a Dios y que sabía, por Dios, cosas que ellos no. (Corán 12:86)

Aunque han pasado muchos años, Jacob no olvidó a su hijo José. Jacob reflexionó sobre el sueño de José y entendió que el plan de Dios llegaría a buen término. Jacob estaba profundamente herido por la pérdida de sus hijos, pero su fe en Dios lo sostuvo, y les ordenó a sus hijos que regresaran a Egipto en búsqueda de José y Benjamín.
José se revela

Una vez más, los hermanos emprendieron el largo viaje a Egipto. El hambre se había cobrado su precio en los alrededores y la gente estaba pobre y enferma. Cuando los hermanos se presentaron ante José, se encontraban también entre los pobres. Su nivel de debilidad los obligó a pedir limosna. Dijeron:

“¡Oh, administrador! Hemos sido alcanzados por la desgracia [de la sequía], nosotros y nuestra familia, y trajimos una mercadería de escaso valor, danos la justa medida y sé caritativo con nosotros; ciertamente Allah recompensa a los generosos”. (Corán 12:88)

José no podía soportar ver a su familia en esa situación, a pesar que esos eran los hombres que lo habían traicionado. Miró a sus familiares y no pudo mantener más su secreto, les dijo:

“¿Acaso no sabéis lo que hicisteis con José y su hermano, inducidos por la ignorancia [cuando erais jóvenes]?” (Corán 12:89)

Los hermanos reconocieron de inmediato a José, no por su aspecto, pues lo habían visto muchas veces antes, sino porque, ¿quién más podía conocer la verdadera historia de José, sino José mismo?

 “Yo soy José y éste [Benjamín], es mi hermano [de padre y madre], y Allah nos agració a los dos [con la fe]. Quienes teman [Su castigo] y sean pacientes [ante las adversidades] sepan que Allah no dejará de recompensar a los benefactores”. (Corán 12:90)

Los hermanos tenían miedo, sus acciones pasadas eran pecados graves, y ahora estaban en una posición de vulnerabilidad. Ellos quedaron aterrados frente al Primer Ministro de Egipto, que ya no era ese pequeño y hermoso joven llamado José. A través de sus retos y tribulaciones, José, al igual que su padre, halló consuelo en la sumisión al Único Dios. Entendió la paciencia, y las cualidades de la misericordia y la piedad están embebidas en la verdadera paciencia. Miró a sus hermanos que temblaban de miedo y dijo: “No seréis censurados en nada hoy; Allah os perdonará, y Él es el más Misericordioso”. (Corán 12:92)

De inmediato, José hizo planes para reunir a su familia. Les pidió a los hermanos que regresaran con su padre y le lanzaran a la cara una vieja camisa suya. Esto, dijo, le curaría la ceguera. Al instante, a pesar de que el anciano estaba tan lejos, volvió su rostro hacia el cielo y olió, creyendo que podía oler a José en el aire. Este es uno de los milagros, hecho posible por Dios, del Profeta José. Cuando los hermanos llegaron, le lanzaron la camisa a la cara y él recuperó la vista. Gritó: “¿No os dije que sabía de Allah lo que vosotros ignoráis?” (Corán 12: 96)

La familia del Profeta Jacob reunió sus pertenencias y viajaron todos hacia Egipto. Jacob estaba dispuesto a reunirse con sus hijos. Fueron directamente ante José y lo hallaron sentado en un trono elevado. José le habló a su familia diciendo: “Entren en Egipto en plena seguridad, si Dios quiere”.

El inicio del capítulo 12 del Corán, José, comienza con el joven muchacho José describiendo su sueño a su amado padre Jacob. Dijo: “Por cierto que vi [en sueños] once astros, también al Sol y la Luna, que se prosternaban ante mí” (Corán 12:4). El Corán termina la historia de José de la misma forma que comenzó, con la interpretación del sueño. Los once astros eran sus hermanos, el sol su padre y la luna su madre.

“Y cuando se presentaron [todos] ante José, estrechó a sus padres y dijo: Ingresad en Egipto [donde estaréis] seguros, si Allah quiere. Hizo sentar a sus padres en el trono y todos [tanto sus padres como sus hermanos] hicieron una reverencia ante él, quien dijo: ¡Oh, padre mío! Esta es la interpretación del sueño que tuve antes [cuando era niño]; por cierto que mi Señor hizo que se cumpliera, y me agració haciéndome salir de la cárcel, y también al traeros ante mí del desierto, después de que Satanás había sembrado la discordia entre mis hermanos y yo. Ciertamente mi Señor es Sutil con quien quiere [agraciándolo], y Él es Omnisciente, Sabio”. (Corán 12:98-100)

La esencia de la historia de José es la paciencia ante la adversidad y el dolor. José enfrentó cada reto con paciencia y con completa confianza en Dios. Su padre, Jacob, soportó su dolor y sufrimiento con paciencia y sumisión. Todos los capítulos del Corán fueron revelados en momentos particulares, en respuesta a situaciones particulares. Este capítulo fue revelado al Profeta Muhammad en un momento de gran dolor. De hecho, el año de esta revelación es conocido como “el año de la tristeza”. El Profeta Muhammad tuvo que soportar la muerte de su amada esposa Jadiya primero y luego la de su tío Abu Talib. Ambos le proporcionaron comodidad y apoyo. Dios le estaba advirtiendo al Profeta Muhammad que el camino sería largo y difícil, pero que la victoria final le pertenece a aquellos con consciencia de Dios y con paciencia. La historia de José es una lección para todos nosotros. La verdadera paciencia, que los eruditos del Islam llaman, parafraseando al Corán, “Sabrun Yamilun”, Paciencia Hermosa, es una llave de la puerta del Paraíso.





Text tomado de: Islamreligion

La historia de José (parte 6 de 7): La importancia de los sueños


El Profeta Muhammad dijo: “Cada Profeta fue enviado exclusivamente a su nación, pero yo he sido enviado a toda la humanidad”[1]. Dios envió a José, hijo de Jacob, para el pueblo de Egipto, y lo apoyó con habilidades que eran tan evidentes, que se hizo claro para la gente que José había sido enviado para guiar. En la época de José, los sueños y su interpretación eran muy importantes, y esto queda claro a lo largo de la historia de José. El Profeta Jacob (padre de José), los compañeros de prisión y el rey de Egipto tuvieron sueños todos ellos.

Cuando el rey escuchó la interpretación de su sueño, quedó atónito y liberó a José. Sin embargo, José se rehusó a abandonar la prisión sin que primero se limpiara su nombre y se aclarara cualquier malentendido. Él quería que su amo, Al Aziz, estuviera completamente seguro de que él (José) no había traicionado su confianza. José exigió respetuosamente que el rey investigara el asunto de las mujeres que se habían cortado las manos. El rey sintió curiosidad y llamó a la esposa de Al Aziz y a sus camaradas.

 “[Las mujeres fueron reunidas ante el rey y] les dijo: ¿Qué sucedió cuando pretendisteis seducir a José [acaso él se comportó incorrectamente]? Dijeron: ¡Que Dios nos proteja! No sabemos nada malo de él. Entonces la mujer del administrador exclamó: Ahora se aclaró la verdad. Yo soy la que pretendió seducirlo, y ciertamente él dice la verdad”. (Corán 12:51)

Una vez se estableció su inocencia, José se presentó ante el rey. Después de escuchar las palabras de José, el rey quedó aún más impresionado y le confió una posición de alto rango. José dijo: “Nombradme administrador de los almacenes [de semillas] del país, que yo en verdad soy un guardián conocedor” (Corán 12:55). En la religión del Islam, no es permisible para uno pedir una posición de autoridad ni referirse a sí mismo de manera jactanciosa. Sin embargo, cuando José le pidió al rey que lo pusiera a cargo de los depósitos, hizo ambas cosas.

Los eruditos del Islam explican que cuando eres una persona idónea para una posición, entonces es permisible que la solicites, y si eres nuevo en una comunidad, te es permitido presentarte con todas tus credenciales. José conocía los retos que debería enfrentar Egipto, y sabía que era capaz de evitar el peligro inherente a una hambruna. Para José, no pedir esta posición habría sido irresponsable. El joven traicionado y arrojado a un pozo, ahora era establecido como Ministro de Finanzas de Egipto. Su paciencia y perseverancia, y sobre todo su total sumisión a la voluntad de Dios, resultaron en una gran recompensa. José sabía, sin embargo, que la mejor recompensa a la paciencia y la rectitud estaría en la otra vida.
José se reúne con sus hermanos

El tiempo pasó. Durante los siete años buenos, José hizo los preparativos para la época de hambruna que se avecinaba. La sequía y el hambre correctamente profetizados por José no afectaron sólo a Egipto, sino también a las tierras a su alrededor, incluyendo el lugar donde vivían Jacob y sus hijos. José manejó los asuntos de Egipto tan bien, que había grano suficiente para alimentar a la gente de Egipto y de aquellas áreas circundantes. A medida que la vida se hacía más difícil y la comida escaseaba, la gente comenzó a acudir a Egipto para comprar el grano que José estaba vendiendo a un precio justo.

Entre aquellos que buscaban provisiones estaban los diez hermanos mayores de José. Cuando fueron llevados ante la presencia de José, no lo reconocieron. José miró a sus hermanos y su corazón se llenó de anhelos de ver a su padre y a su hermano menor, Benjamín. Los saludó con respeto, les preguntó sobre la familia y el hogar, y les explicó que las raciones de grano serían distribuidas por cabeza, por lo tanto, si hubieran llevado al hermano menor con ellos, habrían recibido más raciones. José esperaba animarlos a llevar a Benjamín, de hecho, José fue más allá, al punto de decir que sin su hermano menor no recibirían provisión alguna.

