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lunes, 6 de mayo de 2013

¿Se puede justificar el quitar una vida?


La religión del Islam incluye un conjunto básico de normas diseñadas para proteger los derechos y las libertades de los individuos y las comunidades. Es una doctrina que se preocupa por el respeto, la tolerancia, la justicia y la igualdad. Los conceptos islámicos de libertad y derechos humanos, están incorporados en y garantizados por la Sharía (Ley Islámica). El Islam establece un marco legal e incorpora un código de ética, diseñado para proteger los derechos del individuo, incluyendo su derecho a vivir en una comunidad segura.

El Profeta Muhammad dijo: “Todo aquel que despierta (por la mañana) sintiendo que está seguro en su comunidad, libre de dolencias y enfermedades en su cuerpo, y que tiene suficiente provisión para un solo día, es como si fuera el dueño del mundo entero”.

La Sharía tiene como objetivo preservar cinco derechos básicos: el derecho a practicar la religión, la protección de la vida, la salvaguarda de la mente o el intelecto, la preservación del honor y la familia, y la inviolabilidad de la riqueza y la propiedad. Es una base moral y ética en la que los derechos individuales son respetados, pero no se les permite eclipsar a los derechos de la comunidad.

La ley islámica contiene principios amplios y normas generales que toman en consideración las circunstancias cambiantes de la sociedad, así como la constancia y permanencia de la naturaleza humana. Mientras que la Sharía combina estabilidad, flexibilidad y firmeza, ha sentado castigos inmutables para ciertos crímenes, que no son afectados por las condiciones y circunstancias cambiantes. Uno de estos castigos es la pena de muerte.

Solo hay dos categorías de crímenes a las que se puede aplicar la pena de muerte bajo la ley de la Sharía. Una es el asesinato, y la otra abarca los crímenes contra la comunidad (a veces conocidos como difundir la corrupción). Uno de los principios centrales del Islam es que una comunidad unida y segura es absolutamente fundamental. Los crímenes que amenazan a la comunidad incluyen traición, apostasía (cuando uno sale de la religión del Islam y se vuelve activamente en contra de ella), piratería, violación, adulterio, hechicería y práctica de la actividad homosexual.

“Ordené… ‘Quien mata a una persona sin que ésta haya cometido un crimen o sembrado la corrupción en la Tierra, es como si matase a toda la humanidad. Pero quien salva una vida es como si salvase a toda la humanidad”. (Corán 5:32)

Uno de los pecados más graves es tomar intencionalmente una vida. Cuando al Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, se le preguntó cuáles eran los peores pecados, dijo: “Asociar a otros con Dios, desobedecer a los padres de uno, asesinar y dar falso testimonio”. Dios dice:

“Quien asesine a un creyente con premeditación será condenado a permanecer eternamente en el Infierno, además caerá en la ira de Dios, y recibirá Su maldición y un castigo terrible”. (Corán 4:93)

Es importante entender que el Islam no permite tomarse la justicia por mano propia. Una persona acusada de un crimen debe ser juzgada apropiadamente en una corte legal islámica antes de que se le imponga cualquier castigo. En el caso de la pena de muerte, la severidad de la pena requiere que se cumplan los estándares de evidencia más estrictos antes de que se dicte una sentencia.

Hay tres categorías de castigo en la Sharía. Castigos Hadd, por delitos contra la comunidad, son aquellos que están prescritos divinamente en el Corán o en las tradiciones auténticas del Profeta Muhammad. No pueden ser cambiados. Estos castigos solo pueden ser impuestos por un gobernante musulmán o su representante. No se permite que musulmanes individuales lleven a cabo castigos Hadd (que en ocasiones incluyen la pena de muerte), debido al caos y la tribulación que esto ocasionaría en la comunidad.

La segunda forma de castigo, específicamente para el asesinato o el asalto agravado, se denomina Qisas. Siempre que una persona le cause daño físico o la muerte a otra, la víctima o la familia del difunto tiene el derecho a la retaliación. Un aspecto único del Qisas es que la familia de la víctima tiene como opciones insistir en el castigo, aceptar una indemnización monetaria, o perdonar al criminal, lo que incluso podría evitarle la pena de muerte. El Corán insta a familias y víctimas a perdonar y mostrar misericordia, incluso en las peores circunstancias.

“En [la aplicación de] la retribución legal está [la preservación de] la vida, ¡oh, dotados de intelecto!, para que alcancen la piedad”. (Corán 2:179)

Todos los demás crímenes caen en la tercera categoría, Tazir, que es el castigo discrecional decidido por la corte.

Dios descendió Su Libro de guía, el Corán; Él le ha dado el Islam a la humanidad, el mensaje final y la conclusión de todas las religiones. Envió al Profeta Muhammad, un hombre capaz de llevar a la humanidad hacia una nueva era de tolerancia, respeto y justicia. Las palabras del Corán y de las tradiciones auténticas del Profeta Muhammad, contienen derechos y responsabilidades otorgadas por Dios a la humanidad. No están sujetos a los caprichos y deseos de los hombres y las mujeres, o a las lealtades cambiantes de gobiernos y corporaciones.

La ley islámica, la Sharía, la ley de Dios, está llena de justicia, misericordia y perdón; no se trata de tomar la vida humana innecesariamente.

