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miércoles, 6 de febrero de 2013

La espada de Muhammad

En el año 2006 un israelí ateo analiza la noción de que el Islam se difundió por medio de la espada. Segunda parte: La expansión del gobierno islámico en comparación con la cristiandad :

Desde aquellos días en que el Imperio Romano arrojaba a los cristianos a los leones, la relación entre los emperadores y los líderes de la iglesia ha cambiado mucho.

Constantino el Grande, quien se convirtió en Emperador en el año 306, exactamente hace 1700 años, difundió el cristianismo en el imperio que incluía Palestina. Siglos después, la Iglesia se dividió en la de Oriente (Ortodoxa) y la de Occidente (Católica). En Occidente, el Obispo de Roma, que adquirió el título de Papa, demandó que el Emperador aceptara su superioridad.

La puja entre los emperadores y los papas jugó un rol central en la historia europea y dividió a los pueblos. Tuvo numerosos altibajos. Algunos emperadores destituyeron o expulsaron a un papa, algunos papas destituyeron o excomulgaron a algún emperador. Uno de los emperadores, Enrique VI, “caminó hasta Canossa” por tres días, descalzo en la nieve frente al castillo del Papa, hasta que el Papa se dignó a anular su excomunión.

Pero hubo momentos en que los emperadores y los papas convivieron armoniosamente. Todavía somos testigos de ese período en la actualidad. Entre el Papa actual, Benedicto XVI, y el actual Emperador, George Bush II, existe una maravillosa armonía. El discurso de la última semana dado por el Papa, que levantó una tormenta en diversas partes del mundo, estuvo en concordancia con la cruzada de George Bush contra el “Islamofascismo”, en el contexto del “Choque de Civilizaciones”.

En su lectura ante una universidad alemana, el Papa 265 describió lo que él ve como una inmensa diferencia entre el cristianismo y el Islam: mientras el cristianismo está basado en la razón, el Islam la niega; mientras el cristianismo ve la lógica de las acciones de Dios, los musulmanes niegan que haya alguna lógica en las acciones de Dios.

Como israelí ateo, no pretendo ingresar en este debate. Está mucho más allá de mis humildes habilidades la “lógica” del Papa. Pero no puedo omitir un pasaje que llamó mi atención, como un israelí viviendo cerca de la línea de fuego de esta “guerra de civilizaciones”.

Para demostrar la falta de razón en el Islam, el Papa asegura que el Profeta Muhammad ordenó a sus seguidores esparcir su religión a punta de espada. De acuerdo al Papa, esto es irracional, porque la fe nace en el alma, y no en el cuerpo, ¿Cómo puede la espada tener incidencia sobre el alma?

Para apoyar su argumento, el Papa citó (de entre todas las personas) a un emperador bizantino que perteneció, por supuesto, a la Iglesia de Oriente. Al final del siglo catorce, el Emperador Manuel II Paleólogo dijo de un debate que había sostenido, según él (cómo sucedió está en duda), con un erudito musulmán persa anónimo. En el calor de la discusión, el Emperador (según su propio relato) le lanzó las siguientes palabras a su adversario:

“Muéstrame simplemente qué trajo Muhammad de nuevo, sino cosas malvadas e inhumanas, tal como su orden de difundir por la espada la fe que él predicaba”.

Estas palabras suscitan tres preguntas:

a)     ¿En qué contexto dijo el Emperador estas palabras?

b)     ¿Es cierto lo que dijo?

c)     ¿Por qué citó el Papa actual estas palabras?

Cuando Manuel II escribió su tratado, él era la cabeza de un imperio decadente. Asumió el poder en 1391, cuando sólo quedaban unas pocas provincias en posesión del que había sido un ilustre imperio. Las que le quedaban, estaban también bajo la amenaza de los turcos otomanos.

En aquel tiempo, los turcos otomanos habían alcanzado las costas del Danubio. Habían conquistado Bulgaria y el norte de Grecia, y habían derrotado en dos oportunidades a los ejércitos enviados por Europa para salvar el Imperio del Oriente. El 29 de Mayo de 1453, sólo unos pocos años después de la muerte de Manuel, su capital, Constantinopla (actual Estambul), cayó en manos de los turcos, poniendo fin al Imperio Bizantino que había durado más de mil años.