“Y si no me lo traéis, no obtendréis más provisiones de mi parte, ni recibiréis mi hospitalidad”. (Corán 12:60)

Cuando volvieron donde su padre, el Profeta Jacob, le explicaron que no se les brindaría más grano hasta que viajaran con su hermano menor. Benjamín se había hecho muy cercano de su padre, especialmente después de la desaparición de José. Recordando su pérdida anterior, Jacob no quería separarse de su hijo. Una vez más, los hermanos prometieron proteger a su hermano menor, y de nuevo Jacob sintió que su corazón se encogía de miedo. Los hermanos encontraron entonces que el dinero que habían pagado por el grano, había regresado a ellos en secreto.

Jacob tenía completa confianza en Dios y les dio permiso de llevar a Benjamín sólo después que hicieron un juramento ante Dios de protegerlo. Aunque el Profeta Jacob era particularmente cercano a sus hijos José y Benjamín, amaba entrañablemente a todos sus hijos. Eran fuertes, capaces, y Jacob tenía miedo de que les pudiera ocurrir algún daño en su viaje a Egipto. Para minimizar los riesgos, les hizo prometer que entrarían a la ciudad por puertas distintas. Jacob les dijo:

“¡Oh, hijos míos! No entréis por una sola puerta, sino hacedlo por puertas diferentes [pues temo que os alcance el mal de ojo por envidia a vuestro hermoso aspecto], y sabed que no puedo hacer nada contra el designio de Allah, pues ciertamente Él es Quien decreta todos los asuntos. A Él me encomiendo, y que también lo hagan quiénes en Él confían”. (Corán 12:67)

Los hermanos regresaron a Egipto, entraron por diferentes puertas y fueron ante José por las provisiones prometidas. Durante esta reunión, José llevó a un lado a Benjamín y le reveló que era su hermano perdido hacía mucho tiempo. Los dos se abrazaron y sus corazones se llenaron de alegría. José, sin embargo, le pidió a Benjamín que mantuviera su reunión en secreto por el momento. Después de darle sus raciones de grano a los hermanos, José se las arregló para que una copa de oro fuera colocada en la bolsa de Benjamín, y luego, de acuerdo a lo que había dispuesto José, alguien gritó: “¡Oh, caravaneros! Ciertamente sois unos ladrones”. (Corán 12:70)

Los hermanos quedaron estupefactos puesto que no eran ladrones. Se les preguntó acerca del artículo robado y se asombraron al escuchar que era la copa de oro del rey. Quien la devolviera, se les dijo, sería recompensado con una carga de camello de grano. Los hermanos de José afirmaron no tener conocimiento de este robo. Aseguraron que no eran ladrones y que no habían ido a Egipto a hacer daño. Uno de los hombres de José preguntó: “¿Cuál es el castigo en su pueblo para el que roba?” Los hermanos respondieron que bajo la ley del Profeta Jacob, el que robaba era tomado como esclavo. José no quería que su hermano fuera castigado bajo las leyes de Egipto, sino que buscaba la oportunidad de mantener con él a su hermano mientras los otros regresaban a buscar a su padre Jacob. Las bolsas fueron revisadas y la copa de oro fue encontrada entre las posesiones de Benjamín.


Texto tomado de: Islamreligion

miércoles, 20 de marzo de 2013

La historia de José (parte 5 de 7): De la prisión al palacio


La historia de José es un ejemplo de paciencia ante la adversidad. A lo largo de su vida, hasta ese momento, José enfrentó pruebas y tribulaciones con plena confianza en Dios. Sin embargo, una vez más, estaba en una situación difícil en extremo. Fue forzado de nuevo a defenderse de las malas intenciones de la esposa de Al Aziz, esta vez frente a sus camaradas. José clamó a Dios por ayuda. Dijo:

“¡Oh, Señor mío! Prefiero la cárcel en vez de aquello a lo que me incitan; y si no apartas de mí sus maquinaciones podría ceder a ellas y me contaría entre los ignorantes”. (Corán 12:33)

José creía que ir a prisión era preferible a vivir en la casa de Al Aziz. El ambiente estaba lleno de lujuria y codicia, y de seducción y belleza ilegítimas, quizás de manera similar a muchas sociedades actuales. Él creía que la prisión sería mejor que sucumbir a la fitnah[1] que lo rodeaba. Dios respondió a la súplica de José y lo rescató.

“Y su Señor le respondió su súplica y apartó de él sus artimañas; ciertamente Él es Omnioyente, Omnisciente. Les pareció bien a ellos [al administrador y sus consejeros] luego de ver las pruebas [que indicaban su inocencia], encarcelarlo por un tiempo [hasta que la gente se olvidase del asunto]”. (Corán 12:34-35)

Aunque estaba convencido de la inocencia de José, Al Aziz, Primer Ministro de Egipto, puso a José en prisión. Él no podía ver otra forma de salvaguardar la reputación de su nombre y posición.
José en prisión

Encarcelados con José estaban dos hombres que reconocieron su piedad y rectitud. Ambos habían estado plagados por sueños vívidos, y ahora tenían la esperanza de que José fuera capaz de interpretarles sus sueños. Un hombre vio en un sueño que estaba produciendo vino, el otro vio en un sueño que los pájaros comían pan de su cabeza. José les dijo: “Voy a informarles el significado de estos sueños antes que su próxima comida les sea servida”.

“Antes de que os traigan la comida ya os habré dado su interpretación. Esto [la interpretación de los sueños] es lo que mi Señor me enseñó; por cierto que yo no sigo la religión de un pueblo que no cree en Allah ni en la otra vida. Y sigo la religión de mis padres, Abraham, Isaac y Jacob, y no asociamos ningún copartícipe a Allah. Esto es una gracia de Allah para nosotros y para todo aquel que siga la guía, pero la mayoría de los hombres no lo agradecen”. (Corán 12:37-38)

Nótese el comportamiento de José. Cuando le preguntan acerca de los sueños, de inmediato les recuerda que es Dios quien provee su sustento, así como su propio conocimiento de la interpretación de los sueños. José es muy cuidadoso en diferenciar entre lo que proviene de Dios y lo que viene de sí mismo. Él deja en claro su religión. No cree en la religión que es practicada en su entorno, sino que cree en la religión verdadera, que incluye la creencia en el Más Allá. José asegura que su familia, la familia de Abraham, mantiene el conocimiento de la Unidad y Unicidad de Dios, y que su religión y su familia no Le atribuyen copartícipes a Dios. Aunque el pueblo de Egipto sabía acerca de Dios, ellos decidieron adorar a otras deidades como asociados o intercesores.

Después de informarles a sus compañeros que los dioses falsos no tienen fundamento, y de explicarles la Omnipotencia de Dios, José interpreta los sueños. Dice que uno de ellos se convertirá en un colaborador estrecho del rey, y que el otro será crucificado y los pájaros comerán de su cabeza.

“¡Oh, mis dos compañeros de cárcel! Uno de vosotros escanciará el vino al rey; y en cuanto al otro, será crucificado y los pájaros comerán de su cabeza. Así sucederá [por designio divino] de acuerdo a la interpretación que me consultasteis”. (Corán 12:41)

José se acercó al compañero que estaba destinado a ser cercano al rey y le dijo: “Por favor, recuérdame ante tu rey”. Esperaba que el rey revisara su caso, viera su opresión y lo liberara. Sin embargo, los susurros y el subterfugio de Satanás lograron que el compañero olvidara mencionar a José y, en consecuencia, él siguió en prisión por algunos años más. Los eruditos del Islam sostienen dos opiniones diferentes respecto a la naturaleza de este olvido. Ibn Kazir dice que el compañero olvidó mencionar a José, mientras que otros eruditos se enfocan en la posibilidad de que José hubiera olvidado buscar la ayuda de Dios, y por ello el compañero olvidó mencionarlo. En cualquier caso, José permaneció en prisión y continuó confiando en Dios con paciencia y fortaleza.
El sueño del Rey

El rey soñó que estaba de pie a orillas del Nilo viendo siete vacas gordas que salían del río seguidas por siete vacas flacas. Las siete vacas flacas devoraron a las gordas. Después, el sueño cambió y vio siete espigas verdes de cereales creciendo a orillas del Nilo. Estas desaparecieron en el lodo y en su lugar crecieron siete espigas secas. El rey se despertó conmocionado y asustado, e hizo llamar a sus brujos, sacerdotes y ministros. Ellos no pudieron interpretar el sueño y llegaron a la conclusión unánime de que se había tratado de una pesadilla. El compañero de prisión de José se enteró del sueño y recordó a José. Con el permiso del rey, corrió a la prisión y pidió a José que interpretara el sueño.

“Dijo [José]: Sembraréis siete años como de costumbre, y lo que cosechéis dejadlo en las espigas [para conservarlo] excepto una parte, de la que comeréis. Luego de esto, se sucederán siete años de sequía en los que comeréis lo que hayáis acopiado para ellos, salvo una parte de lo que reservasteis [para volver a sembrar]. Luego vendrá un año en que la gente será agraciada con la lluvia, y en él prensarán [las uvas y las aceitunas]’”. (Corán 12:47-49)

El rey quedó atónito con esta interpretación, pues José no sólo le dio su significado sino que también le recomendó un curso de acción. El rey exigió que José fuera presentado ante él. Sin embargo, José se rehusó a dejar la prisión e insistió en que el mensajero volviera donde el rey y le preguntara: “pregúntale cuál era la intención de las mujeres que se cortaron las manos” (Corán 12:50). José no quería salir de prisión hasta que su inocencia no fuera establecida.