“Envié a Mis Mensajeros con las pruebas evidentes e hice descender con ellos el Libro y la balanza de la justicia para que la gente establezca la equidad”. (Corán 57:25)

“¡Oh, creyentes! Sean responsablemente equitativos cuando den testimonio por Dios”. (Corán 4:135)

Incluso en las raras oportunidades en las que se invoca la pena de muerte, se pide que esta se aplique bajo condiciones humanas, y mantiene la promesa del perdón y el Paraíso eterno. El Profeta Muhammad dijo: “Júrame lealtad de que no adorarás a nada además de Dios, que no robarás y no tendrás relaciones sexuales ilegales”. Entonces (el Profeta) recitó el Corán y agregó: “Y quien de ustedes cumpla con su promesa, su recompensa está con Dios. Todo aquel que cometa alguno de estos pecados y reciba por él el castigo legal, ello será considerado como una expiación de ese pecado. Quien cometa alguno de estos pecados y Dios lo cubra (en esta vida), le corresponde a Dios excusarlo o castigarlo”.

Posdata. Debe tenerse en cuenta que individuos, grupos y países han perpetrado crímenes en nombre del Islam y en nombre de la ley de la Sharía. Hombres, mujeres y niños han sido condenados a muerte sin el beneficio de los estándares de evidencia estricta que la Sharía exige y sin el sentido de justicia y perdón que son característicos de las enseñanzas del Corán y de las tradiciones auténticas del Profeta Muhammad.





Texto tomado de: www.islamreligion.com

viernes, 3 de mayo de 2013

El pudor (parte 3 de 3): Historias sobre el pudor II


Muhammad y la reconstrucción de la Ka’ba

El pudor del Profeta Muhammad, que la paz y bendiciones de Dios sean con él, era uno de los rasgos más destacados de su personalidad. Incluso desde una edad muy temprana su sentido de la vergüenza en una sociedad libertina, como la árabe antes del Islam, era notable. En una ocasión, después de que el tesoro que había adentro de la Ka’ba fue robado, los mecanos decidieron construirle un techo para así impedir que la vuelvan a robar. Muhammad, siendo aun un hombre joven, tomó parte en la reconstrucción. Él fue con su tío, Al Abbas, a cargar bloques de piedras. Su tío  le dijo que se pusiera su falda en el cuello para protegerse de las aristas de las rocas pesadas. Esto implicaría que sus partes privadas queden al descubierto.

Mientras él cumplía este consejo, se sintió mareado, y cayó desmayado. Sus ojos estaban fijos en el cielo mientras yacía de espaldas en el suelo, su ropa se aflojó aunque todavía cubría sus partes privadas.

Unos momentos más tarde, volvió en sí, gritando “¡Mi ropa, mi ropa!”

Apresuradamente, envolvió su falda asegurándola de nuevo alrededor de su cintura. Nunca más en su vida alguien fuera de su familia volvió a ver siquiera por un vistazo su espalda.

La historia antes mencionada fue relatada por uno de los compañeros del Profeta, Yabir bin Abdullah, y muestra el fuerte sentido de la vergüenza y decoro que Muhammad tenía sobre su cuerpo, incluso antes de ser Profeta. Él era conocido por ser más pudoroso que una virgen de claustro, antes y después de recibir la revelación de Dios.
Moisés y los burlones

Otra historia sobre Moisés, la paz y bendiciones de Dios sean con él, demuestra que él era igualmente vergonzoso y tímido sobre su cuerpo como el joven Muhammad. Nunca apareció delante de nadie sin estar plenamente cubierto, lo que llevó a algunas personas de su pueblo (israelitas) a menospreciarlo. Decían: “Cubre su cuerpo de esta manera porque tiene algún defecto en la piel, o lepra o hernia escrotal, o tiene algún otro defecto”.

Dios quiso aclarar lo que decían sobre Moisés. Un día, cuando Moisés se había quitado su ropa y la puso en una piedra mientras tomaba un baño. Cuando hubo terminado de bañarse, fue hacia donde tenía su ropa para ponérsela nuevamente, pero la piedra huyó con su ropa. A pesar de su desnudez, Moisés levantó su bastón y corrió detrás de la piedra diciendo: “¡Oh piedra, dame mi ropa!” Pero la piedra continuó huyendo hasta que se encontró un grupo de israelitas, donde paró. Así fue como fueron capaces de verlo desnudo.

De esta forma, Dios lo exoneró de lo que lo habían acusado. Moisés, sin embargo, estaba molesto. Tomó su ropa y se la puso rápidamente, y luego comenzó a golpear la piedra con su bastón. El Profeta del Islam, quien narró la historia, juró que la piedra todavía tenía rastros de los golpes. Esto es a lo que Dios se refirió diciendo:

 “¡Oh, creyentes! No seáis como quienes calumniaron a Moisés. Dios lo declaró inocente de lo que lo acusaban, y goza ante Dios de un rango elevado”. (Corán 33:69)

Esta historia muestra qué tan tímido era Moisés sobre permitir que su cuerpo fura visto en público. De hecho, sólo su enojo por haber sido privado de la barrera entre su cuerpo y el mundo, lo llevó a permitir que la totalidad de su cuerpo fuera visto, la exposición fue por deseo de Dios para aclarar las difamaciones hechas por sus detractores.
Muhammad y el pozo del jardín

Lo que es respetable para ver entre la gente, por supuesto, varía. Cuánto del cuerpo de una mujer puede exponer a su esposo es diferente de lo que puede exponer a su hermano, que también difiere de lo que puede ver un completo extraño, y así. Esto se aplica también a lo que es permitido ver entre personas del mismo sexo. Lo que un padre, un hermano o un hijo pueden respetuosamente ver uno del otro es diferente a lo que un hombre fuera del círculo familiar puede ver; como lo que una madre, una hija o una hermana pueden ver en contraste con lo que puede una mujer extraña.

Una vez, cuando el Profeta entró en un jardín, le pidió a su compañero, Abu Musa Al Ashari, que vigilara la puerta. En el jardín había un pozo, y él se sentó en el pozo descolgando sus piernas al interior. Después de un tiempo, Abu Bakr vino, y quiso entrar al jardín. Abu Musa fue a decirle al Profeta que su suegro quería compartir el jardín con él, y el Profeta dijo: “Albrícialo que el jardín del Paraíso lo espera, y déjalo entrar”.

