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lunes, 19 de agosto de 2013

El buen trato a los padres (parte 3 de 3): incluso después de la muerte


El Islam es una religión de justicia y compasión. Enseña la moralidad y prohíbe la mala conducta. Un estatus especial ha sido otorgado a las personas mayores, ellos son tratados con respeto y dignidad. Los musulmanes son alentados a honrarlos, y esto es especialmente cierto cuando se trata del trato a los padres. Aunque la muerte puede tomarnos a cualquier edad, los padres son frecuentemente personas mayores y como tales requieren cuidado y atención especial. Aunque los rigores de la edad avanzada pueden causar que los padres sean exigentes, impacientes o petulantes, el musulmán aún está obligado a tratarlos con amabilidad y a cuidarlos amorosamente. Dios vinculó el honrar a los padres con el mandato de creer en el monoteísmo.

“Adorad a Dios y no Le asociéis nada. Sed benevolentes con vuestros padres, parientes, con los huérfanos, los pobres, vecinos parientes y no parientes, el compañero, el viajero insolvente y con lo que posee vuestra diestra. Dios no ama al arrogante jactancioso.” (Corán 4:36)

Uno de los compañeros del Profeta Muhammad le preguntó acerca de las buenas acciones que Dios más amaba. El Profeta respondió: “La oración ofrecida en su tiempo específico y honrar a los padres...” (Sahih Bujari)

Los dichos del Profeta Muhammad abundan con palabras de sabiduría acerca de la  obligación de ser obediente y amable con los padres. Una vez se oyó que él dijo:

“Que perezca, que perezca, que perezca”. Aquellos alrededor de él inmediatamente le preguntaron a quién se estaba refiriendo. El Profeta Muhammad replicó: “A aquel cuyos padres (uno o ambos) llegan a la vejez mientras él esté con vida y no entre al Paraíso (debido a su bondad hacia ellos)”. (Sahih Muslim) 

El respeto por los padres es la llave de las puertas del Paraíso. Aplicando los mandatos de Dios y dando a los padres el afecto y el amor debido, recibimos la recompensa de la eterna dicha.
 
Acciones beneficiosas

Hay muchas maneras en que un musulmán puede continuar honrando y respetando a los padres luego de su muerte. Puede orar y hacer súplicas a Dios para que sea misericordioso con ellos; él puede pagar cualquier deuda terrenal que ellos hayan acumulado o deudas debidas a Dios, tales como ayunar o hacer la peregrinación (Hayy) o también pueden dar caridad en su nombre. Mantener los lazos familiares y de amistad son también maneras de continuar mostrando amor y respeto a los padres luego de su muerte, y el Islam cuidadosamente muestra qué acciones de parte de los vivos pueden ser beneficiosas. El Profeta dijo:

“Cuando una persona muere, todas sus acciones llegan a un fin excepto tres: una caridad continua, un conocimiento beneficioso y un hijo recto que orará por él”. (At Tirmidhi)

Un hombre entre los compañeros le preguntó al Profeta Muhammad:

“¿Hay algo de la bondad que le debo a mis padres que pueda ofrecerles luego de su muerte?” Él contestó: “Si, cuatro cosas: orar y pedir perdón por ellos,  cumplir sus promesas, ser amable con sus amigos y mantener los lazos de familia que vengan sólo de su dirección”. (Ahmad, Abu Dawud e Ibn Mayah)

De esta forma, se entiende que la amabilidad y la gratitud que estamos obligados a mostrarles a nuestros padres deben ser continuadas incluso luego de su muerte. El  Profeta Muhammad también nos contó acerca de un hombre que alcanzó un lugar muy elevado en el Paraíso. El hombre se sorprendió y preguntó cómo había logrado tal posición. Le fue informado:

“Porque tu hijo oró por tu perdón”. (Ibn Mayah)
 
Las llaves del Paraíso

La vida en el siglo 21 es agitada, y con frecuencia estamos abrumados por preocupaciones mundanas, tanto así que tendemos a olvidar que la moral y los modales hacen gran parte de esta forma de vida que es el Islam. La amabilidad a los padres es una obligación y haremos bien en recordar y emular el comportamiento de los primeros musulmanes. Ellos mantenían a sus padres en alta estima, los amaban y apreciaban siguiendo los mandamientos de Dios, y sabían que el Paraíso realmente yacía a los pies de sus madres. Estas no eran sólo palabras para nuestros predecesores, ellas eran las llaves del Paraíso.