Texto tomado de: Islamreligion

La historia de José (parte 4 de 7): La belleza y una prueba


Aunque traicionado y vendido como esclavo, José, el hijo del Profeta Jacob, se instaló en una de las poderosas casas de Egipto. Su amo, Aziz, Primer Ministro de Egipto, se comprometió a tratar a José con amabilidad, y José, que estaba agradecido por la relativa seguridad, respondió que sería leal a su nuevo amo. Agradeció a Dios por mejorar su situación y ponerlo en un lugar desprovisto de maltrato y abuso. José pasó de la posición de hijo predilecto a las oscuras profundidades del pozo, de los grilletes de hierro a una posición de comodidad. La vida de José se retorcía y giraba, pero la casa de Al Aziz fue donde él pasó a la edad adulta.

Los eruditos del Islam han estimado que José tenía alrededor de 14 años cuando fue traicionado por sus hermanos. El Imam Ibn Kazir, uno de los más respetados eruditos del Corán, explicó en su trabajo Historias de los Profetas, que José fue muy probablemente el asistente personal de la esposa de Al Aziz. Ibn Kazir describe a José como obediente, educado y muy bien parecido. El Profeta Muhammad también describió a José y lo llamó “la encarnación de la mitad de toda la belleza”[1]. En tanto José crecía, Dios le otorgó sabiduría y buen juicio, y el Primer Ministro Al Aziz reconoció estas cualidades en su sirviente leal, y por ello lo puso a cargo de todos los asuntos domésticos. Todo el que lo conocía, incluyendo a la esposa de Al Aziz, reconocía la belleza, honestidad y nobleza de José. Ella vio crecer a José y convertirse en un hombre apuesto, y se sintió cada vez más atraída hacia él a medida que pasaban los días.
La prueba

“Y la señora de la casa en la cual estaba [la esposa del administrador] se sintió atraída por él, y cerrando las puertas exclamó: ¡Ven aquí!” (Corán 12:23)

La hermosa esposa de Al Aziz cerró las puertas e intentó seducir al esclavo José, pero él se resistió a sus insinuaciones y buscó refugio en Dios. Buscó la ayuda de Dios. José le dijo a ella que no traicionaría a su marido. Dijo José: “Él ha sido bueno conmigo y me ha tratado con respeto”. José sabía que aquellos que cometen actos malvados no tendrán éxito. La esposa de Al Aziz tenía un deseo maligno y trató de actuar en consecuencia, sin embargo José resistió la tentación e intentó escapar. El Profeta Muhammad nos dice que si uno tiene la intención de cometer un mal y lleva a cabo ese acto, Dios se lo registra como una mala acción. Sin embargo, si uno piensa en cometer el mal pero no lo lleva a cabo, Dios escribirá a favor de uno un acto bueno[2].

José quitó de su mente toda idea de acostarse con la esposa de su amo, buscó refugio en Dios e intentó escapar de esa situación complicada. Quizás José había estado resistiendo sus insinuaciones durante años. Una mujer rica y hermosa, de las esferas más altas de la sociedad egipcia no se rebajaría de inmediato a ese comportamiento. Su belleza, estatus y riqueza significarían que la mayoría de los hombres o muchachos sucumbirían con facilidad a sus deseos. José, sin embargo, no era un hombre ordinario, y cuando buscó afanosamente la ayuda de Dios, Él lo rescató.

“Y ella intentó seducirlo pero él se negó, y bien sabía que se trataba de una prueba de su Señor. Por cierto que lo preservamos del mal y la obscenidad, porque era uno de los siervos elegidos”. (Corán 12:24)

José es uno de los líderes de aquellos que estarán a la sombra de Dios en el Día del Juicio. El Profeta Muhammad explicó que el calor del Día del Juicio será feroz, y la gente se mezclará con miedo mientras esperan ser juzgados por Dios. Habrá, sin embargo, ciertas categorías de personas a la sombra de aquel calor brutal. Una de ellas es la de quienes resistieron las tentaciones de una mujer bella y deseable, buscando refugio en Dios[3].

La negativa de José sólo aumentó la pasión de ella. Él trató de huir y ambos corrieron hacia la puerta. La esposa de Al Aziz alcanzó a José por la camisa y se la arrancó de la espalda. En ese momento se abrió la puerta y su esposo entró. De inmediato, sin vacilar ni por un segundo, la esposa de Al Aziz intentó voltear la situación a su favor. Le lloró a su esposo y le dijo: “¿Acaso la pena para quien pretenda hacer un daño a tu familia no es sino que lo encarcelen, o que reciba un castigo doloroso?” Su acusación era una mentira evidente; sin embargo, la pronunció con facilidad y sugirió que José fuera puesto en prisión. José intentó defenderse y dijo: “Ella intentó seducirme” (Corán 12:25-26). Uno de los familiares de ellos apareció de repente y ofreció una manera de resolver este dilema. Dijo:

“Y entonces un miembro de la familia de ella planteó que si su camisa estaba rasgada por delante, ella habría dicho la verdad y él sería quien mintiese. Y si su camisa estaba rasgada por detrás, entonces ella mentía y él decía la verdad”. (Corán 12:26-27)

Si su camisa estaba desgarrada por la espalda, como en efecto estaba, significaba que él había tratado de escapar y que ella había corrido tras él, rompiendo la camisa por su espalda. La prueba era irrefutable. El Primer Ministro, aunque visiblemente molesto, estaba más preocupado por ocultar este asunto. No quería que su buen nombre y su posición fueran manchados por un escándalo. Pidió a José que guardara silencio sobre la situación y dijo a su esposa que pidiera perdón a Dios. Esto debería haber sido el fin de la cuestión, pero como es común en las sociedades más ricas, la gente tiene un montón de tiempo libre. Muchas horas son desperdiciadas en comidas y chismes sobre los asuntos de los amigos, vecinos y familiares.
Las mujeres

Las mujeres de la ciudad comenzaron a hablar acerca de la esposa de Al Aziz y de su enamoramiento de su esclavo José. Los rumores se extendían y las mujeres se preguntaban cómo ella podía desear a un esclavo y poner así su reputación en peligro. La esposa de Al Aziz ideó la forma de enseñarles a estas mujeres una lección y mostrarles qué tan hermoso y deseable era José. Las invitó a almorzar con ella, puso frente a ellas una hermosa mesa y les entregó cuchillos para cortar la comida. La habitación estaba probablemente llena de miradas tensas y silenciosas mientras las mujeres esperaban darle un vistazo a este esclavo, y además se consideraban a sí mismas mejores que la esposa de Al Aziz. Las mujeres comenzaron a comer, y en ese momento José entró a la habitación. Ellas levantaron sus miradas, vieron su belleza y olvidaron que tenían cuchillos en sus manos. Las mujeres estaban tan fascinadas por su figura que se cortaron los dedos. Describieron a José como un ángel noble. La esposa de Al Aziz, confiada y arrogante, dijo a sus invitadas:

“Éste es aquel por quien me censurabais, y ciertamente quise seducirlo y se resistió. Y si no hace lo que le ordeno, será encarcelado y humillado”. (Corán 12:32)

¿Qué iba a ser de José? Una vez más, con total humildad, él se volvió a Dios diciendo que era preferible ir a prisión que sucumbir a los deseos de la mujer. Por lo tanto, su Señor respondió a su invocación.


Texto tomado de: Islamreligion

La historia de José (parte 3 de 7): Vendido como esclavo


Extraviados por los susurros de Satanás y llenos de envidia y orgullo, los hermanos engañaron a su padre Jacob y traicionaron a su hermano menor. Arrojado a un pozo profundo por sus hermanos, José, el hijo amado del Profeta Jacob, se aferró toda la noche a una repisa y trató de poner su confianza en Dios. El tiempo pasó lentamente y el calor del sol de la mañana cayó pesadamente sobre la tierra quemada. Más tarde ese día, una caravana que iba hacia Egipto se acercó al pozo.

Cuando la caravana llegó, los viajeros se dedicaron a sus obligaciones, algunos amarraban los camellos, otros atendían los caballos, algunos desempacaban, otros preparaban la comida. El aguador fue hasta el pozo y lanzó su cubo, feliz de pensar en obtener agua fresca y clara. José se sorprendió cuando el cubo cayó hacia él, pero antes que alcanzara el agua, él lo tomó y se aferró a la cuerda. Sorprendido por el peso del cubo, el hombre se asomó por el borde del pozo. Quedó pasmado y emocionado cuando vio a un niño aferrado a la cuerda. El hombre llamó a sus compañeros para que le ayudaran a subir al niño del pozo y todos se asombraron de ver a este niño hermoso, no muy pequeño, que estaba frente a ellos.

Mirando al muchacho, el aguador no pudo ocultar su emoción y exclamó en voz alta: “¡Qué sorpresa! Hay un jovencito”  (Corán 12:19). El hombre estaba muy contento, y de inmediato decidió vender a José, sabiendo que con él haría mucho dinero en el mercado de esclavos. Tal como los hermanos habían previsto, el hombre de la caravana se llevó a José a Egipto esperando venderlo por un buen precio. El mercado de esclavos de Egipto estaba lleno de gente, algunos comprando, otros vendiendo y otros simplemente viendo las transacciones. El bello joven hallado en el pozo atrajo a muchos y su subasta no se hizo esperar. El precio subía más allá de las expectativas y José fue adquirido finalmente por Aziz, el Primer Ministro de Egipto.