Así que Abu Bakr, el padre de Aisha, entró al jardín y se sentó al lado del Profeta, cuya falda estaba hasta un poco más arriba de la rodilla,  y balanceó sus piernas junto a las de él en el pozo. Un poco más tarde, Umar bin Al-Jattab se presentó. Él también quería relajarse en el jardín. De nuevo Abu Musa pidió permiso, informándole que otro de sus suegros estaba en la puerta. Él dijo: “Albrícialo que el jardín del Paraíso lo espera, y déjalo entrar”.

Umar, el padre de Hafsa, tomó el lugar libre al  lado del Profeta, y balanceó las piernas en el agua junto a él, y de esta manera el Profeta pudo preservar su decoro, sin tener que levantar su vestimenta sobre las rodillas.

Algún tiempo después de esto, su yerno, Uzman bin ‘Affan, con quien su hija Ruqaia se había casado, también pidió entrar al jardín. Cuando Abu Musa transmitió el mensaje del Profeta diciendo: “El jardín del Paraíso te espera después de algunas pruebas, déjenlo entrar”, Uzman observó que los únicos espacios libres que quedaban estaban en una de las tres paredes que el Profeta y sus suegros no ocupaban, lo que significaba que él podría ver más las piernas del Profeta que los demás. Como dudaba, el Profeta deslizó su falda hasta abajo de sus rodillas, entonces Uzman se sentó frente a él.

Ambos hombres habían tenido la sensibilidad de sentarse al lado del Profeta y, sin embargo, el Profeta había preservado su decoro sin tener que bajarse su vestimenta sobre sus rodillas.

El Islam enseña que hay algunas partes del cuerpo que no deben ser mostradas al público, y entre más cerca están esas partes a las partes privadas, más prohibido es revelarlas. Aunque los tres hombres que se sentaron junto al Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, tenían lazos familiares cercanos con él -que es por lo cual dejó que sus rodillas se vieran-, cuando existía la posibilidad de que sus muslos fueran expuestos, él tomaba medidas y los ocultaba.  





Texto tomado de: www.islamreligion.com

El pudor (Parte 2 de 3): Historias sobre el pudor


Muhammad y el pudor ante Dios

El profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, dijo:

“Cada religión tiene una característica, y la característica del Islam es el pudor”. (Al-Muwatta)

El pudor, en el sentido de protegerse a sí mismo con timidez, con propiedad, de la lujuria o las miradas envidiosas, significa que uno se preocupa acerca de cómo expresarse con palabras y hechos. Uno no quiere que los demás lo miren con extrañeza o como si fuera culpable. Esto fomenta el ser correcto en comportamiento y pensamiento con los otros, y con la relación de uno mismo con Dios. El Profeta le dijo a sus compañeros:

“Sean tímidos delante de Dios, pues es Su derecho que seáis pudorosos delante de Él”.

Le dijeron: “Oh Mensajero de Dios, en verdad que somos pudorosos, alabado sea Dios”.

Él dijo: “No es eso. El pudor ante Dios conforme a Su derecho es que protejas tu mente en lo que aprendes, tu estómago de lo que ingieres, y recordar la muerte y las tribulaciones; y el que quiere la otra vida, abandona los adornos de esta vida. Así que, aquel que hace todo esto es quien realmente es pudoroso ante Dios, conforme a Su derecho”.

El pudor  y la vergüenza se aplican a cada aspecto de la vida, y la conciencia de la presencia de Dios nos ayuda a ser pudorosos y decorosos en la forma en que nos comportamos en todas las actividades que hacemos. Es la corona de la ética moral y el comportamiento, porque inspira todo lo que es bello y previene de lo que es perverso. Es un escudo de castidad para el cuerpo y pureza para el alma, y el sentir vergüenza de nuestra propia maldad proviene de ser consciente que Dios nos está viendo. El Profeta dijo:

 “El pudor es parte de la fe, y la fe lleva al Paraíso”. (Ahmed)
Muhammad y la fiesta de matrimonio

Con motivo de su matrimonio en Medina con Zainab, la hija de Yahsh, el Profeta invitó a la gente a su fiesta. Esta fue una invitación al finalizar la mañana, y la mayoría de las personas simplemente se levantaron y salieron después de comer, como era la costumbre. El novio, sin embargo, siguió sentado y algunas personas también, quizás pensaron que esto era una señal de que ellos también debían permanecer con él, se quedaron después de que los demás invitados se habían ido. Por decencia, al Mensajero de Dios no le gustaba decirle a la gente que se fuera, entonces, se levantó y se fue de la sala con su discípulo, Ibn Abbas.

Se fue hasta la habitación de Aisha, otra de sus esposas, antes de regresar a la habitación de Zainab, esperando que los invitados hubiesen entendido la indirecta.  Sin embargo, todavía estaban allí, sentados en sus lugares; entonces, él se fue una vez más a la habitación de Aisha, todavía acompañado por su discípulo.

La segunda vez que volvieron, la gente ya se había ido, entonces el Mensajero de Dios entró. Ibn Abbas lo iba a seguir, pero Muhammad tomó la cortina divisoria y la corrió cerrando así la entrada.

