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lunes, 17 de marzo de 2014

¿Cuál es el veredicto sobre las fotos?


Pregunta: 

¿Cuál es el veredicto sobre tomar fotos?

Respuesta: 

Mi opinión sobre las fotografías, que se toman con un dispositivo en el que se producen esas imágenes de forma instantánea, y sobre las cuales el ser humano no tiene ninguna acción, considero que esas imágenes no ingresan dentro de la prohibición de “tasuir-hacer imágenes” sino que se considera exponer imágenes de la creación de Allah que pertenecen a Allah y fueron retratadas por ese artefacto, por lo cual es una impresión de la creación de Allah, y no la creación de una imagen hecha por un ser humano. Los Hadices registrados prohíben la creación de imágenes en las que hay producción o trabajo de un ser humano intentando con ello competir con Allah en la creación. Esto se evidencia con el siguiente ejemplo: Una persona tiene una carta, y le toma una foto con un artefacto fotográfico, la imagen que toma este artefacto no es producto de quien opera el artefacto, quien podría ser incluso que ni siquiera supiera leer y escribir, y la gente sabe distinguir entre la carta original y la copia. Pero si el objetivo de la imagen en sí mismo es algo prohibido, entonces es prohibido por su objetivo final.


Muhammad ibn Salih al Uzaimin 

Colección de veredictos legales del Sheij, que Allah sea misericordioso con él, volumen 12.
Capítulo: Tecnología y artefactos modernos moderna.
Fecha: 15 de Rayab 1429 H / 18-7-2008




domingo, 10 de noviembre de 2013

La virtud de ayunar ‘Ashura


Pregunta:
 
Me dijeron que ayunar el día de ‘Ashura expía los pecados el año anterior, ¿es cierto esto? ¿Expía todo, incluso los pecados mayores? ¿Cuál es la razón para ayunar este día?

Respuesta:
 
Alabado sea Alá.
 
Primero: Ayunar el día de ‘Ashura sí expía los pecados del año anterior, debido a que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: ‘Al ayunar el día de ‘Arafat espero que Alá expíe los pecados del año anterior y el año en curso, y al ayunar el día de ‘Ashura espero que Alá expíe los pecados del año anterior’. Y Alá es Quien posee la gran generosidad. Narrado por Muslim, 1162. Esto se debe a la generosidad que Alá tiene con nosotros, a través de la cual al ayunar un día se expían los pecados de todo un año.
 
El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) solía asegurarse bien de haber ayunado el día de ‘Ashura debido a su importancia. Fue narrado que Ibn ‘Abbaas (Allah se complazca de él) dijo: Nunca vi al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tan minucioso en asegurarse de ayunar un día y preferirlo por encima de otros días, que el día de ‘Ashura, y este mes – es decir, Ramadán. Narrado por al-Bujari, 1867.
 
Lo que significa “ser tan minucioso en el ayuno” es asegurarse de obtener su recompensa.
 
Segundo: Con respecto a la razón por la cual el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ayunaba el día de ‘Ashura y exhortaba a su gente a hacerlo de igual manera, es mencionada en el hadiz narrado por al-Bujari (1865) de Ibn ‘Abbaas (Allah se complazca de él) quien dijo: El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegó a Medina y vio a los judíos ayunar el día de ‘Ashura. Dijo: ‘¿Por qué ayunan?’. Respondieron: ‘Es un buen día, es el día en que Alá salvó a los Hijos de Israel de su enemigo (Faraón) y Moisés ayunó ese día’. Entonces él dijo: ‘Nosotros estamos más cerca de Moisés que vosotros’. Por eso ayunó ese día y le dijo a su gente que ayunara.
 
Las palabras ‘es un buen día’ – según una versión narrada por Muslim: ‘Este es un gran día cuando Alá salvó a Moisés y sus seguidores y ahogó al Faraón y su séquito’.
 
Las palabras ‘y Moisés ayunó ese día’ – Muslim agregó en su narración: ‘En gratitud a Alá es que ayunamos en este día’.
 
Según otra versión narrada por al-Bujari: ‘Por eso ayunamos en respeto por él’.
 
Las palabras ‘y le dijo a su gente que ayunara’ – según otra versión narrada por al-Bujari: ‘Les dijo a sus compañeros: ‘Vosotros estáis más cerca de Moisés que ellos, por eso ayunen en este día’.
 
Tercero: La expiación de los pecados que se logra ayunando ‘Ashura se refiere a los pecados menores; los pecados mayores requieren un arrepentimiento especial.
 
An-Nawawi (que Alá tenga piedad de él) dijo: “Ayunar el día de ‘Arafat expía todos los pecados menores, en otras palabras, perdona todos los pecados, excepto los pecados mayores. Ayunar el día de ‘Arafat representa una expiación de dos años, y el día de ‘Ashura es una expiación de un año, y si al decir Amín una persona coincide con el Amín de los ángeles, sus pecados previos serán perdonados: Cada uno de los factores mencionados pueden representar expiación de los pecados. Si la persona hace algo que expíe los pecados menores, será redimido, y si no hay pecados menores ni mayores, quedará registrada como una buena acción y elevará así su estatus: Si hay uno o más pecados mayores y no hay pecados menores, esperamos entonces que la persona reduzca sus pecados mayores”. Al-Maymu’ Sharh al-Muhadhdhab, parte 6. 
 
El Sheij al-Islam Ibn Taymiyah (que Alá tenga piedad de él) dijo: “La expiación de la purificación, la oración, y ayunar en Ramadán, ‘Arafat y ‘Ashura’ se aplica sólo a los pecados menores”.
 
Al-Fataawa al-Kubra, parte 5.

Shaij Muhammad Saleh Al Munajid


Texto tomado de: www.islamhouse.com

domingo, 6 de octubre de 2013

Virtudes de los diez primero días del mes de Dhul Hiyyah

Señales que confirman sus virtudes:

1. Dice Al-lah, Altísimo, (lo que se interpreta en español): {Juro por la aurora, por las diez noches} [Corán 89: 1 y 2]. No existe un señalamiento directo por parte del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, respecto a que estas diez noches se refieran a los primeros días del mes de la peregrinación; sin embargo, muchos especialistas del Tafsir (exégesis del Corán) opinan que ésta aleya es una prueba de los beneficios y virtudes de estos días.
 
2. El Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, indicó en varios Hadices que estos días son los mejores de todo el año, dijo: “Ninguna buena obra es superior a las que se hacen en estos diez días (los primeros del mes Dhul Hiyyah)”. Dijeron: ‘ ¿Ni el Yihad?’ Dijo: “Ni el Yihad, excepto el de un hombre que sale con su vida y su fortuna por la causa de Al-lah y vuelve sin ambas cosas” [Al Bujari]. En otro relato mencionó: “Estos días son mejores para Al-lah que los demás, y a Él le gusta que se realicen buenas obras en ellos; por esta razón, incrementad las veces que repetís el Tahlil (decir: La ilaha il-lal-lah), el Takbir (decir: Allahu Akbar) y el Tahmid (decir: Alhamdu lil-lah)”.
 
En estos textos se hace evidente que cada día de los diez es mejor que cualquier otro del año, incluso el viernes, excepto cuando este coincide con los primeros días del mes de Dhul Hiyyah, pues en él concuerdan dos virtudes, la del viernes y la de ésta época.
 
3. El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, instó a los musulmanes a incrementar sus buenas acciones durante estos días.
 
4. Entre estos días se encuentran el de ‘Arafah y el del Nahar (sacrificio).
 
5. En estos días se realizan las mayores formas de adoración: Assalah (la oración) Assiam (el ayuno), Assadaqa (limosna) y el Hayy, esta coincidencia sólo se da en este tiempo.
Acciones y obras recomendadas durante estos días:
 
Como estos días son tan virtuosos, y en ellos Al-lah Gusta de las buenas acciones, más que en los del resto del año, las obras que se realicen en ellos son consideradas como las mejores, tal como lo expresó el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, en los relatos que citamos con anterioridad. Dentro de las acciones recomendadas tenemos:
 
· El arrepentimiento sincero:
 
Arrepentirse es dejar de cometer todo lo que Desagrada a Al-lah de las acciones que se realizan en secreto y público, reconociendo que se ha obrado mal, acongojarse por lo que se haya hecho, y tomar la decisión con firmeza de que no se va a volver a incurrir en la falta cometida. Los pecados de los que debe arrepentirse el musulmán son:

o Dejar de cumplir con alguna de las obligaciones del Islam.
 
o Cometer alguno de los actos ilícitos y vedados por el Islam.
 