Sin embargo, Dios nos dice en el Corán que lo vendieron por un bajo precio.  (12:20) Esto no parece tener sentido ya que los hombres de la caravana estaban llenos de júbilo por el precio que habían recibido. Dios describe el precio como bajo debido a que José en realidad valía mucho más de lo que nadie hubiera podido imaginar jamás. Los hombres no se dieron cuenta lo que este niño podría llegar a ser. Ellos creyeron que, aunque hermoso, José era insignificante. Nada podía estar más alejado de la verdad, si ellos hubieran cobrado su peso en oro, aún habría sido un precio bajo por el hombre que llegaría a ser José, el Profeta de Dios.
En la casa de Aziz

El Primer Ministro, Aziz, percibió de inmediato que este no era un joven común y corriente. Lo llevó a su casa, una de las grandes mansiones de Egipto, y le dijo a su esposa:

“Recíbelo honorablemente, tal vez nos sea de provecho [como un sirviente], o lo adoptemos como hijo. Así establecimos a José en la tierra [de Egipto] y le enseñamos la interpretación de los sueños”. (Corán 12:21)

Dios puso a José en la casa de la segunda persona más importante de Egipto. El Primer Ministro Aziz era más que sólo un primer ministro, también era el tesorero de Egipto. Dios estableció a José en la tierra para enseñarle sabiduría y entendimiento. La lucha y el esfuerzo requeridos por José para superar la separación de su padre y su familia, la dificultad de haber sido traicionado por sus hermanos mayores que se suponía lo protegían, la prueba en el pozo y la humillación de ser vendido como esclavo, fueron todas pruebas diseñadas para moldear el carácter de José. Esos fueron los primeros pasos en la escalera hacia la grandeza. Dios usó la traición de los hermanos de José para cumplir Su plan de establecer a José como Profeta.

Los hermanos de José creyeron que tenían el asunto bajo control cuando pusieron a su hermano en el pozo, pero en realidad el asunto estaba fuera de sus manos. Dios es Quien controla todos los asuntos. Dios fue decisivo en Su acción, y Su plan fue llevado a cabo a pesar de la traición, la envidia y el orgullo de los demás. José se encontró en el centro de la toma de decisiones de Egipto con un hombre que de alguna manera parecía estar consciente de las cualidades especiales de José. Aunque lejos de su padre y de su hermano Benjamín, José estaba bien cuidado y vivía rodeado de lujos. José creció y maduró en la casa de Aziz y Dios le concedió buen juicio y conocimiento.

“Y cuando alcanzó la madurez, le concedimos sabiduría y conocimiento [a través de la revelación]; así recompensamos a los benefactores”. (Corán 12:22)

Dios le concedió a José conocimiento y sabiduría. No sólo una, sino ambas cualidades. Le dio la habilidad de entender y la habilidad del buen juicio cuando aplicaba su conocimiento. Este no siempre es el caso. Hay mucha gente a través de la historia del mundo, incluso hoy día, que tiene conocimiento pero no tiene la habilidad o el juicio de aplicar ese conocimiento de manera efectiva.

Uno de los grandes eruditos del Islam, el Imam Abu Hanifa, celebraba con frecuencia grandes círculos de aprendizaje en los que presentaba un tema de debate. El tema era discutido y las opiniones dadas, luego el Imam Abu Hanifa daba un veredicto final. Esta forma de enseñanza fue única en aquel tiempo. Había entre estos círculos de aprendizaje un erudito de las narraciones del Profeta Muhammad (hadices), él recitó uno que el Imam Abu Hanifa nunca había escuchado antes. En ese preciso momento, una mujer se acercó al círculo e hizo una pregunta. El erudito le respondió que no conocía la respuesta, pero que el Imam Abu Hanifa estaba capacitado para responderle. Entonces Abu Hanifa se volvió hacia los miembros del círculo de aprendizaje y dijo: “Sé la respuesta a esta pregunta gracias al hadiz que nuestro hermano acaba de mencionar”. Así, es posible tener el conocimiento pero no saber cómo aplicarlo. Al Profeta José, como a todos los Profetas de Dios, le fue dado el conocimiento y la sabiduría para entenderlo y para aplicarlo.


Texto tomado de: Islamreligion

lunes, 18 de marzo de 2013

La historia de José (parte 2 de 7): Traición y engaño

“Y todos los asuntos son como Allah lo dispone, pero la mayoría de los hombres lo ignoran.” (Corán 12:21)

La historia de José confirma incondicionalmente que Dios tiene control total sobre todas las cosas. La traición y el engaño de los hermanos de José sólo tuvieron éxito en preparar a José para la gran posición que ocuparía finalmente. La historia de José describe la omnipotencia de Dios y nos da cuenta exacta de Su poder y supremacía. La historia comienza con engaño, pero termina con comodidad y alegría. Una recompensa justa por la paciencia y la total sumisión a la voluntad de Dios que José mostró a través de su largo viaje, enfrentando las intrigas y la traición de quienes lo rodeaban.

La paciencia que aprendió José de su terrible experiencia lo convirtió en uno de los más justos de entre los hombres. Su linaje era impecable, su bisabuelo, su abuelo y su padre también eran Profetas. En las tradiciones cristiana y judía, estos hombres son conocidos como Abraham, Isaac and Jacob.
Engaño y traición

Cuando los hijos mayores de Jacob pidieron permiso para llevarse con ellos a José a las profundidades del desierto para jugar, Jacob sintió miedo en su corazón. Desde sus primeras palabras, él sospechó la traición y expresó su miedo de que un lobo atacara a José. Jacob dijo:

 “En verdad me apena [que se separe de mí y] que os vayáis con él, y temo que se lo coma un lobo cuando estéis descuidados”. (Corán 12:13)

Satanás trabaja de manera sutil y engañosa, y con sus palabras, Jacob les proporcionó involuntariamente a sus hijos la razón perfecta para la desaparición de José. Los hermanos supieron de inmediato que culparían a un lobo por la desaparición de José, y esto se convirtió en parte de su cobarde plan. Jacob estuvo finalmente de acuerdo y permitió a José ir con sus hermanos en su viaje por el desierto.

Fueron directamente al pozo y sin remordimientos, tomaron a José y lo lanzaron en él. José lanzó un grito de miedo, pero sus crueles corazones no sintieron piedad por su hermano menor. Los hermanos confiaban en que un viajero hallaría a José y lo vendería como esclavo. Mientras José pedía auxilio aterrado, los hermanos tomaron un pequeño carnero o cordero de su rebaño, lo sacrificaron y limpiaron la sangre sobre una de las prendas de José. Consumidos por completo por su envidia, los hermanos hicieron un juramento para mantener en secreto su fechoría y se alejaron satisfechos de sí mismos. José, aterrado, se aferró a una cornisa en el pozo y Dios le hizo saber que un día se enfrentaría a sus hermanos. Él le dijo a José  que llegaría el día en que les hablaría a sus hermanos de ese evento cobarde, pero los hermanos no sabrían que estarían hablando con José.

“Ciertamente les recordarás [un día] esta acción, y no se darán cuenta [que ello te fue revelado]”. (Corán 12:15)
El llanto no es evidencia de la verdad

Los hermanos regresaron a su padre llorando. En ese momento, ya era de noche y Jacob estaba sentado en su casa esperando con ansias el regreso de José. El sonido de diez hombres llorando confirmó su temor más profundo. La oscuridad de la noche sólo era comparable con la oscuridad de sus corazones. Las mentiras salieron con facilidad de sus lenguas y el corazón de Jacob se encogió de miedo.

 “Dijeron: ¡Oh, padre! Nos adelantamos para competir [con nuestros arcos], y dejamos a José con nuestras provisiones, y entonces se lo comió un lobo. No nos creerás a pesar de que somos veraces. Y le mostraron su camisa manchada con sangre falsa”. (Corán 12:17-18)

En una historia de los hombres rectos que vinieron después del Profeta Muhammad, viene un relato de un juez musulmán que estaba decidiendo el caso de una anciana. Los detalles del caso no son importantes; sin embargo, la anciana lloraba y lloraba. Con base en la evidencia, el juez falló en su contra. Un amigo del juez dijo: “Ella lloraba y lloraba, es vieja, ¿por qué no le creíste?” El juez dijo: “¿Acaso no sabes, por el Corán, que el llanto no es evidencia de la verdad, pues los hermanos de José fueron llorando ante su padre?” Ellos estaban llorando, pero habían cometido el crimen.

Tanto Jacob como José fueron de los más nobles entre los hombres. El Profeta Muhammad describió a José como el hombre más digno y generoso. Cuando se le pregunto quién era el hombre más temeroso de Dios, dijo: “La persona más honorable es José, el profeta de Dios, el hijo del profeta de Dios, el hijo del siervo amado de Dios (Abraham)”[1]. Mientras José estaba sentado en el pozo, aterrorizado, seguía seguro de su sumisión a Dios; y Jacob, a muchos kilómetros de allí, sentía su corazón encogido de miedo y dolor, pero sabía que sus hijos mentían. Como corresponde a un profeta de Dios, con lágrimas bañando su rostro, dijo Jacob:

 “Eso es lo que les susurra vuestra alma. Tendré paciencia, y Allah es a Quien debo implorar el socorro sobre lo que narráis”. (Corán 12:18)

Este era un dilema para Jacob, ¿qué iba a hacer? Sabía que sus hijos mentían, pero, ¿cuáles eran sus opciones? ¿Matar a sus hijos? Debido a su completa sumisión a Dios, Jacob sabía que este asunto estaba más allá de sus manos. No tenía más opción que confiar en Dios y volverse a Él con esperanza y paciencia.