Una de las enseñanzas de esta historia es que el hogar de una persona es privado y se debe tener pudor de abusar de una invitación. Además, porque Muhammad era muy amable con las personas para pedirles que se fueran, sus actos dan un ejemplo de cómo enseñar una lección sin ser ofensivo. Usó una forma no verbal de mostrar a las personas que se debían ir; y cuando su espacio privado fue desocupado, usó otro gesto no verbal para demostrar que la invitación había terminado.
Moisés y Séfora

Después de esperar durante mucho tiempo en la fila, siendo sólo dos mujeres entre todos los hombres, alguien finalmente las ayudó, y fueron capaces de llevar sus rebaños de ovejas y cabras a casa.  Su padre era viejo, y ellas no tenían hermano que hiciera las tareas al aire libre. Siendo una de las tareas más onerosas sacar agua del pozo con el fin de darle de beber al ganado, esta era una actividad realizada por los hombres. Era un día de suerte que regresaban a casa temprano después de darle agua a la manada. El padre estaba sorprendido por su pronto regreso, y cuando preguntó por lo ocurrido, sus hijas le dijeron que un hombre que parecía un viajero las había ayudado. El padre le dijo a una de sus hijas que buscaran al hombre y lo invitaran a la casa. Cuando regresaron al pozo, la joven se acercó tímidamente, y cuando estuvo muy cerca, le extendió la invitación de su padre para que lo pudiera recompensar por su ayuda. Moisés mantuvo su mirada baja hacia el piso, mientras les respondía que él lo había hecho solamente para complacer a Dios, y no requería ninguna compensación. Sin embargo, al darse cuenta que era una ayuda enviada por Dios, aceptó la invitación. Mientras ella caminaba delante de él, el viento levantó su vestido, revelando parte de su pierna, entonces él le pidió que caminara detrás suyo, y le señaló la dirección que debía seguir cuando llegara a una bifurcación en el camino.

Cuando llegaron a la casa, el padre le ofreció comida y le preguntó de dónde era. Moisés le respondió que era un fugitivo de Egipto. La hija que lo había traído a casa le susurró a su padre: “Padre, contrátalo, el mejor de los trabajadores es el que es fuerte y confiable”.

Le preguntó: “¿Cómo sabes que es fuerte?”

Ella dijo: “Él levantó solo la piedra que tapa el pozo, que sólo puede ser removida por varias personas.”

Él pregunto: “¿Cómo sabes que es confiable?”

Ella dijo: “Él me pidió que caminara detrás suyo para que no me viera mientras caminaba, y cuando conversé con él mantenía su mirada baja, con respeto y pudor”.

Así era el Profeta Moisés, que la misericordia y bendiciones de Dios sean con él, que había escapado de Egipto después de matar por error, y el padre de las jóvenes era un hombre temeroso de Dios de la tribu de Madian; un hombre que no tenía hijos varones, pero había tenido dos hijas mujeres.

El versículo del Corán que nos cuenta esta historia hace énfasis en la manera en que ella se acercó a Moisés:

“Y una de ellas regresó y acercándose a él con recato...”. (Corán 28:25)

Tanto la forma en que Séfora se acercó a Moisés, y el cuidado que él tuvo al no ver más de lo que era necesario, describen un sentido agudo del decoro.  Ninguno tenía un chaperón ni nadie podía ver lo que hacían y, sin embargo, los dos se comportaron con el mayor decoro y recato. Esto se debe al temor reverencial a Aquel que todo lo ve. El resultado fue que cuando el padre le propuso a Moisés que se casara con alguna de sus hijas, Moisés las consideró muy buen partido. Él y sus hijas también vieron en él todas las virtudes que un hombre debe tener como compañero de una mujer. Moisés aceptó y fue contratado diez años como pastor. 


Texto tomado de: www.islamreligion.com

El pudor (parte 1 de 3): Un panorama


El pudor y el recato tienen un papel especial en los asuntos entre el Creador y lo creado. Todos los profetas y mensajeros elogiaron el pudor, tal como el Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, dijo:

“De las enseñanzas de los primeros profetas que aun persisten: ‘Si no tienes vergüenza, harás lo que quieras’”. (Al-Bujari)

El pudor es como una sensación de vergüenza o timidez en los seres humanos, es una contracción del alma por un comportamiento malo, una cualidad que impide comportarse mal con los demás o desalienta a otros a comportarse mal con usted. La ética islámica considera el pudor como algo más que una cuestión de cómo se viste la persona, y más que el pudor ante la gente, sino que se refleja en cómo el musulmán habla, se viste, interactúa en público en lo que respecta a las personas, y en privado en lo que respecta a Dios. Cualquier reflexión sobre el pudor, por lo tanto, debe comenzar con el corazón, no con el largo de la falda, tal como el Profeta de la Misericordia, dijo: “El pudor es parte de la fe”,  y esa parte de la fe necesariamente está en el corazón.

Ser reservado en el habla

Como todo en el Islam, la forma de hablar debe ser moderada. Elevar la voz expresando ira simplemente muestra la incapacidad de contenerla y sólo perjudica a quien lo hace. La ira incontrolada, por ejemplo, puede llevar al abuso verbal, al asalto físico, ambos casos quitan el velo del pudor, mostrando al vergonzoso ego. El Profeta dijo:

“Una persona fuerte no es aquella que derrota a su adversario en el campo de batalla, sino que la persona fuerte es aquella que sabe controlar su ira”. (Sahih Al-Bujari)

Una persona fuerte y creyente siente pudor frente a Dios y su creación, ya que Dios sabe y ve todo. Siente pudor de desobedecer a su Señor y siente pudor de cometer pecados o actos inapropiados, ya sea en público o en privado. Este tipo de pudor se adquiere y se relaciona directamente con la fe, donde la conciencia de Dios aumenta el “pudor” frente a Él.

La moral islámica divide el pudor en: natural y adquirido. El pudor es una cualidad inherente en las niñas y los niños, un cierto tipo de pudor que es natural en los seres humanos. Si se manifiesta, por ejemplo, en un impulso humano natural para cubrir las partes privadas. Según el Corán, cuando Adán y Eva comieron del fruto del árbol prohibido, se dieron cuenta de que sus partes íntimas estaban expuestas, y comenzaron a cubrirse con hojas del Paraíso, un resultado natural de su pudor.