Cuando una persona caiga en alguna de estas faltas debe arrepentirse de inmediato, sea la hora que sea, pues uno nunca sabe cuando le llegará la hora de su muerte, sin olvidar que una mala acción trae o conlleva a otra, y por ello no debe dejar acumular sus faltas. Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {¡Oh, creyentes! Arrepentíos ante Al-lah en forma sincera, y vuestro Señor Borrará vuestras faltas } [Corán 66: 8] . Ibn Al Qaiem, que Al-lah le Perdone, dijo: “La sinceridad en el arrepentimiento consta de tres partes esenciales: Recordar todas las faltas para arrepentirse de ellas, que la determinación, para dejar de cometer faltas, vaya acompañada por la sinceridad y la veracidad, y dejar por completo los errores y las faltas; esto asegura que la persona se ha arrepentido de verdad”
 
· Hacer el Hayy o la ‘Umrah:
 
Estas dos formas de adoración coinciden con estos días, si se sigue la modalidad del Hayy que el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, hizo y aconsejó a sus Sahabah que hicieran. Además de que la peregrinación es un deber que tiene que cumplir todo musulmán y musulmana una vez en su vida, cuando cuenta con las condiciones para ello. El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, exhortó a que se realizara el Hayy y la ‘Umrah, por los grandes beneficios a los que se puede hacer acreedor quien los realice, los cuales lo harán merecedor de la gracia de Al-lah en ésta la Otra Vida.

· El Cumplimiento de las obligaciones:
 
Cuando decimos “el cumplimiento de las obligaciones”, nos referimos a que se deben hacer en sus tiempos establecidos, con todas las condiciones y características señaladas por la Sharia´h para su validez, y aplicando la Sunnah enseñada por el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, en cada una de ellas. Abu Huraira relató que el Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, dijo: “Al-lah, Bendito y Ensalzado sea, dijo: ‘Yo Declararé la guerra a quien dañe a un piadoso cercano a Mí. Ningún siervo se acerca a Mí con algo más querido que (el cumplimiento de) Mis mandatos a él. Y el siervo sigue acercándose a Mí, haciendo obras, además de las obligatorias, hasta que llego a Quererlo. Y si Yo lo Quiero: me Convierto en su oído, con el que oye, y me Convierto en su vista, con la que ve; y en su mano, con la que sujeta; y en su pierna, con la que camina. Si me pide (algo) le Daré con seguridad. Si me pide refugio se lo Daré con seguridad. Y no Hesito en Hacer nada tanto como Hesito al Tomar el alma de un creyente, pues él detesta la muerte y Yo Detesto verlo incómodo’” [Al Bujari].

La constancia en las obras de bien y el cumplimiento de las obligaciones son unas de las características del verdadero creyente, Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {Y que realizan las oraciones prescritas} [Corán 70: 34].

· Incrementar la realización de obras de bien:
 
Cierto es que la realización de obras de bien es algo que Agrada a Al-lah en cualquier tiempo del año y lugar; sin embargo, las que se hacen en estos días, los diez primeros de Dhul Hiyyah, son más apreciadas y mejor recompensadas. Así que, quien no tuvo la fortuna de hacer el Hayy, puede aprovechar su tiempo incrementando su adoración durante estos días, se recomienda hacer muchas oraciones, además de las obligatorias, leer el Corán, dar limosna, ser más benevolente y cariñoso con sus padres y familiares, etc. Recordemos que las obras voluntarias nos hacen merecedores del amor de Al-lah.

· Adh-Dhiker (invocación):
 
Pese a que Adh-Dhiker hace parte de las obras de bien, lo mencionamos por separado porque Al-lah, Altísimo, lo Especificó en está aleya (que se interpreta en español): {... y recuerden el Nombre de Al-lah en los días consabidos al sacrificar las reses del ganado que Él les Ha Proveído} [Corán 22: 28], y porque Su Mensajero, sallallahu ‘alaihi wa sallam, igualmente lo hizo cuando dijo: “… incrementad las veces que repetís el Tahlil (decir: La ilaha il-lal-lah), el Takbir (decir: Allahu Akbar) y el Tahmid (decir: Alhamdu lil-lah)”
 
·  Assiam (el ayuno):
 
Hafsa, que Al-lah Esté complacido con ella, dijo: “El Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, nunca dejó de hacer las siguientes cuatro acciones: El ayuno de ‘Ashura’ (décimo día del mes de Muharram), el ayuno en los diez días de Dhul Hiyyah, ayunar tres días de cada mes y hacer dos Raka’at antes del medio día”. Por supuesto que lo que solo se ayunan nueve días de los del mes del Hayy, pues el décimo es el del ‘Id, y es prohibido ayunar este día.

· Dedicarse al Takbir durante los días del ‘Id:
 
Es Sunnah que se haga el Takbir en todas partes, los hombres en voz alta mientras que las mujeres lo hacen con voz baja.

· El sacrificio:
 
Al-lah, Altísimo y Glorificado sea, le Ordenó a Su Mensajero, sallallahu ‘alaihi wa sallam, hacerlo, Dice (lo que se interpreta en español): {Reza, pues, a tu Señor y sacrifica [los animales en Su Nombre]} [Corán 108: 2]. En esta aleya encontramos dos actos que se deben realizar en este día, el décimo de Dhul Hiyya, el primero es la oración del ‘Id, y el segundo el sacrificio. Ibn Omar, que Al-lah, esté complacido con él, relató que el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, sacrificó animales en este día durante los diez años que residió en Medina.


Texto tomado de: www.islamweb.net

sábado, 5 de octubre de 2013

¿Acepta Dios el arrepentimiento de una persona cada vez que se arrepiente, aún si reincide en su pecado varias veces?


¿Cuántas veces perdona Dios un pecado? Si la persona se arrepiente y busca su perdón, pero luego recae y vuelve a cometerlo, entonces de nuevo pide perdón, pero lo comete nuevamente una y otra vez, ¿Lo perdonará Dios, o significa eso que no es sincero con Dios, especialmente si repite ese pecado al poco tiempo, pero no cesa de pedir perdón?
 
Allah dijo (traducción del significado):
 
“Aquellos que al cometer una obscenidad o iniquidad invocan a Allah pidiendo perdón por sus pecados, y no reinciden a sabiendas, sepan que sólo Allah perdona los pecados. Para ellos la retribución será alcanzar el perdón de su Señor y jardines por donde corren los ríos, en los que estarán eternamente. ¡Qué hermosa recompensa para quienes obraron correctamente!” (‘Ali  ‘Imrán 3:135-136).
 
Ibn Kázir dijo:
 
“Las palabras “y no reincidan a sabiendas” significan: que se arrepientan de sus pecados y que rápidamente vuelvan a Dios, que no persistan en ellos, sino que los abandonen, y que si lo hacen nuevamente, se arrepientan y vuelvan a Él”.
 
Tafsir Ibn Kázir, 1/408.
 
Se narró que Abu Hurairah dijo: “He oído al Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir: “Una persona comete un pecado y dice: “Oh, Señor mío, he pecado, perdóname”. Su Señor dice: ¿Está mi servidor reconociendo que tiene un Señor que perdona los pecados o castiga por ellos? Perdonaré a mi servidor”. Entonces pasa tanto tiempo como Allah quiere, y esa persona peca nuevamente, y dice: “Mi Señor, he pecado, perdóname”. Su Señor dice: “¿Está mi servidor reconociendo que tiene un Señor que perdona los pecados o castiga por ellos? Perdonaré a mi servidor”. Luego, pasa tanto tiempo como Allah quiere, entonces esta persona peca nuevamente y dice: “Señor mío, he pecado, perdóname”. Su Señor dice: “¿Está mi servidor reconociendo que tiene un Señor que perdona los pecados o castiga por ellos? Perdonaré a mi servidor” (tres veces).
 
Narrado por al-Bujari, 7507; Muslim, 2758.
 
An-Nawawi (que Allah tenga misericordia de él) incluyó este reporte bajo el título “Aceptación del arrepentimiento de los pecados, aún si los pecados y el arrepentimiento se suceden repetidamente”.
 
Él dijo en su exégesis:
 
“Ya hemos discutido este punto al principio del Libro del Arrepentimiento. Estos reportes claramente señalan eso, y aún si el pecado se repite cien veces o mil veces más, y la persona se arrepiente cada vez, su arrepentimiento será aceptado y su falta perdonada. Y si se arrepiente de una vez por todos ellos, su arrepentimiento será válido”.
 
Shárh Muslim, 17/75.
 
Ibn Ráyab al-Hánbali dijo:
 
‘Umar Ibn ‘Abd el-‘Azíz dijo: “Oh, gente, quien cometa un pecado, que busque el perdón de Dios y se arrepienta, y si lo repite, que busque el perdón de Dios y se arrepienta, si lo repite nuevamente, que busque el perdón de Dios y se arrepienta, porque esto (el pecado) es como una cadena alrededor del cuello del hombre, y la condenación yace en persistir en él”.
 
Lo que esto significa es que una persona inevitablemente cometerá los pecados que están decretados para esa persona, como el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Los hijos de tienen decretada una parte de la fornicación y esto inevitablemente les sucederá”. Pero Allah nos ha proveído una forma de salir de los pecados en lo que caigamos, Él los borra por medio de nuestro arrepentimiento y nuestra búsqueda de Su perdón. Si a alguien le sucede eso entonces escapará del mal de su pecado, pero si persiste en él, será condenado”.
 
Yâmi’ al-‘Ulúm al-Hakam, 1/165.
 