Como ejemplo podemos observar el comportamiento de Abdullah, el hijo de Omar Ibn Al Jattab. En el camino a La Meca, Abdullah se encontró a un beduino. Éste lo saludó con la paz, le dio a montar la montura que él llevaba y le dio el turbante que él había estado llevado sobre su cabeza. Uno de los compañeros de Abdullah comentó: “Que Dios te guíe, ellos son simplemente beduinos y se contentan con poco”. Abdullah contestó: “El padre de este hombre fue un amigo cercano de mi padre, y yo oí al Mensajero de Dios decir: “La mejor forma de honrar a los padres es mantenerse en contacto con los amigos de su padre”.

El Islam reconoce la importancia de la unidad familiar, y una buena y amorosa relación entre padres e hijos es esencial. Luego de Dios, nuestros padres merecen nuestra gratitud y obediencia. El musulmán debe mostrar bondad y misericordia hacia sus padres. Solo hay una excepción a esto, si los padres esperan que sus hijos asocien algo a Dios o que hagan algo no permitido para el Islam, entonces el hijo no debe obedecerles; sin embargo, nada remueve la obligación de ser amable y respetuoso con ellos.





Texto tomado de: www.islamreligion.com



El buen trato a los padres (parte 2 de 3): el valor de la maternidad: el Paraíso está a sus pies


En varios versículos del Corán, Dios deja claro que el deber, la amabilidad y la gratitud hacia los padres es una parte esencial del Islam. Sin embargo, las mujeres en el Islam, particularmente las madres, han sido destacadas con el mayor respeto y devoción. Dios Mismo nos dice de las privaciones relacionadas con la maternidad.

“Le hemos ordenado al hombre ser benevolente con sus padres. Su madre le lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia, y su destete es a los dos años. Sed agradecidos conmigo y con vuestros padres; y sabed que ante Mí compareceréis”. (Corán 31:14)

En el tiempo del Profeta Muhammad, un hombre pidió permiso para ir en una expedición militar. El Profeta le preguntó al hombre si tenía madre, cuando él dijo que sí, el Profeta Muhammad dijo: “Quédate con ella porque el Paraíso yace junto a sus pies” (Ahmad, An-Nasai). Qué maravillosa imagen invocan estas palabras: madres e hijos contemplándose los unos a los otros con amor y gratitud. Manos pequeñas cerradas dentro de manos más grandes. Una caricia en la cara en tiempos de estrés y enfermedad, o la calidez de la voz de una madre amorosa. Imágenes de madres alimentando y cuidando a sus hijos, en salud o en enfermedad, en buenos tiempos o en tiempos de prueba. El Paraíso yace a los pies de las madres; ¿pero qué significan exactamente estas palabras? Simplemente que las puertas del Paraíso están abiertas para aquellos que aprecian y respetan a sus madres.

El papel de la madre en la familia islámica es igualmente importante, o tal vez más, que el papel del padre, quien es el proveedor y el protector de la familia. No solamente experimenta las alegrías como de las dificultades del embarazo y de  dar a luz, sino que dedica toda su vida a criar y cuidar a sus hijos. Es su responsabilidad criarlos y educarlos para que sean seres humanos rectos y piadosos.  Ella cocina, limpia, alimenta y educa; ella también es responsable de su salud espiritual, emocional y física, y de su bienestar. En retribución, los hijos les deben a sus madres cuidado, amor, afecto, respeto y obediencia. La tarea que Dios les asignó a las madres es grande y a veces abrumadora. De acuerdo con esto, la recompensa para una madre recta es nada menos que el Paraíso, y en esta vida ella es estimada y honrada.
¿Quién es más digno de buena compañía?

En una Hadiz del Profeta Muhammad, un hombre vino a preguntarle: “¿Quién entre la gente es el más digno de mi buena compañía? El Profeta le dijo: “Tu madre”.  El hombre dijo: “¿Luego quién?” El Profeta dijo: “Luego tu madre”. El hombre volvió a preguntar: “¿Luego quién?” El Profeta dijo: “Luego tu madre”. El hombre volvió a preguntar: “¿Luego quién?” El Profeta respondió: “Luego tu padre”. (Sahih Al-Bujari, Sahih Muslim)

De solo estos dos dichos del Profeta Muhammad, somos capaces de entender la importancia de la madre en el Islam. Sin embargo, en estos días de materialismo es fácil olvidar que Dios nos pide honrar a nuestros padres, especialmente a nuestra madre. Algunas veces nos encontramos a nosotros mismos pronunciando palabras de desdén o quejándonos acerca de nuestros padres. Esta clase de comportamiento no es del Islam.

Dios nos recuerda que le Profeta Juan (conocido como el Bautista) era sumiso a sus padres, amándolos y obedeciéndolos. Él dijo:

“Cuando su hijo alcanzó la pubertad, [le dijimos:] ¡Oh, Juan! Aférrate al Libro [la Tora] con firmeza. Y le concedimos la sabiduría desde pequeño. Hicimos de él un joven clemente y puro, y fue piadoso, benevolente con sus padres, no fue soberbio ni desobediente”. (Corán 19:12-14)

Adicionalmente, en el Corán, podemos oír las palabras de Jesús; él se describe a sí mismo equiparando su obediencia a Dios con sus deberes hacia su madre, María.