Los sabios consideran que el pudor es una cualidad que distingue a los seres humanos de los animales. Los animales siguen sus instintos sin sentir pudor o una conciencia de lo que es correcto o incorrecto. Por lo tanto, cuanto menos pudor tiene una persona, más se parece a los animales. Cuanto más pudor tiene la persona, es más ser humano. El Islam ha ordenado ciertas cosas en la legislación  que inducen al pudor. Esto va desde la legislación de pedir permiso antes de entrar en cualquier habitación y un alejamiento de las personas mientras se realizan las necesidades fisiológicas, y la obligatoriedad de ciertas maneras de vestir para hombres y mujeres por igual. Otra forma de alcanzar el pudor es relacionándose con gente recatada –las personas ante cuya presencia sentiría vergüenza de hacer algo incorrecto– tal como dijo el Profeta:

“Te aconsejo tener pudor de Dios, de la misma manera que tendrías pudor delante de la persona más piadosa de tu gente”.

Tener vergüenza de la mirada de un extraño es uno de los impulsores de la modestia en el vestir. Esto se puede ver en los niños, que naturalmente rehúyen la mirada de los extraños, a veces escondiéndose tras las faldas de su madre o detrás de las piernas de su padre. En el Islam, mantener la mayor parte del cuerpo fuera de la mirada de un extraño, sobre todo del sexo opuesto, es una orden para evitar caer en una conducta que puede llevar a relaciones sexuales fuera del matrimonio o prematrimoniales. Dios dice:

“Diles a los creyentes que recaten sus miradas y se abstengan de cometer obscenidades [fornicación y adulterio], pues esto es más puro para ellos. En verdad, Dios está bien informado de lo que hacen. Y diles a las creyentes que recaten sus miradas, se abstengan de cometer obscenidades, no muestren de sus arreglos y adornos más de lo que está a simple vista”. (Corán 24:30)

El versículo siguiente menciona a la gente ante quien se está exenta del uso del velo, los que no se puede llamar “extraños”. Además, la orden se relaja al alcanzar la vejez: una mujer anciana que no tiene esperanzas de matrimonio puede dejar de llevar el velo o de usar la vestimenta que cubre, a manera de capa o abrigo, las prendas habituales.

Como se desprende de este versículo, la ética islámica no ve el pudor como una virtud sólo para las mujeres, sino que para los hombres también. Por lo tanto, los hombres también deben vestir con recato, teniendo cuidado de usar ropa suelta y opaca que cubra totalmente la zona comprendida entre la cintura y las rodillas. Los pantalones ajustados o la ropa transparente están prohibidos. Este pudor se refleja en la ropa de los hombres musulmanes en todo el mundo, las camisas largas por debajo de los muslos y los pantalones sueltos.

Todavía puede parecer, sin embargo, que las mujeres llevan la peor parte de “vestir con recato”. Sin embargo, cuando uno reflexiona sobre el depredador y la presa en las relaciones ilícitas entre los sexos, la presa que está oculta escapa de ser víctima. Además, otro versículo establece que el recato en la vestimenta hace que se identifique a la mujer creyente, mujer que el musulmán devoto, o cualquier hombre decente, estará motivado a proteger en lugar de abusar.

Una forma de desarrollar pudor es pensar acerca de si haría ese pecado delante de sus padres. Una persona con una pizca de vergüenza en su corazón no va a cometer un acto lascivo en presencia de sus padres. ¿Y qué hay de hacerlo delante de Dios? ¿No es Dios más digno aun de que no se cometa un pecado ante Él? De este modo, el Islam considera que el pudor de un creyente ante Dios debe ser mayor que delante de la gente. Esto se manifiesta en el dicho del Profeta, cuando un hombre le preguntó acerca de estar desnudo en su casa cuando estaba solo. El Profeta le respondió:

“Dios es más merecedor de tu pudor”. (Abu Dawud)

Los primeros musulmanes solían decir: “Sé recatado con Dios cuando estás en privado, de la misma forma que eres recatado delante de la gente cuando estás en público”. Otra de sus frases era: “No seas un siervo fiel de Dios en tu comportamiento público, mientras que eres un enemigo suyo en tus asuntos privados”.

El pudor, por lo tanto, puede ser visto como un medio por el cual la moral y la ética en la sociedad se mantienen y alcanzan. El recato en la gente y la sociedad puede ser una forma de pudor, pero este pudor no permanece inalterable, ya que lo que es considerado indecente un día en una sociedad laica puede ser totalmente aceptable en otra. Por lo tanto, la clave del pudor es saber que Dios está bien informado de lo que haces y rehuir de lo que Él prohíbe. Dios desea lo que es bueno para nosotros. Así que, buscar lo que es bueno es someterse a lo que Él quiere para nosotros. La única manera de identificar esto es creer en lo que Dios hizo descender a Su Profeta Muhammad, y abrazar la religión del Islam que trajo para nosotros.





Tomado de: www.islamreligion.com

domingo, 28 de abril de 2013

Los Colores Unidos del Islam (parte 3 de 3)


Esta hermandad universal predicada por el Islam fue liderada por los Compañeros del Profeta luego de él. Cuando el Compañero Ubada bin As-Samit lideró una delegación ante Muqawqis, el patriarca cristiano de Alejandría, este exclamó: “¡Llévense a este hombre negro lejos de mí, y en su lugar traigan a otro que me hable!... ¿Cómo pueden ustedes estar contentos de que un hombre negro sea el primero entre ustedes? ¿No sería mejor que él esté por debajo de ustedes?” “¡En verdad no!”, replicaron los camaradas de Ubada, “aunque él sea negro, como tú puedes ver, él es el primero en posición, inteligencia y sabiduría entre nosotros; pues la persona negra no es despreciada entre nosotros”.