Aunque Allah detesta el pecado y nos advierte del castigo por él, Él no quiere que sus servidores desesperen de Su misericordia. A Dios le agrada que el pecador busque el perdón de Dios y se arrepienta ante Él, pero a Satanás le agrada cuando la desesperación gana el corazón de la persona y deja de arrepentirse y de volverse a Dios.
 
Le dijeron a al-Hásan al-Basrí: “¿No se sentiría uno de nosotros avergonzado ante su Señor de buscar el perdón por sus pecados y luego volver a cometerlo, luego buscar Su perdón nuevamente, y volver a cometerlo otra vez?”. Él dijo: “Satanás quisiera que tú sintieras de ese modo; nunca te desilusiones del perdón”.





Texto tomado de: www.islammessage.com

lunes, 19 de agosto de 2013

El buen trato a los padres (parte 3 de 3): incluso después de la muerte


El Islam es una religión de justicia y compasión. Enseña la moralidad y prohíbe la mala conducta. Un estatus especial ha sido otorgado a las personas mayores, ellos son tratados con respeto y dignidad. Los musulmanes son alentados a honrarlos, y esto es especialmente cierto cuando se trata del trato a los padres. Aunque la muerte puede tomarnos a cualquier edad, los padres son frecuentemente personas mayores y como tales requieren cuidado y atención especial. Aunque los rigores de la edad avanzada pueden causar que los padres sean exigentes, impacientes o petulantes, el musulmán aún está obligado a tratarlos con amabilidad y a cuidarlos amorosamente. Dios vinculó el honrar a los padres con el mandato de creer en el monoteísmo.

“Adorad a Dios y no Le asociéis nada. Sed benevolentes con vuestros padres, parientes, con los huérfanos, los pobres, vecinos parientes y no parientes, el compañero, el viajero insolvente y con lo que posee vuestra diestra. Dios no ama al arrogante jactancioso.” (Corán 4:36)

Uno de los compañeros del Profeta Muhammad le preguntó acerca de las buenas acciones que Dios más amaba. El Profeta respondió: “La oración ofrecida en su tiempo específico y honrar a los padres...” (Sahih Bujari)

Los dichos del Profeta Muhammad abundan con palabras de sabiduría acerca de la  obligación de ser obediente y amable con los padres. Una vez se oyó que él dijo:

“Que perezca, que perezca, que perezca”. Aquellos alrededor de él inmediatamente le preguntaron a quién se estaba refiriendo. El Profeta Muhammad replicó: “A aquel cuyos padres (uno o ambos) llegan a la vejez mientras él esté con vida y no entre al Paraíso (debido a su bondad hacia ellos)”. (Sahih Muslim) 

El respeto por los padres es la llave de las puertas del Paraíso. Aplicando los mandatos de Dios y dando a los padres el afecto y el amor debido, recibimos la recompensa de la eterna dicha.
 
Acciones beneficiosas

Hay muchas maneras en que un musulmán puede continuar honrando y respetando a los padres luego de su muerte. Puede orar y hacer súplicas a Dios para que sea misericordioso con ellos; él puede pagar cualquier deuda terrenal que ellos hayan acumulado o deudas debidas a Dios, tales como ayunar o hacer la peregrinación (Hayy) o también pueden dar caridad en su nombre. Mantener los lazos familiares y de amistad son también maneras de continuar mostrando amor y respeto a los padres luego de su muerte, y el Islam cuidadosamente muestra qué acciones de parte de los vivos pueden ser beneficiosas. El Profeta dijo:

“Cuando una persona muere, todas sus acciones llegan a un fin excepto tres: una caridad continua, un conocimiento beneficioso y un hijo recto que orará por él”. (At Tirmidhi)

Un hombre entre los compañeros le preguntó al Profeta Muhammad:

“¿Hay algo de la bondad que le debo a mis padres que pueda ofrecerles luego de su muerte?” Él contestó: “Si, cuatro cosas: orar y pedir perdón por ellos,  cumplir sus promesas, ser amable con sus amigos y mantener los lazos de familia que vengan sólo de su dirección”. (Ahmad, Abu Dawud e Ibn Mayah)

De esta forma, se entiende que la amabilidad y la gratitud que estamos obligados a mostrarles a nuestros padres deben ser continuadas incluso luego de su muerte. El  Profeta Muhammad también nos contó acerca de un hombre que alcanzó un lugar muy elevado en el Paraíso. El hombre se sorprendió y preguntó cómo había logrado tal posición. Le fue informado:

“Porque tu hijo oró por tu perdón”. (Ibn Mayah)
 
Las llaves del Paraíso

La vida en el siglo 21 es agitada, y con frecuencia estamos abrumados por preocupaciones mundanas, tanto así que tendemos a olvidar que la moral y los modales hacen gran parte de esta forma de vida que es el Islam. La amabilidad a los padres es una obligación y haremos bien en recordar y emular el comportamiento de los primeros musulmanes. Ellos mantenían a sus padres en alta estima, los amaban y apreciaban siguiendo los mandamientos de Dios, y sabían que el Paraíso realmente yacía a los pies de sus madres. Estas no eran sólo palabras para nuestros predecesores, ellas eran las llaves del Paraíso.

Como ejemplo podemos observar el comportamiento de Abdullah, el hijo de Omar Ibn Al Jattab. En el camino a La Meca, Abdullah se encontró a un beduino. Éste lo saludó con la paz, le dio a montar la montura que él llevaba y le dio el turbante que él había estado llevado sobre su cabeza. Uno de los compañeros de Abdullah comentó: “Que Dios te guíe, ellos son simplemente beduinos y se contentan con poco”. Abdullah contestó: “El padre de este hombre fue un amigo cercano de mi padre, y yo oí al Mensajero de Dios decir: “La mejor forma de honrar a los padres es mantenerse en contacto con los amigos de su padre”.

El Islam reconoce la importancia de la unidad familiar, y una buena y amorosa relación entre padres e hijos es esencial. Luego de Dios, nuestros padres merecen nuestra gratitud y obediencia. El musulmán debe mostrar bondad y misericordia hacia sus padres. Solo hay una excepción a esto, si los padres esperan que sus hijos asocien algo a Dios o que hagan algo no permitido para el Islam, entonces el hijo no debe obedecerles; sin embargo, nada remueve la obligación de ser amable y respetuoso con ellos.





Texto tomado de: www.islamreligion.com



El buen trato a los padres (parte 2 de 3): el valor de la maternidad: el Paraíso está a sus pies


En varios versículos del Corán, Dios deja claro que el deber, la amabilidad y la gratitud hacia los padres es una parte esencial del Islam. Sin embargo, las mujeres en el Islam, particularmente las madres, han sido destacadas con el mayor respeto y devoción. Dios Mismo nos dice de las privaciones relacionadas con la maternidad.

“Le hemos ordenado al hombre ser benevolente con sus padres. Su madre le lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia, y su destete es a los dos años. Sed agradecidos conmigo y con vuestros padres; y sabed que ante Mí compareceréis”. (Corán 31:14)

En el tiempo del Profeta Muhammad, un hombre pidió permiso para ir en una expedición militar. El Profeta le preguntó al hombre si tenía madre, cuando él dijo que sí, el Profeta Muhammad dijo: “Quédate con ella porque el Paraíso yace junto a sus pies” (Ahmad, An-Nasai). Qué maravillosa imagen invocan estas palabras: madres e hijos contemplándose los unos a los otros con amor y gratitud. Manos pequeñas cerradas dentro de manos más grandes. Una caricia en la cara en tiempos de estrés y enfermedad, o la calidez de la voz de una madre amorosa. Imágenes de madres alimentando y cuidando a sus hijos, en salud o en enfermedad, en buenos tiempos o en tiempos de prueba. El Paraíso yace a los pies de las madres; ¿pero qué significan exactamente estas palabras? Simplemente que las puertas del Paraíso están abiertas para aquellos que aprecian y respetan a sus madres.

El papel de la madre en la familia islámica es igualmente importante, o tal vez más, que el papel del padre, quien es el proveedor y el protector de la familia. No solamente experimenta las alegrías como de las dificultades del embarazo y de  dar a luz, sino que dedica toda su vida a criar y cuidar a sus hijos. Es su responsabilidad criarlos y educarlos para que sean seres humanos rectos y piadosos.  Ella cocina, limpia, alimenta y educa; ella también es responsable de su salud espiritual, emocional y física, y de su bienestar. En retribución, los hijos les deben a sus madres cuidado, amor, afecto, respeto y obediencia. La tarea que Dios les asignó a las madres es grande y a veces abrumadora. De acuerdo con esto, la recompensa para una madre recta es nada menos que el Paraíso, y en esta vida ella es estimada y honrada.
¿Quién es más digno de buena compañía?