En lo profundo del pozo, José oró. Padre e hijo se volvieron hacia Dios en la profunda oscuridad de la noche. Una mezcla de miedo y esperanza llenó sus corazones, y la noche dio paso a un nuevo día. Para Jacob, el día amaneció en el comienzo de muchos años a ser llenados con confianza en Dios y con paciencia. Para José, los rayos del amanecer brillaban en los bordes del pozo. Si hubiera podido otear el horizonte, habría divisado una caravana acercándose. Minutos después, un hombre bajó su cubo al fondo del pozo esperando hallar agua clara y fresca.

La historia de José (parte 1 de 7): La historia comienza

Esta es una historia de intriga y engaño, de envidia, orgullo y pasión… y no se trata de una telenovela. Es una saga de paciencia, lealtad, valentía y compasión… y no es el Show de Cristina. Es la historia del Profeta José, la paz de Dios sea con él. El mismo José conocido por el musical de Broadway “José el Soñador”, de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice; y el mismo Profeta José conocido en las tradiciones cristiana y judía. Dios le reveló esta historia al Profeta Muhammad cuando un israelita le pidió que le dijera lo que sabía respecto a José[1]. Las historias en el Corán generalmente son contadas en trozos pequeños repartidos por varios capítulos; la historia de José, sin embargo, es única. Fue revelada en un capítulo, de principio a fin. Es la historia y las experiencias completas del Profeta José. Aprendemos acerca de las alegrías, problemas y aflicciones de José, nos movemos con él a través de los años de su vida mientras se arma con la piedad y la paciencia, y al final sale victorioso. La historia de José comienza con un sueño, y termina con la interpretación de ese sueño.

 “Ésta es la más hermosa de las historias que te revelamos en el Corán, y antes no tenías conocimiento de ella”. (Corán 12:3)
La infancia de José

José era un muchacho joven, guapo, alegre y muy querido por su padre. Una mañana se despertó entusiasmado respecto a un sueño, y corrió feliz a ver a su padre explicándole lo que había visto en su sueño. El padre de José escuchó con atención a su hijo amado, y su rostro resplandecía de alegría mientras José relataba un sueño que hablaba del cumplimiento de una profecía. José dijo:

 “¡Oh, padre mío! Por cierto que vi [en sueños] once astros, también al Sol y la Luna, que se prosternaban ante mí”. (Corán 12:4)

José era uno de 12 hermanos cuyo padre era el Profeta Jacob y cuyo bisabuelo era el Profeta Abraham. Esta profecía hablaba de mantener vivo el mensaje de Abraham de adorar al Único Dios Verdadero. El nieto del Profeta Abraham, Jacob, interpretó que el sueño quería decir que José sería aquel que llevaría la “Luz de la Casa de Dios”[2]. Sin embargo, se desvaneció la alegría que había surgido en el rostro de Jacob con la misma rapidez con que había aparecido, y él imploró a su hijo que no le contara su sueño a sus hermanos. Jacob dijo:

“¡Oh, hijito! No cuentes tu visión a tus hermanos porque conspirarán contra ti [por envidia]; ciertamente Satanás es para los humanos un enemigo evidente [y no cesará de susurrarles que tramen algo contra ti]. Así [como te mostró esa visión en sueños] tu Señor te elegirá [como Profeta] y te enseñará la interpretación de los sueños; y completará Su gracia sobre ti [con la revelación] y sobre la descendencia de Jacob, tal como la completó sobre tus ancestros Abraham e Isaac; en verdad tu Señor es Omnisciente, Sabio”. (Corán 12:5-6)

Jacobo sabía que sus hijos (los hermanos de José) no aceptarían la interpretación de este sueño ni el avance de José sobre ellos mismos. Jacobo estaba lleno de miedo. Los diez hermanos mayores siempre estuvieron celosos de su hermano menor. Ellos reconocían en su padre un afecto particular hacia él. Jacob era un Profeta, un hombre dedicado a la sumisión al Único Dios Verdadero, y trataba a su familia y a su comunidad con justicia, respeto y amor equitativo. Sin embargo, su corazón se inclinaba por las dulces cualidades evidentes en su hijo José. José también tenía un hermano menor llamado Benjamín, quien en ese momento, era demasiado joven para participar en cualquiera de los trucos y engaños que se estaban gestando.

Mientras que los Profetas y los piadosos están dispuestos a divulgar el mensaje de sumisión a Dios, Satanás está a la espera de seducir e incitar a la humanidad. Le encanta la confabulación y el engaño, y ahora estaba sembrando las semillas de la discordia entre Jacob y sus hijos mayores. Los celos que los hermanos sienten hacia José ciegan sus corazones, desorientan sus pensamientos y hacen que las cosas pequeñas parezcan insuperables, mientras que las grandes se vean insignificantes. José atiende las advertencias de su padre y no les cuenta su sueño a sus hermanos; pero aun así, ellos se obsesionan y son abrumados por los celos. Sin conocer el sueño de José, idearon un plan para matarlo.

José y Benjamín eran los hijos de la segunda esposa de Jacob. Los mayores se consideraban a sí mismos hombres. Eran mayores, más fuertes y veían en sí mismos muchas cualidades buenas. Cegados por la envidia, veían a José y a Benjamín demasiado jóvenes y ninguna importancia en la vida de la familia. Ellos se negaban a entender por qué su padre los amaba tanto. El pensamiento retorcido de los hijos mayores les hacía acusar a su padre de estar perdido, cuando en realidad estaban lejos de la verdad. Satanás hizo que ellos vieran sus pensamientos como justos, y su extravío se mostró claramente cuando hablaron de matar a José para, inmediatamente después de cometer un acto tan despreciable, mostrar arrepentimiento a Dios.

 “Cuando dijeron: Por cierto que José y su hermano [Benjamín] son más amados por nuestro padre que nosotros a pesar que somos un grupo [de varios hijos]. Ciertamente nuestro padre está en un error evidente. Matad a José o desterradlo para que la atención [y el amor] de vuestro padre sea sólo para vosotros, y luego [de haberlo eliminado arrepentíos y así] os contaréis entre los virtuosos [nuevamente]”. (Corán 12:8-9)

Uno de entre ellos sintió el error de lo que planeaban y sugirió que en lugar de matar a José, lo debían tirar a un pozo. Cuando fuera encontrado por algún viajero que pasara, sería vendido como esclavo, dejándolo, por tanto, como muerto para la familia. Ellos creían, en su ceguera, que la ausencia de José lo haría desaparecer de los pensamientos de su padre. Los hermanos continuaron urdiendo su plan malévolo. Satán estaba jugando con ellos, susurrando sus pensamientos en sus mentes y susurrando el extravío en sus oídos. Los hermanos terminaron su discusión satisfechos consigo mismos y creyeron que habían diseñado un plan inteligente. Se acercaron a Jacob con un plan para llevarse a José con ellos al desierto, con el pretexto de jugar con él para que se divirtiera. El miedo saltó al corazón de Jacob.





Tomado de: Islamreligion


sábado, 16 de marzo de 2013

La historia de Lot (parte 2 de 2): La destrucción de Sodoma


El Profeta Lot sufría debido a las malas conductas y los comportamientos antinaturales de la gente a su alrededor, sin embargo, continuó entregando su mensaje con paciencia. Llamó a la gente a abandonar sus malos caminos y a obedecer al Único Dios, adorándolo sólo a Él. Sin embargo, la gente de la ciudad continuó burlándose de él y menospreciándolo, y hasta lo ridiculizaban y lo desafiaban para que enviara el tormento de Dios sobre ellos.

“Envíanos el castigo de Allah, si es que decís la verdad”. (Corán 29:29)

Lot estaba abrumado por la desesperación y suplicó a Dios que le concediera la victoria sobre su pueblo, que cometía grandes crímenes y se comportaba de forma antinatural.

En el momento de la invocación de Lot, los Mensajeros (ángeles) estaban con el Profeta Abraham, de modo que le informaron de su misión con Lot y su pueblo. Dijeron:

“Y cuando Nuestros [Ángeles] emisarios se presentaron ante Abraham para albriciarle [del nacimiento de su hijo], le dijeron: Destruiremos a la población de esta ciudad, porque son inicuos”. (Corán 29:31)

Abraham tenía miedo, su sobrino Lot estaba en la ciudad de Sodoma y estaba a punto de ser destruido. Le dijo a los ángeles: “Pero Lot está entre sus habitantes”. Ellos respondieron:

“Nosotros conocemos mejor [que tú] a quienes habitan en ella. Lo salvaremos a él y a su familia, excepto a su mujer, que se contará entre los condenados”. (Corán 29: 32)

El renombrado erudito islámico Imam Ibn Kazir narró que, cuando los Mensajeros se acercaron a la ciudad de Sodoma, conocieron a la hija de Lot en el río cercano. Ella se quedó asombrada por su belleza y les aconsejó que esperaran al Profeta en el río en lugar de entrar a la ciudad sin protección. Cuando Lot escuchó hablar de los extranjeros, se sintió angustiado y se preguntó cómo podía convencerlos de que pasaran de largo por Sodoma y continuaran su camino. Trató de hacerlos entender la naturaleza de la gente de la ciudad, pero sólo consiguió convencer a los Mensajeros de esperar hasta la noche antes de entrar en la ciudad.