“En verdad, los creyentes son todos hermanos entre sí…” (Corán 49:10)

Es el Hayy o peregrinaje  a La Meca lo que permanece como el símbolo máximo de unidad y hermandad del hombre. Aquí, los ricos y los pobres, provenientes de todas las naciones, se inclinan y se levantan al unísono ante Dios en lo que es la más grande reunión de la humanidad, testificando acerca de las palabras del Profeta cuando él dijo:

“Verdaderamente no hay superioridad de un árabe sobre un no árabe o de un no árabe sobre un árabe, o de un hombre blanco sobre un hombre negro o de un hombre negro sobre un hombre blanco, excepto por la piedad”. (Ahmad)

Y esto confirma al Corán cuando dice:

“¡Oh, humanos! Os hemos creado a partir de un hombre y una mujer, y os congregamos en pueblos y tribus para que os conozcáis los unos a los otros. En verdad, el más honrado de vosotros ante Dios es el más piadoso”. (Corán 49:13)

En lo que respecta al nacionalismo, el cual busca crear facciones entre musulmanes por líneas étnicas y tribales, ello es considerado una innovación malvada.

“Diles [¡Oh, Muhammad!]: Si vuestros padres, hijos, hermanos, esposas y familiares, los bienes que hayáis adquirido, los negocios que temáis perder y las propiedades que poseáis y os agraden son más amados para vosotros que Dios, Su Mensajero y la lucha por Su causa, pues entonces esperad que os sobrevenga el castigo de Dios; y sabed que Dios no guía a los corruptos”. (Corán 9:24)

El Profeta dijo:

“... quien luche bajo la bandera de los ciegos, volviéndose iracundo por el nacionalismo, llamando al nacionalismo o asistiendo al nacionalismo, y muere, entonces, habrá sido como si hubiese muerto en la yahiliia (es decir, ignorancia e incredulidad pre-islámica)”. (Sahih Muslim)

En lugar de esto, el Corán dice:

“Cuando los incrédulos cerraron sus corazones a la Verdad  como en la época de la ignorancia [previa al Islam], Dios hizo descender el sosiego sobre Su Mensajero y sobre los creyentes, y les infundió el completo sentido de la piedad, pues eran los más dignos de ella; y Dios todo lo sabe”. (Corán 48:26)

De hecho, los musulmanes constituyen un solo cuerpo y una supra-nación, como el Profeta explicó:

“La parábola de los creyentes en su amor y misericordia mutuos es como un cuerpo vivo: si una de las partes siente dolor, todo el cuerpo sufre de insomnio y fiebre”. (Sahih Muslim)

El Corán confirma esta unidad:

“Hicimos de vosotros una comunidad moderada y justa, a fin de que fuerais testigos ante la humanidad [de la llegada de los profetas anteriores], y fuera el Mensajero vuestro testigo”. (Corán 2:143)

Tal vez, una de las más grandes barreras para la aceptación de Islam por parte de muchos occidentales es la falacia de que es principalmente una religión para orientales o para personas de piel oscura. Sin duda, las injusticias raciales en contra de muchos negros, ya sean esclavos abisinios de la Arabia pre-islámica o afroamericanos del siglo XX, han llevado a muchos a acoger el Islam. Pero esto no viene al caso. El mismo Profeta Muhammad fue de tez blancuzca, descrito por sus Compañeros como “blanco y colorado” –una descripción que decenas de millones de creyentes árabes, berberíes y persas comparten–. Incluso los rubios de ojos azules no son tan raros entre los nuevos habitantes del Cercano Oriente. Más aún, Europa tiene más musulmanes blancos que inmigrantes “de color”. Los bosnios, por ejemplo, cuyo número fue diezmado a finales del siglo XX pero quienes, debido a su heroísmo y tradición de tolerancia, han contribuido mucho a la paz y la estabilidad de los Balcanes. Igualmente los albanos, descendientes de los antiguos ilirios de Europa, son también en su mayoría musulmanes. De hecho, uno de los principales eruditos musulmanes del siglo XX, el Imam Muhammad Nasir-Ud-Deen Al-Albani, era, como su título lo sugiere, albano.

“…ciertamente creamos al hombre con la más bella conformación”. (Corán 5:4)

Los blancos han sido llamados “caucásicos” siempre, desde que los antropólogos declararon a las Montañas del Cáucaso, hogar de los picos más altos de Europa, como la “cuna de la raza blanca”. Hoy en día, los nativos de esas montañas son musulmanes. Entre una de las poco conocidas tribus de fieros montañeses y agraciadas mujeres están los circasianos, afamados por su bravura y su belleza, y quienes, como gobernantes mamelucos de Siria y Egipto, ayudaron a defender al mundo civilizado y a salvaguardar sus tierras santas de los asaltos de las hordas mongolas. Luego, están los brutalmente perseguidos chechenos, discutiblemente las más indómitas de todas las criaturas de Dios, cuya tenacidad y resistencia les han ayudado a evitar el destino de los circasianos. Por otro lado, más de 1.000.000 de blancos caucásicos americanos y del norte de Europa –anglosajones, francos, alemanes, escandinavos y celtas incluidos– ahora profesan el Islam. De hecho, el Islam entró pacíficamente a ciertas partes de Europa antes que la cristiandad: “Hace mucho tiempo, cuando el eslavo ruso no había empezado a construir iglesias cristianas en el Oká ni había conquistado estos lugares en nombre de la civilización europea, el búlgaro ya estaba oyendo el Corán en las orillas del Volga y del Kama”. (Solov’ev, 1965) [El 16 de mayo de 922, el Islam se convirtió en la religión oficial del estado de los búlgaros del Volga, con quienes los búlgaros de hoy comparten un ancestro común.]