En una Hadiz del Profeta Muhammad, un hombre vino a preguntarle: “¿Quién entre la gente es el más digno de mi buena compañía? El Profeta le dijo: “Tu madre”.  El hombre dijo: “¿Luego quién?” El Profeta dijo: “Luego tu madre”. El hombre volvió a preguntar: “¿Luego quién?” El Profeta dijo: “Luego tu madre”. El hombre volvió a preguntar: “¿Luego quién?” El Profeta respondió: “Luego tu padre”. (Sahih Al-Bujari, Sahih Muslim)

De solo estos dos dichos del Profeta Muhammad, somos capaces de entender la importancia de la madre en el Islam. Sin embargo, en estos días de materialismo es fácil olvidar que Dios nos pide honrar a nuestros padres, especialmente a nuestra madre. Algunas veces nos encontramos a nosotros mismos pronunciando palabras de desdén o quejándonos acerca de nuestros padres. Esta clase de comportamiento no es del Islam.

Dios nos recuerda que le Profeta Juan (conocido como el Bautista) era sumiso a sus padres, amándolos y obedeciéndolos. Él dijo:

“Cuando su hijo alcanzó la pubertad, [le dijimos:] ¡Oh, Juan! Aférrate al Libro [la Tora] con firmeza. Y le concedimos la sabiduría desde pequeño. Hicimos de él un joven clemente y puro, y fue piadoso, benevolente con sus padres, no fue soberbio ni desobediente”. (Corán 19:12-14)

Adicionalmente, en el Corán, podemos oír las palabras de Jesús; él se describe a sí mismo equiparando su obediencia a Dios con sus deberes hacia su madre, María.

“Entonces [Jesús] habló: Por cierto que soy el siervo de Allah. Él me revelará el Libro y hará de mí un Profeta. Seré bendecido doquiera que me encuentre, y me ordenará hacer la oración y pagar el Zakát mientras viva. Y me hará benevolente con mi madre. No dejará que sea soberbio ni insolente”. (Corán 19:30-32)

Tan ocupadas como nuestras vidas puedan ser, es de gran beneficio mirar atrás a las vidas de los Profetas y a nuestros predecesores virtuosos, para ver cómo ellos trataron a sus padres, particularmente a sus madres.
 
El comportamiento de los Compañeros

Abdullah Ibn Omar, un experto líder de entre los compañeros del Profeta Muhammad, una vez vio a un hombre llevando a su madre en su espalda y circunvalando la Casa Sagrada en La Meca.  Él no se quejaba ni mostraba ningún signo de molestia; en lugar de esto el seguía repitiendo una línea de poesía comparándose a sí mismo con un camello. El miró a Abdullah Ibn Omar y le preguntó si al hacer esto se liberaba de su deuda con su madre. Ibn Omar dijo: “No. Ni siquiera has pagado una punzada del dolor que ella sintió cuando te dio a luz”.

Otro compañero de los primeros días del Islam, Dhibyan Ibn Ali Az-Zowri, también solía viajar con su madre a La Meca. El viaje era largo y muy caluroso; al lado del camino durante sus viajes, cavaba un pequeño pozo y lo llenaba con agua fresca. Él entonces se volvería a su madre y decía: “Madre, siéntate en esta agua fresca para que te refresques”.

Los musulmanes que son obedientes a Dios nunca pueden ser desobedientes o irrespetuosos con sus padres. Una gran recompensa es ofrecida a aquellos que traten a sus padres, especialmente a sus madres, con afecto y gentileza, pero una severa advertencia es también dada. El peligro de ser irrespetuoso es ilustrado en el siguiente dicho del Profeta Muhammad:

Un hombre vino al Profeta Muhammad y dijo: “Un hombre joven  se encontraba agonizando y la gente le pedía que diga que no hay divinidad sino Dios, pero él es incapaz de hacerlo. El Profeta entonces preguntó: “¿Este hombre ofreció sus oraciones?” La respuesta fue sí. El Profeta entonces fue a ver al hombre y trató de alentarlo a decir que no hay divinidad sino Dios. Aun así éste era incapaz de pronunciar las palabras.  El Profeta Muhammad entonces llamó a la madre del hombre que moría, la madre a la que él había desobedecido persistentemente.

Cuando ella apareció, el Profeta le preguntó: “Respetada mujer, ¿es él tu hijo?” Ella contestó que sí. Entonces preguntó: “Respetada mujer, ¿si nosotros amenazáramos con arrojar a tu hijo dentro de un fuego rabioso, tú recomendarías que él fuera perdonado?” La mujer contestó que ella definitivamente pediría que él fuera perdonado. El Profeta entonces le dijo: “Entonces declara, haciendo a Dios y a mí tus testigos, que tú estás ahora complacida con él”. La anciana mujer de buena gana declaró: “Oh Dios, Tú y tu Profeta son mis testigos de que yo estoy complacida con este amado hijo mío”. El Profeta entonces se volvió hacia el hombre que moría y le pidió que recitara: “No hay divinidad sino Dios, Él es el Único y no tiene socio, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Su mensajero”.  (At Tabarani, Ahmad)

Debido al perdón de su madre, el hombre fue capaz de recitar las palabras que, por la Gracia y la Misericordia de Dios, pudieron haberle permitido entrar al Paraíso. El buen trato a los padres puede ser la llave para el Paraíso; por otra parte, el mal comportamiento hacia ellos puede resultar en el castigo en el fuego del Infierno.





Texto tomado de: wwwislamreligion.com

El buen trato a los padres (parte 1 de 3): deber y devoción

Si usted escribe las palabras, “amabilidad con los padres” (en inglés) en Google, seis de los primeros diez resultados son artículos islámicos resaltando la importancia de ser obedientes y amables con los padres. ¿Por qué? El Islam es una religión que hace énfasis en las cualidades de misericordia, tolerancia y respeto. Dios ha ordenado el buen trato a los padres y nos advierte contra el hecho de tratarlos irrespetuosamente.  Hay varios versos en el Corán donde la amabilidad con los padres es incluso equiparada con el aspecto más importante del Islam: adorar sólo a Dios. Esto indica que ser amables con los padres, honrarlos y respetarlos, es extremadamente importante en la forma de vida del Islam.

“Tu Señor ha ordenado que no adoréis sino a Él y que seáis benévolos con vuestros padres. Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez, no seáis insolentes con ellos y ni siquiera les digáis: ¡Uf! Y háblales con dulzura y respeto.” (Corán 17:23)

Ninguna palabra irrespetuosa debe ser pronunciada hacia un padre, ni siquiera una mirada de resentimiento o desprecio. Honrar a los padres puede ser considerada una forma de adoración si la intención es complacer a Dios Todopoderoso al respetar Sus órdenes.

Dios continúa este verso recordándonos que los padres son merecedores de amabilidad, porque ellos criaron a sus hijos con misericordia y con frecuencia hicieron grandes sacrificios por su bienestar. El uso de la palabra “ala” invoca la imagen de un ave protegiendo a sus crías, y trae a la mente la compasión que los padres tienen para con sus hijos.

“Baja sobre ellos el ala de la humildad que viene de la misericordia, y ruega: ¡Oh, Señor mío! Ten misericordia de ellos como ellos la tuvieron conmigo cuando me educaron siendo pequeño”. (Corán 17:24)

El amor y  la misericordia que emanan del Dios Más Misericordioso, se manifiestan en el trato amable existente entre los padres y sus hijos. Dios claramente prohíbe el maltrato a los padres, y en otro verso del Corán se suman la necesidad de mostrar gratitud a Él, nuestro Creador, así como a nuestros padres. De nuevo, Dios claramente vincula los derechos debidos a Él y los derechos debidos a los padres.

“Le hemos ordenado al hombre ser benevolente con sus padres. Su madre le lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia, y su destete es a los dos años. Sed agradecidos conmigo y con vuestros padres; y sabed que ante Mí compareceréis”. (Corán 31:14)

El Profeta Muhammad reforzó el deber de ser amable con los padres. Un compañero del Profeta una vez le preguntó cuál de las muchas buenas acciones que un hombre puede hacer es la más amada por Dios. El Profeta Muhammad le respondió diciendo: “Ofrecer la oración a su debido tiempo”.  El compañero luego le preguntó: “¿Y cuál le sigue?”, a lo cual el Profeta replicó: “El ser bueno y obediente con tus padres…”.  La responsabilidad de ser amable y bueno con los padres viene justo después del más grande deber en el Islam: la oración.
Más que bondad

La palabra árabe que es usada en el Corán y en las narraciones del Profeta Muhammad para denotar esta amabilidad con los padres es birr, y frecuentemente es traducida como bondad. Sin embargo, como es el caso con la mayoría de las palabras árabes, una traducción directa al español con frecuencia falla al explicar la verdadera profundidad del significado. Birr no sólo significa bondad; también contiene sombras de significado que indican amabilidad, compasión, respeto e incluso paciencia. El Islam, la forma de vida, acompasa todas esas cualidades, y los musulmanes deben esforzarse en modelar este comportamiento en todos los tratos, particularmente en la relación entre los padres y los hijos.