Durante su reinado, Manuel visitó las capitales de Europa en un intento de buscar apoyo. Prometió reunificar la Iglesia. No hay duda de que él escribió su tratado religioso para incitar a los países cristianos contra los turcos y convencerlos de comenzar una nueva Cruzada. Su objetivo fue práctico: aquí la teología no servía más que para fines políticos.

En este sentido, la cita sirve perfectamente a los requerimientos del presente Emperador, George Bush II. Él también quiere unir al mundo cristiano contra la amenaza musulmana del “Eje del Mal”. Más aún, los turcos todavía están golpeando las puertas de Europa, esta vez pacíficamente. Es bien sabido que el Papa apoya a las fuerzas que se oponen al ingreso de Turquía en la Unión Europea.

¿Hay alguna verdad en el argumento de Manuel II?
 
El mismo Papa se lanzó con precaución. Como un teólogo serio y renombrado, no se podía permitir falsificar textos sagrados. Por lo tanto, admitió que el Corán prohíbe específicamente difundir la fe por la fuerza. Citó el versículo 256 del segundo capítulo (extrañamente falló, para ser un Papa, porque quiso decir 257), que dice:

“No debe haber coerción en asuntos de fe”.

¿Cómo puede uno ignorar tal afirmación inequívoca? El Papa simplemente argumentó que esta orden fue promulgada por el Profeta en los comienzos de su carrera, todavía demasiado débil y sin influencia, pero que más tarde ordenó el uso de la espada al servicio de la fe. Semejante orden no existe en el Corán. En verdad, Muhammad hizo un llamado a la guerra contra las tribus enemigas (idólatras, judíos y cristianos) cuando estaba construyendo su Estado. Pero este fue un acto político, no religioso; básicamente, una lucha por el territorio, no por la difusión de la fe.

Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis”. El trato que el Islam da a las otras religiones puede ser juzgado de una forma muy simple: ¿Cómo se han comportado los gobernantes musulmanes a lo largo de más de mil años, cuando ellos tuvieron el poder de “difundir la fe por la espada”?

Bueno, simplemente no lo hicieron.

Durante muchos siglos los musulmanes gobernaron Grecia. ¿Acaso los griegos se convirtieron en musulmanes? ¿Intentó siquiera alguien islamizarlos? Por el contrario, los cristianos griegos mantenían una alta posición en la administración otomana. Los búlgaros, los serbios, los rumanos, los húngaros y otras naciones europeas vivieron en un tiempo u otro bajo el gobierno otomano, y se aferraron a la fe cristiana. Nadie los forzó a convertirse en musulmanes y todos ellos permanecieron devotamente como cristianos.

Sin embargo, los albaneses se convirtieron al Islam, y así también los bosnios. Pero nadie argumentaría que lo hicieron bajo coacción o presión. Ellos adoptaron el Islam para obtener los favores del gobierno y disfrutaron sus frutos.

En 1099, los cruzados conquistaron Jerusalén y masacraron a los musulmanes, a los judíos, y a muchos cristianos orientales que allí vivían, indiscriminadamente, en el nombre del gentil Jesús. En aquel momento, tras 400 años de presencia musulmana en Palestina, los cristianos todavía eran mayoría en el país. A través de este largo período, no se hizo ningún esfuerzo para imponerles el Islam. Sólo después de la expulsión de los cruzados del país, la mayoría de los habitantes comenzaron a adoptar la lengua árabe y la fe musulmana, y ellos fueron los antepasados de la mayoría de los palestinos actuales.
 
No hay ninguna evidencia de que se hubiese realizado algún intento o esfuerzo por imponer el Islam a los judíos. Como es bien sabido, bajo el gobierno musulmán los judíos de España disfrutaron de un florecimiento sin paralelo en la historia. Poetas como Yehudá Halevy escribieron en árabe, así también lo hizo el gran Maimónides. En la España musulmana, los judíos fueron ministros, poetas y científicos. En la Toledo musulmana, los eruditos cristianos, judíos y musulmanes trabajaron juntos para traducir los textos científicos de los antiguos filósofos griegos. Esa fue ciertamente la Era de Oro. ¿Cómo habría sido esto posible si el Profeta hubiera decretado “difundir la fe islámica a punta de espada”?
 