El Profeta Lot logró acompañar a los Mensajeros a la seguridad de su casa. Sin embargo, la esposa de Lot se deslizó por la puerta trasera y rápidamente avisó a la gente que dos hombres hermosos eran huéspedes en casa de Lot. El rumor se difundió velozmente y pronto la gente estaba frente a la casa de Lot, llamando a su puerta, exigiendo ver a los invitados. Lot se angustió aún más cuando se dio cuenta de que su mujer era la responsable de que la multitud estuviera a su puerta, y le rogó a la turba que se disolviera y temiera el castigo de Dios. Les pidió varias veces que buscaran la gratificación sexual de manera legal.

 “¡Oh, pueblo mío! Casaos con las mujeres, pues ello es lo lícito para vosotros, temed a Allah y no me avergoncéis ante mis huéspedes. ¿Es que no hay entre vosotros ningún hombre recto?” (Corán 11:78)

Las versiones bíblica y coránica de la historia de Lot tienen grandes similitudes. Sin embargo, el Islam rechaza por completo la noción de que el Profeta Lot hubiera ofrecido a sus hijas a la gente de la ciudad. Los eruditos islámicos explican que cuando Lot utilizó la palabra “hijas” se refería a las mujeres de Sodoma. Él estaba exigiendo a los hombres de Sodoma que buscaran la satisfacción sexual en matrimonios legales.

En su libro Historias de los Profetas, Ibn Kazir declara que la gente de la ciudad echó abajo la puerta y se precipitó dentro de la casa de Lot, rodeando a los Mensajeros. Lot estaba impotente frente a ellos, sin embargo, continuó suplicando y recordándoles la maldad de sus actos. La gente de la ciudad se burlaban y mofaban de él diciendo: “Tú sabes que no deseamos a las mujeres, y entiendes bien lo que queremos” (Corán 11:79). Los Mensajeros tranquilizaron a Lot diciéndole: “Ciertamente somos emisarios de tu Señor” (Corán 11:81). Al escuchar estas palabras, la gente de la ciudad sintió miedo y comenzó a dispersarse, dejando a Lot y a su familia solos con los Mensajeros.

Los Mensajeros disiparon los temores del Profeta Lot y lo instruyeron para que reuniera a su familia y abandonara la ciudad de Sodoma esa misma noche. Lot caminó detrás de su familia para asegurarse de que ninguno de ellos volviera la mirada hacia la ciudad de Sodoma. La mujer de Lot se quedó atrás y recibió el castigo junto con los criminales y los habitantes impíos de la ciudad. El Corán describe el castigo como un grito terrible que volteó la ciudad al revés, y una posterior lluvia de piedras de arcilla. (Corán 15:73-74)

El castigo llegó al amanecer, y Dios dijo:

“Y lo salvamos a él y a toda su familia, excepto a su esposa, pues se contaba entre los condenados. Luego destruimos a los demás, e hicimos caer sobre ellos una lluvia de piedras. ¡Qué lluvia aterradora fue la que les enviamos! En esto hay un signo, pero la mayoría de los hombres no cree”. (Corán 26:170-174)

Así, las páginas fueron cerradas sobre el pueblo de Lot. Sus nombres fueron borrados de la memoria histórica. El castigo que Dios prometió y sobre el que advirtió el Profeta Lot, ocurrió, pues en verdad Dios cumple Sus promesas. Él promete un castigo severo a los malvados y el Paraíso es la recompensa de los justos. Lot y su familia caminaron al amanecer y el Corán no habla más de ellos.


La historia de Lot (parte 1 de 2): La vida y los tiempos de Sodoma


Dios envió a todos los Profetas a sus pueblos con un mensaje, adorar sólo a Dios y no asociarle nada ni nadie. Sin embargo, Dios envió al Profeta Muhammad para toda la humanidad. Aunque su mensaje fue el mismo, vino con una nueva ley, una para cubrir a toda la gente, en todos los lugares, en todas las épocas, incluso en un futuro distante hasta el Día del Juicio. La revelación de diferentes capítulos del Corán fue a menudo una respuesta a eventos particulares o experiencias del Profeta y sus seguidores. Las historias del Corán enseñan lecciones, proporcionan el contexto histórico de la humanidad, y demuestran la naturaleza de Dios. La historia del Profeta Lot es una que es particularmente pertinente en el siglo XXI.

En muchas ciudades alrededor del mundo no es seguro caminar por las calles incluso durante el día. El asesinato es algo común, las identidades son robadas y abundan las drogas. Hoy día, muchos niños en las escuelas ya han tenido encuentros con usuarios y vendedores de drogas. El alcohol se consigue fácilmente en cualquier tienda, aun cuando es el responsable de la ruptura de las familias, la violencia doméstica y la corrosión de la sociedad. La pederastia es rampante, así como la pornografía infantil y el tráfico de personas. Los estilos de vida degenerados son aceptados e incluso considerados normales. Esta descripción nos muestra una imagen terrorífica, de un mundo fuera de control; pero, ¿es realmente muy distinta de la de los tiempos del Profeta Lot?

El Profeta Lot vivió en una sociedad muy similar a la nuestra. Era corrupta, la gente no tenía vergüenza, los criminales y las actividades criminales abundaban, y los que pasaban por la ciudad de Sodoma se arriesgaban a ser robados y abusados físicamente. La atmósfera entera de la ciudad no era la de una sociedad cohesionada. El pueblo de Lot no tenía moral, normas ni vergüenza. La homosexualidad que abundaba no existía en un vacío, sino que era parte de un estilo de vida que no sólo era permitido sino que alentaba al vicio y la corrupción. Fue a esta ciudad que el Creador envió al Profeta Lot, su mensaje fue adorar sólo a Dios. Sin embargo, insertos en la adoración están el deseo y la voluntad de obedecer los mandamientos de Dios. El pueblo de Sodoma estaba contento con sus formas corruptas y no deseaba refrenarlas. Lot se convirtió en una molestia y sus palabras fueron ignoradas.

El Profeta Lot llamó a la gente a abandonar sus actividades criminales y su comportamiento indecente, pero ellos se negaron a escuchar. Lot confrontó a su pueblo y los amonestó. Señaló su corrupción, sus actividades criminales y su comportamiento sexual antinatural.

 “Su hermano Lot les dijo: Temed a Allah, En verdad, yo soy un Mensajero leal, temed a Allah, y obedecedme. Yo no os pido ninguna remuneración a cambio [de transmitiros el Mensaje], sólo el Señor del Universo me recompensará por ello”. (Corán 26:161-164)

En los últimos 20 o 30 años, se ha hecho común hablar de homosexualidad como una forma natural de vida. Sin embargo, de acuerdo a la ley de Dios y en las tres religiones celestiales (judaísmo, cristianismo e Islam), esto no es aceptable. La nueva idea de que la homosexualidad está de alguna forma determinada genéticamente también es rechazada por el Islam. El Corán establece claramente que la gente de Sodoma fue la primera en practicar esta aberración sexual.

 “¿Cometéis una inmoralidad de la que no hay precedentes en la humanidad? Satisfacéis vuestros deseos con los hombres en vez de las mujeres; en verdad sois unos desvergonzados”. (Corán 7:80-81)

La gente de Sodoma había alcanzado tal nivel de degradación que ya no tenía vergüenza alguna. Cometían estos actos contranaturales en público o en privado. Satanás estaba entre ellos, y como es su costumbre, hizo que sus acciones les parecieran justas y sanas. Cuando Lot insistió en que cambiaran sus malos caminos, quisieron expulsarlo de la ciudad, como si fuera él quien cometía un grave pecado al llamarlos a la pureza. La gente de Sodoma dijo a Lot: “¡Oh, Lot! Si no dejas de recriminarnos te expulsaremos” (Corán 26:167). Lot expresó abiertamente su enojo y su ira por las malas obras y los actos antinaturales, y le pidió a Dios que lo salvara a él y a su familia del mal del pueblo de Sodoma.

En otra parte del mundo, el Profeta Abraham, el tío del Profeta Lot, recibió a tres huéspedes. Conocido por su generosidad, el Profeta Abraham asó un ternero pero, para su consternación, sus huéspedes se negaron a comer. Esto era muy inusual. Los viajeros solían estar hambrientos, y el hecho de que estos tres invitados rechazaran su generosidad hizo que el Profeta Abraham se sintiera muy incómodo. Los huéspedes vieron su inquietud y trataron de calmar sus temores. Dijeron: “No temas” (Corán 15:53), y sus temores se disiparon. El Profeta Abraham preguntó a sus invitados qué asuntos los habían traído a su ciudad. Ellos contestaron: “Hemos sido enviados para castigar a un pueblo de pecadores” (Corán 15:58).

El pueblo de Sodoma se había convertido en corrupto, creyendo que sus malos caminos eran aceptables. Infortunadamente, en el siglo XXI nos hemos acostumbrado tanto a la maldad y la ignorancia que ya no somos capaces de responder de forma correcta. Inventamos excusas y tratamos de justificar el mal comportamiento, pero el hecho es que cuando la gente irrespeta y desobedece a Dios abierta y continuamente, debemos indignarnos. Los ángeles se despidieron del Profeta Abraham y siguieron su camino hacia la ciudad de Sodoma, buscando al Profeta Lot y a su familia.