Los padres cuidan y alimentan a sus hijos durante toda su vida, pero en un punto este deber se invierte, los padres se vuelven ancianos y débiles, y son ellos los que entonces necesitan de este cuidado y alimentación. El hijo está obligado a cuidar a los padres mostrando todas las cualidades de birr y sabiendo que la recompensa por ello está con Dios. El Profeta Muhammad dijo: “Si alguien posee las siguientes tres características Dios lo agraciará con una muerte sin dolor y lo llevará a Su Paraíso: gentileza hacia el débil, afecto hacia los padres y amabilidad con los sirvientes”.
 

La devoción de un hombre

Abu Hurairah fue un compañero cercano del Profeta Muhammad; él es recordado por transmitir muchos de los dichos del Profeta. La vida de Abu Hurairah también contiene muchas demostraciones de su amor y su devoción por su madre. Cuando él primero acogió el Islam, ningún ruego pudo convencer a su madre de hacer lo mismo. Llorando y asustado, Abu Hurairah se aproximó al Profeta y le rogó que hiciera una súplica a Dios pidiéndole guía para su madre. El Profeta Muhammad aceptó su solicitud y en un muy corto periodo de tiempo la madre de Abu Hurairah pronunció estas palabras: “No hay Dios sino Allah y Muhammad es su siervo y su Mensajero”, aceptando de esa forma el Islam.

A lo largo de su vida, Abu Hurairah fue amable y cortés con su madre. Cuando quería salir del hogar, se paraba en la puerta de la habitación de ella y decía: “La paz sea contigo, madre, y la misericordia y las bendiciones de Dios”. Ella contestaba: “Y sobre ti sea la paz, hijo mío, y la misericordia y las bendiciones de Dios”. Él también decía: “Que Dios tenga misericordia de ti, pues tú cuidaste de mí cuando yo era pequeño”; a lo que ella respondía: “Que Dios tenga misericordia de ti, pues tú me salvaste del error cuando yo era anciana”.

Abu Hurairah siempre alentó a otras personas a ser amables y buenos con sus padres. Una vez vio a dos hombres caminando juntos y le preguntó al más joven:  “¿Quién es este hombre para ti?”; a lo que el joven respondió: “Es mi padre”.  Abu Hurairah le aconsejó: “No lo llames por su nombre, no camines delante de él y no te sientes antes de que él lo haga”.

Esta gentileza y afecto entre Abu Hurairah y su madre nos enseña que el respeto mutuo  y el amor son un deber. El musulmán debe mostrar respeto hacia los padres incluso si ellos no son musulmanes, y el más grande amor que puede mostrar hacia ellos es suplicarle a Dios con la esperanza de que los guíe hacia el Islam. En el tiempo del Profeta, muchos de aquellos que acogieron el Islam se encontraron con que este entraba en conflicto con las creencias y las solicitudes de sus padres, pero ellos fueron enseñados a ser amables y a obedecer a sus padres, excepto si los padres les pedían que desobedecieran a Dios.

“Si vuestros padres se esfuerzan por hacer que Me asociéis copartícipes [en la adoración] no les obedezcáis, pues es sabido que carecen de fundamento válido, pero tratadles con respeto. Seguid el camino de los piadosos, pues ante Mí compareceréis y os informaré de lo que hacíais”. (Corán 31:15)

Ser sumisos con los padres, obedecerlos y tratarlos con amabilidad está incrustado en las enseñanzas del Islam; sin embargo, la obediencia a Dios es siempre el primer y más importante deber del musulmán.





Texto tomado de: www.islamreligion.com

jueves, 6 de junio de 2013

La vida después de la Muerte (parte 2 de 2): Los beneficios de la creencia


El Corán describe los estados que pasamos en esta vida mundana como una preparación para la vida eterna después de la muerte.  Sin embargo aquéllos que niegan que exista la otra vida se vuelven esclavos de sus pasiones y deseos, y se burlan de las personas temerosas y conscientes de Dios.  Tales personas sólo comprenden su necedad en el momento de su muerte y desean en vano que les sea dada una oportunidad nueva en este mundo.  Su estado es miserable en el momento de muerte, el horror del Día del Juicio, y la felicidad eterna garantizada por Dios a los creyentes sinceros es mencionada en los siguientes versículos del Corán.

“AQUELLOS que no creen en la Otra Vida, siguen engañándose a sí mismos hasta que, cuando le llega a uno de ellos la muerte, implora: ‘¡Oh Sustentador mío!  ¡Déjame volver, déjame volver [a la vida], para que pueda obrar rectamente allí donde [antes] fracasé!’  Son sólo palabras [vanas] que dice: pues detrás de esos [que dejan el mundo] hay una barrera [de muerte] hasta el Día en que sean todos resucitados.  Entonces, cuando se sople la trompeta [de la resurrección], no existirán entre ellos lazos de parentesco en ese Día, ni se preguntarán unos por otros.  Y aquellos cuyo peso [de buenas acciones] sea grande en la balanza, esos habrán alcanzado la felicidad; mientras que aquellos cuyo peso sea leve en la balanza, esos son los que se habrán malogrado a sí mismos, [y los que] residirán en el infierno: el fuego les chamuscará el rostro, y allí permanecerán, contraídos sus labios por el dolor.” (Corán 23:99-104)

La creencia en la vida después de la muerte no sólo garantiza el éxito en el más allá, sino que también hace en este mundo alcanzar la paz y la felicidad.  Esto ha terminado haciendo a los individuos sumamente responsables y obedientes en sus actividades debido a su temor de Dios: el miedo a Su castigo y la esperanza de Su recompensa.

Pensemos en las personas de la antigua Arabia.  Luchar por los feudos tribales, pillar y asesinar eran los rasgos principales de su sociedad cuando no tenían ninguna creencia en la  vida después de la muerte.  Pero en cuanto ellos aceptaron la creencia en un único Dios y en la vida después de la muerte, se volvieron una nación disciplinada.  Dejaron sus vicios, se ayudaron mutuamente en horas de necesidad, y resolvieron todas sus disputas en base a la justicia y la igualdad.  De manera semejante, el rechazo de la creencia en la vida después de la muerte no sólo tiene consecuencias en el más allá, sino también en este mundo.  Cuando una nación la niega en conjunto, todos los tipos de mal y corrupción se aceleran desenfrenados en esa sociedad y finalmente ésta alcanza su autodestrucción.  El Corán menciona el fin terrible de las naciones de 'Aad, Zamud y el Faraón con no poco detalle:

“¡[LAS TRIBUS de] Zamud y Aad desmintieron [los anuncios de] esa calamidad repentina!  En cuanto a los Zamud –fueron destruidos por un violento temblor [de tierra]; y los Aad –fueron destruidos por un rugiente vendaval, que Él desató contra ellos durante siete noches y ocho días sin parar, hasta que al final podía verse a aquella gente tendida [sin vida], como troncos huecos de palmera [arrancados]: ¿y ves ahora rastro alguno de ellos?  Y también Faraón, y [muchos de] los que vinieron antes de él, y las ciudades que fueron vueltas del revés --[todos ellos] incurrieron en pecado tras pecado y se rebelaron contra los

enviados de su Sustentador: ¡y entonces Él los agarró con una presa sumamente severa!  [Y] en verdad: cuando las aguas [del diluvio] desbordaron todos los límites, fuimos Nosotros quienes os transportamos [a lugar seguro] en aquel arca flotante, para hacer de todo esto un recordatorio [perdurable] para todos vosotros, y para que todo oído atento lo retuviera conscientemente.

¡[Tened presente,] pues, [la Última Hora,] cuando se haga sonar la trompeta [del Juicio] con un solo trompetazo, y la tierra y las montañas sean alzadas y pulverizadas de un solo golpe!  Ese Día habrá ocurrido lo que ha de ocurrir; y el cielo se partirá en pedazos -- pues ese Día lo hará quebradizo--; y los ángeles [aparecerán] en sus extremos, y, sobre los, ocho portarán en alto ese Día el trono de la omnipotencia de tu Sustentador...  Ese Día se os hará comparecer: ni [siquiera] el más secreto de vuestros actos quedará oculto.

Aquel cuyo registro le sea entregado en su mano derecha, exclamará: “¡Venid todos!  ¡Leed mi registro!  ¡En verdad, sabía que tendría que enfrentarme [un día] a mi cuenta!”  Gozará, entonces, de una existencia placentera, en un paraíso elevado, cuyos frutos estarán al alcance de la mano.  [Y se dirá a todos esos bienaventurados:] ‘¡Comed y bebed complacidos por todo lo [bueno] que adelantasteis en días pasados!”  Pero aquel cuyo registro le sea entregado en su mano izquierda, exclamará: “¡Ojalá no me hubiera sido mostrado mi registro, (26) ni hubiera conocido mi cuenta!  ¡Ojalá esta [muerte mía] hubiera sido el fin de mí!  ¡De nada me sirve cuanto he poseído, [y] se ha desvanecido mi poder de argumentar!’” (Corán 69:4-29)

Hay razones muy convincentes para creer en la vida después de la muerte.

Primero, todos los profetas de Dios han llamado a sus pueblos a creer en ello.