Lo que sucedió después es aún más aleccionador. Cuando los reyes católicos reconquistaron España de manos de los musulmanes, establecieron un reinado religioso de terror. A los judíos y a los musulmanes españoles se les obligó a tomar una cruel decisión: o convertirse al catolicismo, exiliarse o morir. ¿Y a dónde escaparon los cientos de miles de judíos que se rehusaron a abandonar su fe? Casi todos ellos fueron recibidos con los brazos abiertos en los países musulmanes. Los judíos sefaradíes (“españoles”) se establecieron en todas partes del mundo musulmán, desde Marruecos en el oeste hasta Irak en el este, desde Bulgaria (entonces parte del Imperio Otomano) en el norte hasta Sudán en el sur. En ninguno de estos lugares fueron perseguidos. Ellos no conocieron nada comparable a las torturas de la Inquisición ni a las llamas de los “autos de fe”, los pogromos, las terribles expulsiones masivas que tuvieron lugar en casi todos los países cristianos, hasta el Holocausto.
 
¿Por qué? Porque el Islam prohíbe expresamente cualquier persecución a la “Gente del Libro”[1]. En la sociedad islámica, hay un lugar especial reservado a los judíos y cristianos. No disfrutan exactamente de los mismos derechos, pero casi. Deben pagar un impuesto, pero están exentos del servicio militar, un trato que sería bienvenido por muchos judíos. Se ha dicho que los gobernantes musulmanes fruncían el ceño ante cualquier intento de convertir a los judíos aún a través de la gentil persuasión, a causa de que esto implicaba una pérdida de los impuestos[2].

Cada judío honesto que conoce la historia de su pueblo no puede sino sentir una profunda gratitud hacia el Islam, que ha protegido a los judíos durante cincuenta generaciones, mientras el mundo cristiano persiguió a los judíos y trató muchas veces de obligarlos a abandonar su fe “por medio de la espada”.

La historia de “esparcir la fe a punta de espada” es una leyenda malvada, uno de los mitos que surgieron en Europa durante las grandes guerras contra los musulmanes, la reconquista de España por los cristianos, las Cruzadas, y la repulsión de los turcos, que casi conquistaron Viena. Yo sospecho que el Papa alemán, también, honestamente cree en estas fábulas. Eso significa que el líder del mundo católico, que es un teólogo cristiano por propio derecho, no ha hecho ningún esfuerzo por estudiar la historia de otras religiones.

¿Por qué pronunció él estas palabras en público? ¿Y por qué justo ahora?
No hay otra forma de entenderlas sino a la luz de la nueva Cruzada de Bush y sus acólitos evangelistas, con sus banderas del “Islamofascismo” y la “Guerra Global contra el Terrorismo”, cuando “terrorismo” se ha vuelto sinónimo de musulmanes. Para las multinacionales que Bush representa, este es un cínico intento de justificar la dominación de los recursos petrolíferos del mundo. No es la primera vez en la historia que se cubre la cruda desnudez y voracidad de los intereses económicos con un manto de religiosidad: no es la primera vez que la expedición de un ladrón se convierte en una Cruzada.

El discurso del Papa armoniza con estos esfuerzos. ¿Quién puede predecir sus horribles consecuencias?


lunes, 7 de enero de 2013

Los fundamentos del sistema político en el Islam (parte 2 de 2)