Toda fe aparte del Islam llama de alguna manera al culto de algún ser creado. Más aún, la raza y el color juegan un papel central y divisivo en casi todos los sistemas de creencia no islámicos. Una deificación cristiana de Jesús y de los santos o una deificación budista de Buda y de los Dalai Lamas, tiene a gente de una raza y un color en particular siendo adorados en derogación de Dios. En el judaísmo, la salvación es apartada de los gentiles no judíos. El sistema de castas hinduista aparta igualmente las aspiraciones espirituales, socio-políticas y económicas de las castas bajas “impuras”. El Islam, a pesar de esto, busca unificar a todas las criaturas del mundo alrededor de la Unidad y la Unicidad de su Creador. De esta forma, sólo el Islam libera a todas las personas, razas y colores mediante la adoración exclusiva a Dios.

“Y entre Sus signos está la creación de los cielos y de la Tierra, la diversidad de vuestras lenguas y razas. Por cierto que en esto hay signos para quienes los comprenden”. (Corán 30:22)





Texto tomado de: www.islamreligion.com

Los Colores Unidos del Islam (parte 2 de 3)


Salmán, el persa

Como la mayoría de sus compatriotas, Salman fue criado como un devoto zoroastriano. A pesar de esto, luego de un encuentro con algunos cristianos, él aceptó el cristianismo como “algo mejor”. Salmán luego viajó por todas partes en búsqueda de conocimiento, sirviendo a uno y otro monje instruido, el último de los cuales dijo: “¡Oh hijo! Yo no sé de nadie que esté en el mismo (credo) que nosotros. A pesar de esto, el tiempo de la aparición de un Profeta está cerca. Este Profeta es de la religión de Abraham”. El monje procedió luego a describir a dicho Profeta, su carácter y en dónde aparecería. Salman emigró a Arabia, la tierra de esa profecía; y cuando oyó y conoció a Muhammad, inmediatamente lo reconoció de las descripciones de su maestro, y abrazó el Islam. Salmán se hizo famoso por su conocimiento y fue la primera persona en traducir el Corán a otro idioma, el persa. Una vez, mientras el Profeta estaba entre sus Compañeros, lo siguiente le fue revelado:

“Él es Quien eligió de entre los que no sabían leer ni escribir  un Mensajero para que les recite Sus preceptos, les purifique, y les enseñe el Libro y la sabiduría. Por cierto que antes de ello se encontraban en un extravío evidente. Y también [para que purifique y enseñe] a otros que les sucederán. Ciertamente Dios es Poderoso, Sabio”. (Corán 62:2-3)

El Mensajero de Dios luego puso su mano sobre Salman y dijo:

“Incluso si la fe estuviera cerca de (las estrellas de) Pléyades, un hombre de entre estos (persas) de seguro la obtendría”. (Sahih Muslim)
Suhaib el romano

Suhaib nació con privilegios en la lujosa casa de su padre, quien era un gobernador en representación del emperador persa. Mientras aún era niño, Suhaib fue capturado por asaltantes bizantinos y vendido como esclavo en Constantinopla.

Suhaib eventualmente escapó de la cautividad y huyó a La Meca, un popular lugar de asilo, en donde pronto se volvió un próspero comerciante con el apodo de “Ar-Rumi”, el romano, debido a su idioma y crianza bizantina. Cuando Suhaib oyó a Muhammad predicar, se convenció inmediatamente de la verdad de su mensaje y abrazó el Islam. Como todos los primeros musulmanes, Suhaib fue perseguido por los paganos de La Meca. Así que intercambió toda su riqueza por un salvoconducto para unirse al Profeta en Medina, después de lo cual el Profeta, complacido de ver a Suhaib, lo saludó tres veces, diciendo: “¡Tu intercambio ha sido fructífero [Oh Suhaib]! ¡Tu intercambio ha sido fructífero, tu intercambio ha sido fructífero!” Dios había informado al Profeta de la acción de Suhaib antes de reunirse con él, mediante esta revelación:

“Y entre los hombres hay quienes dan su vida anhelando agradar a Dios; y Dios es Compasivo con Sus siervos”. (Corán 2:207)

El Profeta amaba en gran manera a Suhaib, y lo describió como habiendo precedido a los romanos en entrar al Islam. La piedad de Suhaib y su posición entre los primeros musulmanes eran tan altas, que cuando el Califa Umar estaba en su lecho de muerte escogió a Suhaib para liderarlos hasta cuando hubiera acuerdo entre ellos acerca de un sucesor.
 

Abdullah, el hebreo

Los judíos eran otra nación que vivía entre los árabes pre-islámicos, especialmente en Medinah. Muchos judíos y cristianos habían estado esperando que apareciera un nuevo profeta en Arabia durante el tiempo del Profeta Muhammad. Los judíos de la tribu levita, en particular, se habían asentado en gran número dentro y alrededor de la ciudad de Medina. A pesar de esto, cuando el tan anunciado Profeta llegó, no como un hebreo hijo de Israel sino como un árabe descendiente de Ismael, los judíos lo rechazaron. Excepto unos pocos, como Hussein bin Salam. Hussein era el más instruido rabino y líder de los judíos de Medina, pero fue denunciado y despreciado por ellos cuando acogió el Islam. El Profeta dio un nuevo nombre a Husain: “Abdullah”, que significa “Servidor de Dios”, y le dio las buenas nuevas de que estaba destinado al Paraíso. Abdullah se dirigió a sus compañeros de la tribu diciendo:

 “¡Oh judíos! Sean conscientes de Dios y acepten lo que Muhammad ha traído. ¡Por Dios! Ustedes saben que él es el Mensajero de Dios y pueden encontrar profecías acerca de él y la mención de su nombre y sus características en la Tora. Yo, por mi parte, declaro que él es el Mensajero de Dios. Yo tengo fe en él y creo que él es veraz. Yo lo reconozco a él”. Dios reveló lo siguiente acerca de ‘Abdullah:

“Diles: ¿Por qué no creéis en el Corán que Dios reveló y os ensoberbecéis, siendo que un sabio de los Hijos de Israel [‘Abdullah Ibn Salam] atestiguó su veracidad y creyó en él? En verdad Dios no guía a los injustos”. (Corán 46:10)

De esta forma, en las filas de los Compañeros del  Profeta Muhammad se podían encontrar africanos, persas, romanos e israelitas; representantes de cada continente conocido. Como el Profeta dijo:

“En verdad, mis amigos y aliados no son de la tribu de tal y tal. En lugar de esto, mis amigos y aliados son los piadosos, donde sea que estén”. (Sahih Al- Bujari, Sahih Muslim)





Texto tomado de: www.islamreligion.com

Los Colores Unidos del Islam (parte 1 de 3)

   

“Dios le preguntó: ¿Qué te impidió hacer la reverencia cuando te lo ordené? Respondió: Yo soy mejor que él, pues a mí me creaste de fuego y a él de barro”. (Corán 7:12)

Así empieza la historia del racismo.  Satanás se consideró a sí mismo superior a Adán con base en sus orígenes. Desde ese día, Satanás ha engañado a muchos de los descendientes de Adán llevándolos también a creerse  superiores a otros, causando que persigan y exploten a sus congéneres. Con mucha frecuencia, la religión ha sido usada para justificar el racismo. El judaísmo, por ejemplo, a pesar de sus orígenes en el Oriente Medio, es fácilmente confundido como una religión occidental; pero la entrada de los judíos a todos los niveles de la sociedad occidental, de hecho, traiciona la realidad elitista del judaísmo. Una lectura piadosa del siguiente verso de la Biblia: 

“… no hay Dios en todo el mundo, sino sólo en Israel”. (2 Reyes 5:15)

…sugeriría que en aquellos días Dios no era adorado sino por los israelitas. Sin embargo, el judaísmo hoy permanece centrado alrededor de su jactancia de superioridad racial, de ser los “escogidos”.

 “Diles: ¡Oh, judíos! Si realmente son los elegidos de Allah, y las otras personas no lo son, como pretenden…’” (Corán 62:6)

Paradójicamente, la gran mayoría de los cristianos no son judíos; mientras que Jesús, como el último de los profetas israelitas, no fue enviado a nadie más que a los judíos.

“Y cuando Jesús, hijo de María, dijo: ¡Oh, hijos de Israel! Yo soy el Mensajero de Allah, enviado a vosotros para corroborar la Tora y anunciar a un Mensajero que vendrá después de mí, llamado Ahmad...” (Corán 61:6)

Y de la misma forma, cada Profeta fue enviado exclusivamente a su propio pueblo, excepto Muhammad.

“Aquellos que siguen al Mensajero y Profeta iletrado [Muhammad], quien se encontraba mencionado en la Tora y el Evangelio, que les ordena el bien y les prohíbe el mal, les permite todo lo beneficioso y sólo les prohíbe lo perjudicial, y les abroga los preceptos difíciles que pesaban sobre ellos [la Gente del Libro]; y quienes crean en él, lo secunden, defiendan y sigan la luz que le ha sido revelada [el Corán] serán quienes tengan éxito…’” (Corán 7:158)

Dado que Muhammad fue el Profeta y Mensajero final de Dios, su misión fue universal, dirigida no sólo a su propia nación, los árabes, sino para todos los pueblos del mundo. El Profeta dijo:

“Todo Profeta anterior fue enviado a su nación exclusivamente, mientras que yo he sido enviado a toda la humanidad”. (Sahih Al- Bujari)

“Y no te enviamos [¡Oh, Muhammad!] sino como albriciador y amonestador para todos los hombres”. (Corán 34:28)


Bilal, el abisinio

Uno de los primeros en aceptar el Islam fue un esclavo abisinio llamado Bilal. Tradicionalmente, los africanos negros eran personas bajas a la vista de los árabes, quienes los consideraban de poca utilidad más allá del entretenimiento y la esclavitud. Cuando Bilal abrazó el Islam, su amo pagano lo hizo torturar salvajemente en el abrasador calor del desierto, hasta que Abu Baker, el amigo más cercano del Profeta, lo rescató al comprar su libertad.

El Profeta le asignó a Bilal la tarea de llamar a los creyentes para la oración. El adhán, oído desde los minaretes en cada esquina del mundo, desde entonces hace eco de las mismas palabras exactas recitadas por Bilal. Fue así como un esclavo, otrora de baja condición social, ganó un honor único como el primer muecín del Islam.

“Por cierto que hemos honrado a los hijos de Adán, y les hemos facilitado los medios para transitar por la tierra y por el mar; les hemos proveído de cosas buenas y los hemos preferido por encima de muchas otras criaturas”. (Corán 17:70)

Los románticos occidentales exaltan a la antigua Grecia como el lugar de nacimiento de la democracia. La realidad es que, por ser esclavos y mujeres, a la vasta mayoría de los atenienses le era negado el derecho a elegir a sus gobernantes. A pesar de esto, ¡el Islam estableció que un esclavo podía ser un gobernante! El Profeta ordenó:

“Obedezcan a su gobernante, incluso si es un esclavo abisinio”. (Ahmad)


Texto tomado de: www.islamreligion.com

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