Segundo, siempre que una sociedad humana se construyó en base a esta creencia, su forma ha sido la de la sociedad más ideal y pacífica, libre de los males de la inseguridad y la falta de moral.

En tercer lugar, la historia atestigua que siempre que esta creencia se rechazó colectivamente por un grupo de personas a pesar de la advertencia repetida de su Profeta, el grupo fue castigado en su conjunto por Dios, incluso en este mundo.

Cuarto, los medios morales, estéticos y racionales del hombre sustentan la posibilidad de la vida después de la muerte.

Quinto, los atributos de Dios de Justicia y Misericordia no tienen ningún significado trascendente si no hay vida después de la muerte.


Texto tomado de: www.islamreligion.com

La vida después de la Muerte (parte 1 de 2): Un Argumento


La pregunta sobre si hay vida después de que la muerte o no la hay; no entra en el campo de la ciencia, porque la ciencia sólo se preocupa por la clasificación y análisis de datos comprobables por su método. Es más, el hombre ha estado ocupado con el método científico y ha investigado, en el sentido moderno del término, sólo durante los últimos siglos, mientras se ha estado familiarizando con la idea de vida después de la muerte desde tiempos inmemoriales. Todos los profetas de Dios llamaron a sus seguidores a rendir culto a Dios y creer en la vida después de la muerte. Ellos pusieron tanto énfasis en la creencia en la vida después de la muerte que incluso una ligera duda acerca de la realidad de esta afirmación parece implicar la negación de Dios. Los profetas de Dios han venido y se han ido, si bien todos los Profetas tuvieron una vida acotada y luego dejaron este mundo, su mensaje ha perdurado por miles de años. Es un hecho que los Profetas no pudieron conocer nada de sus mensajes por medio del método científico, sino que la verdad les llegaba por otro camino: La revelación divina. 

Sabemos también que estos profetas de Dios encontraron oposición en muchas personas, principalmente a la creencia de la resurrección a la vida una que vez que la persona ha muerto, porque pensaban que eso no era posible. Pero a pesar de esta oposición, los Profetas ganaron muchos seguidores sinceros. Se impone entonces preguntarse por qué mientras algunas personas intentaban desmentir a los Profetas, otros les creyeron. ¿Qué los llevó a rechazar las creencias establecidas, tradiciones y costumbres de sus antepasados, al punto de que estos seguidores de los Profetas se arriesgaron a ser totalmente expulsados de su propia comunidad? La respuesta simple es que ellos hicieron uso de sus facultades de mente y corazón, y comprendieron la verdad.  ¿Ellos comprendieron la verdad a través de experimentos? No, esto no es posible, porque experiencia de la vida después de que la muerte es imposible, al menos hasta que llega la muerte.

En realidad, Dios ha dado al hombre, además de la conciencia perceptora, la conciencia racional, estética y ética. Es esta conciencia que guía al hombre con respecto a las realidades que no pueden verificarse a través de los datos que perciben nuestros sentidos. Por eso todos los profetas de Dios, mientras llamaban a las personas para creer en Dios y la vida eterna, han activado los aspectos estéticos, morales y racionales del hombre. Por ejemplo, cuando los idólatras de La Meca negaron la posibilidad de la vida después de la muerte, el Corán expuso la debilidad de su posición presentando argumentos lógicos y racionales:

“¡Y [ahora argumenta acerca de Nosotros!, y piensa de Nosotros en términos de comparación ¡Olvidándose de cómo él mismo fue creado! [Y así] dice: “¿Quién dará vida a unos huesos convertidos en polvo?”  Di: “Aquel que los creó por vez primera les dará vida [de nuevo], ya que Él conoce bien cada [aspecto de la] creación: Aquel que del árbol verde produce para vosotros fuego, pues, ¡he ahí! que encendéis [vuestros fuegos] con él. ¿No es, acaso, Aquel que ha creado los cielos y la tierra capaz de crear [de nuevo] algo como esos [que han muerto]?” (Corán 36:78-81)

En otra ocasión, el Corán dice muy claramente que los incrédulos no tienen ninguna base legítima para su rechazo de la creencia en la vida después de la muerte. La cual han basado en la pura conjetura irracional:

“Y no obstante dicen: “No hay nada después de esta vida nuestra. Morimos como hemos nacido, y sólo el tiempo nos destruye. Pero de esto no poseen el menor conocimiento: no hacen sino conjeturar. Y [así,] cuando les son transmitidos Nuestros mensajes con toda su claridad, su único argumento es:

“¡Traed [por testigos] a nuestros antepasados, si es verdad lo que decís!” (Corán 45:24-25)

Dios resucitará a todo quien haya muerto, pero no a nuestro antojo o para nuestra curiosidad ociosa en el mundo terrenal; Dios tiene Su propio plan. Vendrá un día en que el universo entero se destruirá, y entonces se presentará el muerto resucitado para estar de pie ante Dios. Ese día será el principio de la vida que nunca acabará, y ese Día, a cada persona se la premiará según sus actos buenos y malos.

La explicación que el Corán da sobre la necesidad de la vida después de que la muerte es eso que la conciencia moral del hombre demanda de él. Realmente, si no hay ninguna vida después de la muerte, la misma creencia en Dios tambalearía, o, aun creyendo, sería evidente que el Altísimo sería un inicuo y un Dios indiferente. Habría sido un Dios que creó al hombre, sólo para ser después de esto indiferente con su destino.  Ciertamente, Dios no es así.  Él castigará a los tiranos por sus crímenes: ¿acaso alguien habiendo matado inocentes, sembrado la corrupción en la sociedad, esclavizado a la gente para servir sus antojos y otras maldades no será castigado? Tenemos una experiencia de vida muy breve en este mundo, y este mundo físico tampoco es eterno, los castigos o premios en proporción a los hechos malos o nobles de personas no son posibles aquí. La persona premiada por su bondad no vive lo suficiente como para gozar de la inmensa recompensa que Dios le reserva, y los malvados no viven lo suficiente para recibir un castigo equivalente al perjuicio que han provocado. El Corán expone  muy enfáticamente que el Día de Juicio deberá inexorablemente llegar, y Dios decidirá sobre el destino de cada alma según las obras que ésta realizó:

“Pero a los que luchan contra Nuestros mensajes, queriendo frustrar su propósito, les aguarda un doloroso castigo por [su] vileza. Y LOS QUE han sido dotados de conocimiento [innato] saben bien que lo que se ha hecho descender sobre ti por tu Sustentador es ciertamente la verdad, y que guía al camino que lleva al Todopoderoso, Aquel que es digno merecedor de toda la  alabanza.” (Corán 34:3-5)

El Día de Resurrección será el Día cuando los atributos de Dios de Justicia y Misericordia serán manifestados con todo su esplendor. Dios derramará Su misericordia sobre aquéllos que sufrieron por Su causa en su vida mundanal, y estaban aguardando confiados que una recompensa eterna estaba esperándolos.  Pero aquéllos que abusaron de las libertades otorgadas por Dios, y no hicieron nada para lograr el éxito en la vida del más allá, estarán en el estado más miserable. Dibujando una comparación entre ellos el Corán dice:

“¿Puede, acaso, compararse a alguien a quien hemos hecho una hermosa promesa, que verá cumplida [a su resurrección]62 con uno al que hemos dado [todos] los goces de esta vida pero que, en el Día de la resurrección, estará entre los que habrán de comparecer [ante Nos]?” (Corán 28:61)


Texto tomado de: www.islamreligion.com

miércoles, 22 de mayo de 2013

La disputa de la Noble Corte de ángeles


Los ángeles debaten entre ellos asuntos de la revelaciónde su Señor que no tienen claros. 

En Sunan At Tirmidhi y en el Musnad del Imam Ahmad se narra que Ibn Abbas comentó que el Mensajero de Allah (salla llahu alaihi wa sallam) dijo: "Anoche mi Señor, Alabado y Enaltecido sea, vino a mí en la forma más bella y, creo que dijo, en un sueño: 'Oh Muhammad, ¿sabes sobre lo que están discutiendo la Noble Corte de ángeles?'. Y yo le dije 'No'. Él puso Su mano entre mis hombros, hasta que pude sentír su frescura en mí pecho, y supe lo que pasaba en los cielos y lo que pasaba en la tierra. Entonces Él dijo: 'Oh Muhammad, ¿sabes sobre lo que están debatiendo la Noble Corte de ángeles?'. Y yo dije> 'Si, sobre las expiaciones y acciones que elevan el rango de una persona. Las expiaciones se alcanzan permaneciendo en la mezquita despu[es de la oración, después de haber caminado para unirse a las plegarias colectivas y después de las abluciones que se hacen correctamente en los momentos de dificultad. Las acciones que elevan el rango de una persona son: difundir los saludos de paz (Salam), alimentar a la gente, y rezar por la noche mientras los demás duermen'. Él dijo: 'has dicho la verdad, quienquiera que haga esto vivirá virtuosamente y morirá virtuosamente, y estará libre de sus pecados como el dóa en que su madre le dio a luz. ¡Oh Muhammad! cuando reces, dí: ¡Oh Allah ! te ruego poder hacer el bien, evitar las malas acciones, y amar a los pobres. Perdóname y apiadate de mí, y acepta mi arrepentimiento. Y si has de cernir sobre Tus siervos la sedición, tomame a Tu lado, es decir, sin que la sedición me alcance'.
 