El Islam y la democracia

Para discutir de manera productiva el tema de la democracia se debe primero entender los orígenes y significados del concepto en sí mismo. Pero, por razones de brevedad, puede decirse que -según el entendimiento más “moderno” y rudimentario del término- el pensamiento islámico comparte algunos de sus aspectos. Uno de esos aspectos es el hecho de que los musulmanes tienen derecho a elegir a sus gobernantes, a exigirles que rindan cuentas y, cuando sea necesario, removerlos de sus cargos. Sin embargo, el Islam no le permite al sistema de gobierno que elimine o cambie la legislación de la religión en la sociedad, tampoco le da el derecho de crear nuevas legislaciones que contradigan la ley de Dios. Más bien, la legislación es el derecho de Dios únicamente, y la religión debe ser fundamental al decidir la validez de una nueva ley. Eludir este derecho de Dios equivale al pecado imperdonable del politeísmo, pues uno de los fundamentos de la creencia en la Unicidad de Dios indica que Él y sólo Él tiene el derecho de legislar. Ésto significa que la gente o sus funcionarios electos no tienen el derecho de hacer permisible lo que Dios ha prohibido, o declarar prohibido lo que Dios ha permitido. Tanto entregarles tal derecho como seguir luego su legislación implica su elevación, hacer de ellos señores como Dios, y esto es lo que significa el politeísmo. Nadie tiene derecho a cambiar la Ley de Dios.

Establecer los límites de la interacción entre el Islam y la democracia

En la actualidad los musulmanes debaten la relación del Islam con las instituciones democráticas en sus sociedades. Mientras la mayoría de los musulmanes ansían mayor participación política, el dominio de la ley, la responsabilidad del gobierno, las libertades y los derechos humanos, hay muchas maneras de lograr estos objetivos. Para algunos, el Islam tiene sus propios mecanismos que excluyen a las instituciones democráticas. Otros afirman que el Islam es completamente capaz de adaptar y apoyar a las instituciones democráticas. Comprometidos en un proceso de reforma, ellos discuten la compatibilidad entre el Islam y ciertos tipos de “democracia” usando conceptos islámicos tradicionales como consultas (shura) entre el gobernante y el pueblo, consenso comunitario (iyma), interés público (maslaha), y opinión basada en las escrituras (iytihad). Estos mecanismos pueden ser utilizados para apoyar formas de gobiernos con sistemas de verificaciones y balances entre el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Sin embargo, los gobernantes de estados autoritarios tienden a ignorar, desalentar o suprimir a las instituciones democráticas.

En general, se puede observar que el Islam es una religión que no sólo gobierna la vida privada religiosa del individuo, también manda y regula todos los aspectos de la vida pública. Como la noción de adoración en el Islam no está restringida sólo a los rituales, sino que  incluye a todas las acciones de obediencia y bondad, también el concepto de religión se extiende a todas las avenidas de la vida en la Tierra. Para el musulmán, los conceptos de religión y Estado son inseparables. Al tener este principio en mente respetuosamente, cualquiera sea el sistema de gobierno que los musulmanes elijan implementar, todos sus constituyentes deben estar en acuerdo directo con los preceptos de la religión. De ninguna manera puede el sistema de gobierno excluir, abrogar o sustituir a ningún mandato de la religión, y este es sólo otro ejemplo de la naturaleza puramente monoteísta del Islam, y de que todos los derechos de Dios sólo se le conceden a Él, y a nadie más.

Texto tomado de: Islamreligion

viernes, 4 de enero de 2013

Los fundamentos del sistema político en el Islam (parte 1 de 2)


Occidente se equivoca al entender la tradición islámica, asumiendo que la religión significa lo mismo para los musulmanes que lo que ha significado para la mayoría de los seguidores de otras religiones desde la revolución industrial, y para algunas sociedades, incluso desde antes de eso; es decir: una sección de la vida reservada para ciertos asuntos, separada de las otras secciones de la vida. Ésta no es la visión del mundo islámico, no lo ha sido en el pasado, y los intentos modernos por que así sea han fracasado continuamente.

El Islam: Un modo de vida completo

El Islam es un “modo de vida completo”. Ha brindado guía en todas las esferas de la vida, desde la higiene personal, las reglas de comercio, hasta la estructura y la política de la sociedad. El Islam nunca puede ser separado de la vida política, económica y social, ya que la religión brinda guía moral para cada acción que realiza la persona. El acto primario de la fe es esforzarse para cumplir con la voluntad de Dios, tanto en la vida privada como pública. Los musulmanes ven que ellos mismos, así como el mundo a su alrededor, debe encontrarse en completa sumisión a Dios y a Su Voluntad. Además, ellos saben que el concepto del gobierno de Dios debe ser establecido sobre la tierra para crear una sociedad justa. Como los judíos y los cristianos antes de ellos, los musulmanes han sido llamados a un pacto con Dios, haciendo de ellos una comunidad de creyentes que deben servir como ejemplo para las otras naciones al crear un orden social moral. Dios le dice a la nación global musulmana:

“Sois la mejor nación que haya surgido de la humanidad: Ordenáis el bien, prohibís el mal y creéis en Dios…”. (Corán 3:110)

A lo largo de la historia, ser musulmán ha significado no sólo pertenecer a una comunidad religiosa de creyentes, sino también vivir bajo la Ley Islámica. La Ley Islámica es considerada como una extensión de la soberanía absoluta de Dios.

Dios es el único soberano

Dios es el soberano absoluto en el Islam y, por lo tanto, es el único Señor del cielo y la tierra. Así como Él es el Señor del universo físico, para los creyentes musulmanes, Dios es el Legislador en todas las áreas de la vida humana. Así como es el Dueño del mundo físico, Dios es el Gobernante en los asuntos de los hombres en la doctrina islámica. Por lo tanto, Dios es el Legislador Supremo[1], el Juez Absoluto, y el Legislador Que distingue lo malo de lo bueno. Así como el mundo físico inevitablemente se somete a su Señor siguiendo las leyes “naturales” del universo, los seres humanos deben someterse a las enseñanzas morales y religiosas de su Señor, Quien separa el bien del mal para ellos. En otras palabras, sólo Dios tiene la autoridad para hacer las leyes, determinar los actos de adoración, decidir la moral, y establecer los estándares de interacción y comportamiento humano. Esto es porque,

“…Le pertenece la creación y Él es Quien dictamina las órdenes según Le place…”. (Corán 7:54)

La separación de la religión institucional y el Estado

Como lo hemos mencionado, en el Islam Dios es reconocido como el único soberano de los asuntos humanos, por lo tanto nunca existió una distinción entre la autoridad religiosa y la estatal. En el cristianismo, se dice que la distinción entre las dos autoridades está basada en los registros del Nuevo Testamento de Jesús, en los que se les pide a sus seguidores entregar al Cesar lo que le corresponde, y a Dios lo que le corresponde. Por lo tanto, a lo largo de toda la historia cristiana hasta la actualidad, siempre hubo dos autoridades: “Dios y el Cesar”, o “la iglesia y el Estado”. Cada uno tenía sus propias leyes y jurisdicciones, cada uno tenía sus estructuras y jerarquía. En el mundo islámico pre-occidentalizado nunca hubo dos poderes, y nunca surgió la pregunta sobre la separación de poderes. La distinción entre la iglesia (religión) y el Estado, tan arraigada en el cristianismo, nunca existió en el Islam.

La visión del Estado Islámico

La visión del Estado Islámico y el propósito de su autoridad política es implementar la ley divina. Así, el Estado Islámico ideal es una comunidad gobernada por la Ley revelada por Dios. Esto no implica que tal Estado sea necesariamente una teocracia bajo el mando directo de un erudito de la religión, tampoco es una autocracia que enviste el poder absoluto en el gobernante. La función del Estado Islámico es brindar seguridad y orden para que los musulmanes puedan cumplir con las obligaciones religiosas y mundanas. El Califa[2]  es el guardián de la fe y de la comunidad. Su rol no es regulado por los ulama (expertos religiosos), sino que es mejorado por ellos, ya que le proveen consejos religiosos y legales. Él también designa a los jueces que resuelven las disputas según la Ley Islámica. Hay cierto nivel de flexibilidad con respecto al sistema de gobierno y su establecimiento en el Islam; sin embargo, la religión debe implementarse completamente en el Estado y la sociedad.


Footnotes:

[1] La existencia de Dios comprobada por la existencia de un Legislador Supremo es llamada argumento "ético" por los teólogos occidentales.
[2] La palabra Califa es el término español para Jalifah, o sucesor, porque el Califa sucede al Profeta Muhammad como líder político de los musulmanes e implementa la Ley Divina en la sociedad.
Texto tomado de: Islamreligion

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