Texto tomado de: Islamreligion

viernes, 15 de marzo de 2013

La historia de Noé (parte 3 de 3): El diluvio

Los creyentes entraron en el arca en el nombre de Dios, tal y como los musulmanes de hoy día comienzan cada cosa que hacen en el nombre de Dios.

“Embarcad [y decid]: ¡Qué en el nombre de Allah navegue y ancle! Por cierto que mi Señor es Absolvedor, Misericordioso. Y [el Arca] navegó con ellos entre olas como montañas…”. (Corán 11:41-42)

Noé construyó el Arca de acuerdo a las instrucciones de Dios con tablas y clavos, y mantuvo a los creyentes a salvo de la lluvia torrencial y del agua que brotaba de la tierra. Luego el interior de la tierra se movió de maneras inusuales y el fondo de los océanos aumentó en arrebatos repentinos, causando olas que inundaron la tierra. Estas olas, tan grandes como montañas, lo sumergieron todo, alcanzaron al arca haciéndola aparecer tan frágil como una caja de cerillas arrojada al mar. Esta construcción, hecha de madera, se convirtió en un barco de seguridad y protección, ya que sus pasajeros tuvieron verdadera fe y confianza en Dios.

Desde su lugar seguro en el Arca, Noé pudo ver a uno de sus hijos rodeado por las aguas. Noé gritó a su hijo, implorándole que subiera al Arca y dejara a los incrédulos a su suerte. El hijo, sin embargo, estaba pensando en términos de este mundo y no con confianza en Dios. Él respondió que iba a irse a una montaña, sin imaginar que las olas iban a cubrir la montaña. Noé le rogó a su hijo diciendo: “Nada puede salvarte este día, excepto la misericordia de Dios”. El hijo se rehusó y se ahogó.

“…y Noé llamó a su hijo que se encontraba en un lugar apartado: ¡Oh, hijito mío! Embárcate con nosotros y no te cuentes entre los incrédulos. Dijo [su hijo]: Me refugiaré en una montaña que me protegerá de las aguas. Dijo [Noé]: Hoy no habrá nada que pueda socorreros del designio de Allah, y sólo se salvará aquel a quien Allah le tenga misericordia; y las olas se interpusieron entre ambos, y [su hijo] se contó entre los ahogados”. (Corán 11:42-43)
El diluvio termina

“Y fue ordenado: ¡Oh, tierra! Traga tu agua. ¡Oh, cielo! Deja de llover. Y entonces el agua fue descendiendo y así se cumplió el designio [y los incrédulos fueron destruidos], y [la embarcación] se detuvo y se asentó sobre el monte Yudii, y fue dicho: ¡La maldición recayó sobre los inicuos y fueron exterminados!” (Corán 11:44)

A diferencia de las tradiciones cristiana y judía, el Islam no menciona a Noé enviando a un pájaro (ni una paloma ni un cuervo) a buscar tierra firme. Por el contrario, por orden de Dios se detuvo la lluvia y el agua dejó de brotar de las grietas de la tierra. La calma volvió y el sol comenzó a brillar. El diluvio había limpiado la tierra de la idolatría y de los incrédulos. Ni una sola persona que había descreído de Dios permaneció en la tierra. La tierra se tragó el agua y el Arca se posó sobre el monte Yudii (que se cree está en la actual Turquía).

Noé fue un Profeta y líder de los hombres, pero también fue padre. Se volvió a Dios con tristeza y lloró:

“¡Oh, Señor mío! Por cierto que mi hijo era parte de mi familia [y pensé que no sería destruido]; Tu promesa es verdadera, y Tú eres el mejor de los jueces”. (Corán 11:45)

Noé recordó que Dios había prometido salvar a su familia. Noé no dudaba de la palabra y las promesas de Dios, pero quería entender. Así Dios le enseñó a Noé una lección.

Los seres humanos hemos asignado significados específicos a las distintas palabras de las lenguas que hablan, pero Dios a menudo les puede dar un nuevo significado, más amplio. Por ejemplo, la palabra oración originalmente significa suplicarle a Dios, pero el Islam vino y le dio un nuevo sentido, convirtiéndola en un ritual que se realiza cinco veces al día. Cuando utilizamos la palabra familia, pensamos en lazos consanguíneos y relaciones, y Noé estaba implorando a Dios porque su hijo era de su familia. Dios le dijo a Noé que su hijo definitivamente no era parte de su familia debido a que era injusto. La verdadera familia son los creyentes rectos de Dios.

“Dijo Allah a Noé: ¡Oh, Noé! Ciertamente él no era de [los que se salvarían de] tu familia, pues obró en forma impía [e incrédula]; no Me cuestiones sobre lo que careces de conocimiento. Te advierto para que no te cuentes entre los ignorantes”. (Corán 11:46)

Noé entendió. Dijo:

“Dijo [Noé]: ¡Oh, Señor mío! Me refugio en Ti de cuestionarte algo sobre lo que no tengo conocimiento; si no me perdonas y te apiadas de mí, me contaré entre los perdedores”. (Corán 11:47)

Noé liberó a los animales, pájaros e insectos, y éstos se dispersaron por toda la tierra. Noé y su familia (los creyentes) desembarcaron, y entonces Noé tocó la tierra con su cabeza en postración. En este punto el Corán y las narraciones del Profeta Muhammad dejan la historia de Noé. No sabemos cómo continuaron sus asuntos con su pueblo, ni qué ocurrió con su familia. Todo lo que podemos determinar es que en su lecho de muerte Noé llamó a sus hijos a su lado y les pidió adorar al Único Dios: El Creador y Sustentador del Universo.

Dijo el Profeta Muhammad:

“Cuando la muerte de Noé, el Mensajero de Dios, se acercó, él advirtió a sus hijos: ‘Les voy a dar dos consejos durables: les ordeno hacer dos cosas y les advierto también de no hacer otras dos. Los exhorto a creer que no hay divinidad sino Dios, y que si los siete cielos y las siete tierras fueran puestos juntos en un plato de una balanza, y las palabras ‘no hay divinidad sino Dios’ fueran puestas en el otro plato, estas palabras pesarían más que lo otro. Les advierto que no asocien a nada con Dios ni sean orgullosos”. (Sahih Al Bujari)

La mayoría del pueblo de Noé rechazó su mensaje, pero el mensaje sobrevive en los corazones y las mentes de los musulmanes de hoy día. Las palabras de consuelo y las esperanzas de salvación que Noé transmitió a sus hijos mientras estaba en su lecho de muerte, siguen siendo parte de la creencia de los musulmanes y confirman su actitud hacia Dios. Pues el Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, también nos dice que Dios establece un pacto con los creyentes: Si no adoramos a otros dioses junto con Dios, Él no nos negará el cielo.


Texto tomado de: Islamreligion

La historia de Noé (parte 2 de 3): Noé construye el Arca

Noé continuó apelando a su pueblo y ellos se dividieron en dos grupos. Sus palabras llegaron a los corazones de los débiles, los pobres y los oprimidos, pero la gente rica e influyente desconfió de esas palabras y sólo podía pensar en la posible erosión de su poder y su estatus. Una guerra de palabras comenzó entre Noé y los incrédulos. Ellos acusaron a Noé de no ser más que un ser humano cualquiera, de no ser nada especial. Noé estuvo de acuerdo con esta observación y dijo que, en efecto, no era más que un ser humano, pero uno que traía una advertencia clara. Y Dios Todopoderoso nos dice:

“Por cierto que enviamos a Noé a su pueblo [y les dijo]: Yo soy para vosotros un amonestador evidente, no adoréis sino a Allah, pues temo que os azote el castigo de un día doloroso [el Día del Juicio]. Los líderes de la incredulidad de su pueblo dijeron: No eres más que un mortal como nosotros, y sólo te siguen los pobres y débiles de nuestro pueblo que no piensan. Ciertamente no os creemos mejores que nosotros, sino que os consideramos mentirosos”. (Corán 11:25-27)

Noé explicó a su pueblo rebelde que iban a recibir beneficios si se volvían hacia Dios y pedían Su perdón. Él los bendeciría con abundante lluvia, con progenie y riqueza. Él les otorgaría jardines generosos y ríos que fluyen. Sin embargo, los incrédulos rechazaron sus palabras, ellos se sentían seguros en su arrogancia y orgullo.
El conflicto se intensificó

Aquellos que estaban en contra de Noé y su llamado comenzaron a negociar con él. Le dijeron que estos dos grupos distintos, los humildes y pobres y los ricos y poderosos, no podían coexistir en la misma fe. Aunque era continuamente ofendido e intimidado por los incrédulos, Noé reaccionó de manera amable y gentil. Explicó que él nunca daría la espalda a los creyentes humildes y débiles que habían atendido a su llamado. Esta gente, les informó, eran los invitados de Dios. Noé hizo un llamado a su pueblo. Intentó razonar con ellos y hacerles ver la realidad de su situación. Sin ninguna ganancia personal y con un corazón humilde pero valiente, Noé refutó sus argumentos.