(Sahih Sunan At Tirmidhi, 3/9, num 2580, 2581)





Texto tomado del libro: El Mundo de los Ángeles del Shaij Omar S. Al Ashqar

lunes, 20 de mayo de 2013

Ideas erróneas sobre Allah (parte 3 de 3): ¿El dios luna?!


La gente mal informada a veces se refiere a Allah como una interpretación moderna de un antiguo dios de la luna. Esta es una tergiversación del concepto de Allah que suele combinarse con extrañas afirmaciones sin fundamento sobre que el Profeta Muhammad, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, revivió a esta deidad y la hizo el punto central de la religión del Islam. Esto es categóricamente falso. Allah es Dios, el Uno, el Único, el Más Misericordioso. Allah es el Dios de Abraham, de Moisés y de Jesús.

“Ésta es la auténtica verdad. No hay otra divinidad excepto Allah. Allah es el Poderoso, el Sabio”. (Corán 3:62)

Se sabe muy poco sobre la religión de los árabes antes del Profeta Abraham. No hay duda de que los árabes adoraban ídolos, cuerpos celestes, árboles y piedras, y que algunos de sus ídolos incluso tenían características animales. A pesar de que una serie de deidades menores por toda la Península Árabe pudieron estar asociadas con la luna, no hay evidencia de que los árabes alguna vez hayan adorado a la luna como uno de sus dioses.

Por otra parte, existe evidencia de que el sol, constituido como deidad femenina, fue adorado por toda Arabia. El Sol (Shams) fue honrado por muchas tribus árabes con santuarios e ídolos. El nombre Abdu Shams (siervo del sol) se encontraba en muchas partes de Arabia. En el norte, el nombre imru-sh-Shams (hombre del sol) era común, y el nombre Abd-al-Sharq (siervo del que se levanta) es evidencia de adoración al sol naciente.

Uno de los tíos del Profeta Muhammad fue llamado Abdu Shams, así mismo lo fue quien después fue apodado Abu Hurairah, un renombrado erudito islámico de la primera generación de musulmanes. Cuando Abu Hurairah se convirtió al Islam, el profeta Muhammad cambió su nombre a Abdu Rahman (siervo del Más Misericordioso).

Los musulmanes creen con toda seguridad que, desde el inicio de la creación, Allah ha enviado Profetas y Mensajeros para guiar y enseñar a la humanidad. Por lo tanto, la religión original de la humanidad fue la sumisión a Dios. Los primeros árabes adoraban a Allah, sin embargo, con el pasar del tiempo, su adoración se corrompió por ideas humanas y supersticiones. La razón de esto está envuelta en las brumas del tiempo, pero ellos debieron haber caído en la práctica de la idolatría en buena parte como lo hizo el pueblo del Profeta Noé.

Los descendientes del Profeta Noé fueron una comunidad que creían en la Unidad y Unicidad de Allah, pero la confusión y la desviación germinaron entre ellos. Los hombres rectos trataron de recordarle a la gente sus obligaciones con Allah, pero el tiempo pasó y Satanás vio la oportunidad de llevar a la gente por el mal camino. Cuando los hombres rectos murieron, Satanás le sugirió a la gente que construyeran estatuas de esos hombres para ayudarse a recordar sus obligaciones con Allah.

 “Los nombres (de los ídolos) pertenecían a algunos de los hombres piadosos del pueblo de Noé, y cuando murieron Satanás inspiró a su pueblo a preparar y colocar ídolos en los lugares donde ellos solían sentarse, y a llamar a esos ídolos por sus nombres. La gente así lo hizo, pero los ídolos no fueron adorados hasta que la gente (que los levantó) hubo muerto y el origen de los ídolos se hizo oscuro, de modo que la gente comenzó a venerarlos”.

Cuando el Profeta Abraham y su hijo Ismael reconstruyeron la Casa Sagrada de Allah (la Kaaba) muchos de los árabes siguieron este ejemplo y regresaron a la adoración del Dios Único, sin embargo, con el paso del tiempo, los árabes cayeron en su antiguo hábito de adorar ídolos y semidioses. No hay duda, y mucha evidencia lo sugiere, que en los años entre los Profetas Abraham y Muhammad la religión de la Península Árabe llegó a ser dominada por la adoración a los ídolos.

Cada tribu o familia tenía ídolos y estatuas, los árabes creían en videntes, utilizaban flechas adivinatorias para pronosticar el futuro y realizaban sacrificios de animales y rituales en nombre de sus ídolos. Se dice que los principales ídolos del pueblo de Noé fueron hallados enterrados en el área de lo que hoy día es Yeda, en Arabia Saudita, y distribuidos entre las tribus árabes. Cuando el Profeta Muhammad regresó triunfante a La Meca, la Kaaba contenía más de 360 ídolos diferentes.

Los ídolos más conocidos entre los que existieron en la Arabia preislámica son Manat, Al Lat, y Al Uzza. No hay evidencia que conecte a ninguno de estos ídolos con la luna o con un dios lunar. Los árabes adoraban estos ídolos y los invocaban para pedirles intercesión. Allah repudió esta falsa adoración de ídolos.

“¿Cómo es que adoráis a Lat, a ‘Uzza y a Manat? Preferís para vosotros los hijos varones y atribuís a Allah hijas mujeres [pues los idólatras creían que los Ángeles eran hijas de Allah]. Ciertamente ello es una pretensión injusta. [Estos tres ídolos] Son sólo nombres que vosotros y vuestros padres habéis inventado, y Allah no os dio autoridad alguna para ello. Ciertamente [estos idólatras] siguen sólo suposiciones impulsados por sus propias pasiones, a pesar de haberles llegado la guía de su Señor”. (Corán 53:19-23)

En medio del paganismo y el politeísmo abrumadores, los árabes preislámicos nunca llamaron a un dios lunar como deidad suprema, de hecho, no existe evidencia de que alguna vez hayan adorado a un dios lunar. Por generaciones, ellos no perdieron su creencia en el Único, el Supremo Gobernador del universo (aunque la mayor parte del tiempo tuvieron un concepto erróneo sobre Allah). Eran conscientes de Sus bendiciones y de Su castigo, y creían en el Día del Juicio. Los poetas de la época hacían referencia a Allah con regularidad.

Nabigha, un reconocido poeta del siglo V d.C. dijo: “Tomé un juramento y no dejé margen de duda de que nadie puede apoyar al hombre excepto Allah”; y Zuhair b. Abi Salma afirma su fe en el Día del Juicio diciendo: “Las obras son registradas en el rollo que será presentado en el Día del Juicio; la venganza también puede ser tomada en este mundo”. El Corán también testifica el hecho de que los árabes preislámicos conocían a Allah –Dios– el Único.

“Si les preguntas [¡oh, Muhammad! a los idólatras] quién creó los cielos y la Tierra, y sometió el Sol y la Luna, responderán: ¡Allah! ¿Cómo, entonces, es que se desvían? Allah concede abundante sustento a quien quiere de Sus siervos y se lo restringe [a quien Le place]. Ciertamente Allah tiene el conocimiento de todas las cosas. Si les preguntas [¡oh, Muhammad! a los idólatras] quién hace descender agua del cielo con la que vivifica la tierra seca, responderán: ¡Allah! Di: ¡Alabado sea Allah! La mayoría [de los hombres] no razonan”. (Corán 29:61-63)





Texto tomado de: www.islamreligion.com

Ideas erróneas sobre Allah (parte 2 de 3): Allah, el Uno y el Único


Allah es Dios. Él es a quien acudes en tu momento de necesidad. Él es aquel a quien agradeces cuando los milagros de la vida se evidencian. Allah es una palabra que contiene muchos significados. Es el nombre de Dios (el Dueño del universo) y es el fundamento de la religión del Islam. Él es Allah, el Único merecedor de toda adoración.

“Originador de los cielos y de la Tierra. ¿Cómo podría tener un hijo si no tiene compañera y Él es Quien ha creado todo? Él tiene conocimiento de todas las cosas. ¡Ése es Allah, vuestro Señor! No hay más divinidad que Él, Creador de todas las cosas. Adoradlo, pues. Él es el protector de todas las cosas. No puede ser visto [en esta vida], pero Él sí puede ver [a Sus siervos]; y Él es Sutil y está informado de cuánto hacéis”. (Corán 6:101-103)

En el idioma árabe, la palabra para Dios (Allah) proviene del verbo ta’al-laha (o ilaha), que significa “ser adorado”. Por lo tanto, Allah significa “el Uno, quien merece toda adoración”.