“¡Oh, pueblo mío! No os pido retribución alguna a cambio [de transmitiros el Mensaje], pues Allah será Quien me recompensará, y no voy a rechazar a los creyentes [como me pedís], ciertamente ellos se encontrarán con su Señor [Quien los recompensará por su fe]; y veo que sois un pueblo de ignorantes. ¡Oh, pueblo mío! ¿Quién me protegerá de Allah [y Su castigo] si los rechazo? ¿Es que no recapacitáis? No os digo que poseo los tesoros de Allah, ni conozco lo oculto, ni os digo ser un Ángel, pero tampoco digo que Allah no recompensará [en la otra vida] a aquellos que vosotros consideráis inferiores [los débiles y los pobres, como pretendéis], pues Allah bien sabe lo que hay en sus corazones, y si así lo dijese me contaría entre los inicuos”. (Corán 11:29-31)

Los desacuerdos continuaron hasta que los incrédulos se quedaron sin argumentos. Se burlaron de Noé y de los creyentes, pero Noé continuó difundiendo su mensaje. Finalmente, no pudo más y se volvió hacia Dios con súplicas sinceras. Noé no perdió la paciencia, se mantuvo paciente, amable y gentil. Pero se había dado cuenta de que los incrédulos no harían más que difundir la corrupción y la incredulidad en toda la región. Ellos podrían desviar y corromper a los creyentes y entregar un legado de incredulidad a sus hijos. Noé oró a Dios. Dijo:

“Si les dejaras, extraviarían a Tus siervos y no engendrarían sino a pecadores e incrédulos”. (Corán 71:27)

Así que Dios aceptó las súplicas de Noé.
El Arca

Dios instruyó a Noé para que construyera el Arca y castigó a los incrédulos con un diluvio.

“Construye el Arca bajo Nuestra observancia y según Nuestra orden, y no Me pidas compasión por quienes obraron injustamente, pues ellos serán ahogados”. (Corán 11:37)

Noé eligió un sitio fuera de la ciudad y lejos del mar para construir este Arca. Los incrédulos se burlaron y rieron, haciendo comentarios acerca de la ubicación de la embarcación, lejos de cualquier fuente de agua. Los incrédulos no tenían comprensión del poder y la magnificencia de Dios, de modo que no podían entender por qué Noé construiría un barco en la cima de una colina, lejos del océano. Ellos lo llamaban loco y se reían de él a carcajadas. La embarcación comenzó a tomar forma y, cuando estuvo terminada, Noé esperó pacientemente las órdenes de Dios.

“Cuando llegue Nuestro designio y [como señal de ello] el agua brote de la tierra [e inunde todo], haz subir a ella una pareja de cada especie, embarca a tu familia, salvo a quienes de ellos decretamos que serían destruidos, y a los creyentes. Y ciertamente unos pocos creyeron en él”. (Corán 11:40)

Cuando el agua comenzó a brotar de la tierra y a caer desde el cielo, Dios instruyó a Noé para que entrara al Arca con su familia y con los creyentes. Dios también le ordenó a Noé llevar con ellos una pareja (macho y hembra) de cada animal, pájaro e insecto con él. Los incrédulos lo observaron con escepticismo, preguntándose qué pretendía hacer con los animales.

La esposa de Noé no lo acompañó, puesto que nunca creyó en el mensaje que Noé había predicado, ni tampoco su hijo mayor, que prefirió huir a un monte elevado. Los eruditos del Islam sostienen diferentes opiniones respecto al número de personas en el Arca, pero el mayor estimado es 80. En cuanto los creyentes y los animales entraron al Arca, el agua brotó de cada grieta en la tierra y la lluvia cayó del cielo en cantidades nunca antes vistas. Hora tras hora los niveles de las aguas crecieron, y los mares y ríos invadieron la tierra.


Texto tomado de: Islamreligion

La historia de Noé (parte 1 de 3): ¿Quién era Noé?


Los relatos del diluvio en las tradiciones judía y cristiana reconocen a Noé como un hombre recto en un mundo aplastado bajo el peso del pecado y la incredulidad. El Corán y los dichos del Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, nos enseñan que el Profeta Noé era un faro de esperanza entre los descendientes de Adán, en una época donde el pecado y la anarquía se habían apoderado de la gente.

La humanidad había sido una comunidad creyente en la Unidad y Unicidad de Dios, pero la confusión y la desviación se habían deslizado. Noé era un hombre tranquilo y paciente, que llamó a su pueblo a regresar a la adoración del Único Dios Verdadero. Él fue un orador excepcional, ordenando a aquellos que lo rodeaban que abandonaran la adoración y la veneración de ídolos y estatuas, y que escucharan su advertencia de un castigo terrible por venir.

“Enviamos a Noé a su pueblo, y les dijo: ¡Oh, pueblo mío! Adorad solamente a Allah, pues no existe otra divinidad salvo Él. ¿Es que no Le teméis?” (Corán 23:23)

Noé narró historias sobre los misterios de la vida y las maravillas del universo. Él describió cómo el día, que brinda luz solar y actividad, es seguido por la noche que brinda frescor y descanso. Habló de Dios, el Creador Divino a Quien pertenecen el cielo y la tierra, y señaló la amplitud y la belleza de la tierra. Noé explicó que la creación del mundo era para el bienestar de la humanidad, pero que el hombre también tenía la obligación de entender esto y dirigir su adoración a Dios, no a deidades falsas. Cuando Noé comenzó a hablar del castigo que espera a los idólatras, su pueblo se llenó de resentimiento e ira[1].
Cómo comenzó la idolatría

El Profeta Muhammad nos informó que hubo diez generaciones entre los Profetas Adán y Noé[2]. Sabemos que este fue un período largo de tiempo, pues el mismo Noé vivió más de un siglo, y la gente antes vivía más tiempo.

En aquellos años, entre Adán y Noé hubo generaciones de gentes que recordaban las leyes impartidas por Adán y adoraban a Dios correctamente. Los años pasaron y la gente olvidó, a veces los hombres rectos entre ellos recordaron a la gente sus obligaciones para con Dios. A medida que el tiempo continuó avanzando, los hombres rectos comenzaron a morir, y Satanás estuvo susurrando a la gente que los había visto, poniendo en sus mentes pensamientos a su modo astuto, hábil.

Satanás inspiró a la gente buena para que hiciera estatuas de los hombres rectos. De este modo, les decía Satanás, recordarían a los justos y así recordarían adorar a Dios. La gente buena construyó estatuas en sus lugares de reunión y en sus casas, y Satanás los dejó solos hasta que todos habían olvidado la razón por la que existían esas estatuas. Muchos años después, el retorcido Satanás apareció entre la gente, esta vez sugiriéndoles que adoraran directamente a los ídolos.

Una narración auténtica del Profeta Muhammad resume el inicio de la idolatría de la siguiente forma. Ibn Abbas, un compañero cercano del Profeta Muhammad, dijo:

“Los nombres (de los ídolos) pertenecieron inicialmente a algunos hombres piadosos del pueblo de Noé, y cuando ellos murieron Satanás inspiró a su pueblo a elaborar y colocar ídolos en los lugares donde acostumbraban reunirse, y a llamar a esos ídolos por sus nombres. La gente lo hizo, pero los ídolos no fueron adorados hasta que esta gente (que comenzó con ellos) hubo muerto y el origen de los ídolos se hizo oscuro, con lo que la gente comenzó a adorarlos”. (Sahih Al Bujari)
El llamado de Noé

La palabra Profeta (Nabi en árabe) deriva de la palabra Naba, que significa noticias. La Revelación es dada por Dios y, a su vez, el Profeta difunde las noticias entre su pueblo. Un Mensajero, por otra parte, es enviado con una misión específica, usualmente para transmitir un nuevo ordenamiento proveniente de Dios. Todo Mensajero es un Profeta, pero no todo Profeta es un Mensajero[3]. Como se trataba de la primera desviación de la adoración correcta a Dios como fue enseñada por el Profeta Adán, Dios, en su infinita Bondad y Misericordia, cumplió su promesa hecha a Adán de enviar mensajeros como guía para la humanidad. Dios envió a Noé, el primero de Sus Mensajeros[4]. Abu Hurairah narró que el Profeta Muhammad dijo:

“En el Día del Juicio, la gente vendrá a Noé y dirá: ‘Oh, Noé, eres el primero de los Mensajeros enviados a la Tierra, y Dios te llamó siervo agradecido’”. (Sahih Al Bujari)

Adorar a algo o alguien fuera de Dios tiene graves consecuencias, la menor de las cuales es una pérdida de libertad, puesto que Satanás esclaviza al hombre, destruye su mente y lo incapacita para reconocer el bien del mal. Cuando Noé advirtió a su pueblo del tormento que les esperaba si no abandonaban la idolatría, sus advertencias cayeron principalmente en oídos sordos. Noé explicó el engaño de Satanás, pero su pueblo le dio la espalda y se rehusó a escuchar. Noé les advirtió de día y de noche, anunció su mensaje en público y en privado. Sin embargo, la gran mayoría de ellos negó sus palabras. Noé clamó a Dios:

“¡Oh, Señor mío! Por cierto que exhorté a mi pueblo noche y día, pero mi exhortación sólo ha servido para que se aparten aún más [del camino recto]. Y toda vez que los llamé hacia la guía para que Tú los perdonases, se pusieron los dedos en los oídos, se cubrieron con la ropa, se obstinaron y se ensoberbecieron”. (Corán 71:5-7)

Aquellos que respondieron a la llamada de Noé fueron los más débiles y pobres de su pueblo. Los líderes y aquellos con poder respondieron con arrogancia y rechazaron el llamado. Dijeron:

“Nosotros consideramos que estás en un evidente error”. (Corán 7:60)

Noé continuó apelando a su pueblo, día tras día y año tras año. Durante 950 años tuvo que soportar sus insultos y sus burlas.





Texto tomado de: Islamreligion

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