Allah es Dios, el Creador y Sustentador del mundo, pero surgen diferencias y confusiones debido a que la palabra dios en español puede ser plural (dioses) o cambiar de género (diosa), y puede ir con mayúscula o con minúscula, cambiando su significado. Este no es el caso en el árabe. La palabra Allah es única, no tiene plural, no tiene género, y en árabe no hay mayúsculas y minúsculas. El uso de las palabras Él o Suyo sólo son gramaticales y en ninguna forma indican que Allah tenga alguna forma de género que sea comprensible para nosotros. Allah es único. En idioma árabe, Su nombre es inmutable. Allah se describe a Sí mismo en el Corán:

“Di [¡oh, Muhammad!]: Él es Allah, la única divinidad. Allah es el Absoluto [de Quien todos necesitan, y Él no necesita de nadie]. No engendró ni fue engendrado. Y no hay nada ni nadie que se asemeje a Él”. (Corán 112:1-4)

Este breve capítulo del Corán es conocido como el capítulo de la pureza o de la sinceridad. En apenas unas pocas palabras, resume el sistema de creencia del Islam: que Allah o Dios es Uno. Él está solo en Su majestad, Él está solo en Su omnipotencia, Él no tiene socios o asociados. Él estaba en el principio y estará en el final. Dios es Uno. Algunos podrían preguntar: “Si Dios es Uno, ¿por qué el Corán utiliza la palabra Nosotros?”

En el idioma español, entendemos el uso del “nosotros” en la construcción gramatical conocida como plural mayestático (del latín pluralis maiestatis o plural de majestad). Muchos otros idiomas utilizan también esta construcción, incluyendo el árabe, el hebreo y el urdu. Escuchamos miembros de varias familias de la realeza o dignatarios utilizando la palabra “nosotros”, como en “nosotros decretamos”, o “no nos hizo gracia”. Esto no indica que haya más de una persona hablando, sino que denota la excelencia, el poder o la dignidad de quien habla. Cuando tenemos este concepto en mente, es obvio que nadie merece el uso del nosotros de realeza más que Allah – Dios.

“Éste es el Libro que te hemos revelado para que saques a los hombres de las tinieblas a la luz...”. (Corán 14:1)

“Por cierto que hemos honrado a los hijos de Adán, y les hemos facilitado los medios para transitar por la tierra y por el mar; les hemos proveído de cosas buenas y los hemos preferido por encima de muchas otras criaturas”. (Corán 17:70)

“Si quisiéramos, borraríamos todo lo que te hemos revelado [de los corazones de los hombres y de los Libros], y entonces no encontrarías quien se encargara de revelártelo nuevamente”. (Corán 17:86)

“¡Oh, hombres! Si tenéis dudas de que tenemos poder para resucitaros, sabed que Nosotros hemos creado [a Adán] de barro...”. (Corán 22:5)

El respetado erudito islámico del siglo XIII, Sheij Al Islam Ibn Taimia, dijo: “Cada vez que Allah utiliza el plural para referirse a Sí mismo, se basa en el respeto y el honor que Él se merece, en el gran número de Sus nombres y atributos, y en el gran número de Sus tropas y ángeles”.

El uso de las palabras “nosotros” (nahnu) o “verdaderamente nosotros” (inna) de ningún modo indican que hay más de un Dios. No tienen ninguna correlación con el concepto de una trinidad. Todo el fundamento de la religión islámica descansa sobre la creencia de que sólo hay Un Dios, y que Muhammad es Su último Mensajero.

“Vuestra divinidad es Única, no hay otra salvo Él, Clemente, Misericordioso”. (Corán 2:163)





Texto tomado de: www.islamreligion.com

Ideas erróneas sobre Allah (parte 1 de 3): ¿Allah es Dios?


Sí, Allah es Dios. Él es Allah, el Uno y el Único. Él es el mismo Dios adorado por los judíos y los cristianos, y es reconocido como tal. Por todo el mundo y a lo largo de la historia, la gente de todas las creencias y credos se han vuelto hacia Dios, o una deidad suprema, el Creador del universo. Él es Allah. Allah es Dios. Dios el Creador. Dios el Sustentador.

La palabra Dios se escribe y se pronuncia diferente en muchos idiomas: en francés Dieu, en español Dios, y en chino Shangdi. En árabe, Al-lah significa el Único Dios Verdadero, merecedor de toda sumisión y devoción. Los árabes judíos y cristianos se refieren a Dios como Allah, y Él es el mismo Único Dios Verdadero del pasaje bíblico:

 “Escucha, oh, Israel, el Señor tu Dios es Uno”. (Deuteronomio 6:4 y Marcos 12:29)

En todas las tres religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e Islam) Dios y Allah es el mismo. Sin embargo, cuando respondemos: Allah es Dios, también es importante entender quién no es Allah.

Él no es un hombre ni es un espíritu etéreo; por lo tanto, cuando los musulmanes hablan de Allah no existe el concepto de trinidad. Él no fue engendrado ni engendró, por lo tanto, no tiene hijos ni hijas. Tampoco tiene socios o asociados, por lo tanto, no hay dioses ni semidioses, ni deidades menores inherentes al concepto de Allah. Él no es parte de Su creación y Allah no está en todos y en todo. En consecuencia, no es posible llegar a ser como Allah ni tener divinidad.

“Di [¡oh, Muhammad!]: Él es Allah, la única divinidad. Allah es el Absoluto [de Quien todos necesitan, y Él no necesita de nadie]. No engendró ni fue engendrado. Y no hay nada ni nadie que se asemeje a Él”. (Corán 112:1-4)

El Corán, el Libro guía de Dios para toda la humanidad, fue revelado en árabe; por ello, los que no hablan árabe pueden confundirse con la terminología y los nombres. Cuando un musulmán dice la palabra Allah, está hablando sobre Dios. Dios el Supremo, Dios el Magnífico, Dios el Omnipotente. El Creador de todo cuanto existe.

 “Creó los cielos y la Tierra con un fin justo y verdadero. Él está por encima de cuanto Le asocian”. (Corán 16:3)

Los musulmanes creen que el Islam es el mensaje final de Dios para la humanidad, y creen que Dios le dio la Tora al Profeta Moisés y el Evangelio al Profeta Jesús. Los musulmanes creen que el judaísmo y el cristianismo, en sus formas originales y puras, fueron religiones divinas. De hecho, uno de los pilares de fe en el Islam es creer en todos los Libros revelados de Dios. Entre los Profetas del Islam están todos los Profetas presentes en las tradiciones judía y cristiana, todos ellos fueron Profetas enviados a sus pueblos con el mismo mensaje: reconocer y adorar al Único Dios.

“Fuisteis testigos de cuando le llegó a Jacob la muerte y dijo a sus hijos: ¿Qué adoraréis después de mí? Dijeron: Adoraremos lo que tú y tus padres: Abraham, Ismael e Isaac adoraban, la Única divinidad, y a Él nos someteremos”. (Corán 2:133)

Los musulmanes aman y respetan a todos los Profetas y Mensajeros de Dios. Sin embargo, creen que el Corán contiene el único concepto de Dios que no ha sido contaminado por ideas humanas y prácticas idólatras.

Él, Allah/Dios, ha dejado muy claro en el Corán que Él envió Mensajeros a todas las naciones. No conocemos todos sus nombres o las fechas, tampoco sabemos todas las historias y las calamidades que sufrieron, pero sabemos que Dios no creó a una sola persona a la que hubiera abandonado. El mensaje de misericordia, amor, justicia y verdad de Dios, fue hecho disponible para toda la humanidad.

“Por cierto que enviamos a cada nación un Mensajero [para que los exhortase a] adorar a Allah y a evitar al Seductor”. (Corán 16:36)

“A cada comunidad le enviamos un Mensajero”. (Corán 10:47)

Durante miles de años la humanidad ha vivido y muerto en todo lo largo y ancho de esta tierra. Cada vez que una mujer mira al cielo en busca de un Creador, se está volviendo hacia Allah. Cada vez que un hombre cubre su rostro con sus manos y ruega por misericordia o alivio, le está pidiendo a Allah. Cada vez que un niño se agacha lleno de miedo en un rincón, su corazón está buscando a Allah. Allah es Dios. Cuando una persona está agradecida por el esplendoroso nuevo día o por la lluvia refrescante, o por el viento que susurra entre los árboles, está agradeciéndole a Allah, está siendo agradecido con Dios.

La humanidad ha tomado la pureza de Dios y la ha mezclado con imaginarios y supersticiones extrañas. Dios no es tres, Él es Uno. Dios no tiene socios ni compañeros, Él está solo en Su majestad y en Su dominio. No es posible llegar a ser como Dios puesto que nada se compara con Él. Dios no es parte de Su creación, Él está más allá de ella. Él es el primero y el último. Dios es Allah, el Más Misericordioso.

“…No hay nada ni nadie semejante a Allah…”. (Corán 42:11)

“No hay nada ni nadie que se asemeje a Él”. (Corán 112:4)

“Él es el Primero y el Último, el Manifiesto y el Oculto. Y conoce bien todas las cosas”. (Corán 57:3)

¡Sí! Dios es Allah.


Texto tomado de: www.islamreligion.com

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