“Entonces [Jesús] habló: Por cierto que soy el siervo de Allah. Él me revelará el Libro y hará de mí un Profeta. Seré bendecido doquiera que me encuentre, y me ordenará hacer la oración y pagar el Zakát mientras viva. Y me hará benevolente con mi madre. No dejará que sea soberbio ni insolente”. (Corán 19:30-32)

Tan ocupadas como nuestras vidas puedan ser, es de gran beneficio mirar atrás a las vidas de los Profetas y a nuestros predecesores virtuosos, para ver cómo ellos trataron a sus padres, particularmente a sus madres.
 
El comportamiento de los Compañeros

Abdullah Ibn Omar, un experto líder de entre los compañeros del Profeta Muhammad, una vez vio a un hombre llevando a su madre en su espalda y circunvalando la Casa Sagrada en La Meca.  Él no se quejaba ni mostraba ningún signo de molestia; en lugar de esto el seguía repitiendo una línea de poesía comparándose a sí mismo con un camello. El miró a Abdullah Ibn Omar y le preguntó si al hacer esto se liberaba de su deuda con su madre. Ibn Omar dijo: “No. Ni siquiera has pagado una punzada del dolor que ella sintió cuando te dio a luz”.

Otro compañero de los primeros días del Islam, Dhibyan Ibn Ali Az-Zowri, también solía viajar con su madre a La Meca. El viaje era largo y muy caluroso; al lado del camino durante sus viajes, cavaba un pequeño pozo y lo llenaba con agua fresca. Él entonces se volvería a su madre y decía: “Madre, siéntate en esta agua fresca para que te refresques”.

Los musulmanes que son obedientes a Dios nunca pueden ser desobedientes o irrespetuosos con sus padres. Una gran recompensa es ofrecida a aquellos que traten a sus padres, especialmente a sus madres, con afecto y gentileza, pero una severa advertencia es también dada. El peligro de ser irrespetuoso es ilustrado en el siguiente dicho del Profeta Muhammad:

Un hombre vino al Profeta Muhammad y dijo: “Un hombre joven  se encontraba agonizando y la gente le pedía que diga que no hay divinidad sino Dios, pero él es incapaz de hacerlo. El Profeta entonces preguntó: “¿Este hombre ofreció sus oraciones?” La respuesta fue sí. El Profeta entonces fue a ver al hombre y trató de alentarlo a decir que no hay divinidad sino Dios. Aun así éste era incapaz de pronunciar las palabras.  El Profeta Muhammad entonces llamó a la madre del hombre que moría, la madre a la que él había desobedecido persistentemente.

Cuando ella apareció, el Profeta le preguntó: “Respetada mujer, ¿es él tu hijo?” Ella contestó que sí. Entonces preguntó: “Respetada mujer, ¿si nosotros amenazáramos con arrojar a tu hijo dentro de un fuego rabioso, tú recomendarías que él fuera perdonado?” La mujer contestó que ella definitivamente pediría que él fuera perdonado. El Profeta entonces le dijo: “Entonces declara, haciendo a Dios y a mí tus testigos, que tú estás ahora complacida con él”. La anciana mujer de buena gana declaró: “Oh Dios, Tú y tu Profeta son mis testigos de que yo estoy complacida con este amado hijo mío”. El Profeta entonces se volvió hacia el hombre que moría y le pidió que recitara: “No hay divinidad sino Dios, Él es el Único y no tiene socio, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Su mensajero”.  (At Tabarani, Ahmad)

Debido al perdón de su madre, el hombre fue capaz de recitar las palabras que, por la Gracia y la Misericordia de Dios, pudieron haberle permitido entrar al Paraíso. El buen trato a los padres puede ser la llave para el Paraíso; por otra parte, el mal comportamiento hacia ellos puede resultar en el castigo en el fuego del Infierno.





Texto tomado de: wwwislamreligion.com

El buen trato a los padres (parte 1 de 3): deber y devoción

Si usted escribe las palabras, “amabilidad con los padres” (en inglés) en Google, seis de los primeros diez resultados son artículos islámicos resaltando la importancia de ser obedientes y amables con los padres. ¿Por qué? El Islam es una religión que hace énfasis en las cualidades de misericordia, tolerancia y respeto. Dios ha ordenado el buen trato a los padres y nos advierte contra el hecho de tratarlos irrespetuosamente.  Hay varios versos en el Corán donde la amabilidad con los padres es incluso equiparada con el aspecto más importante del Islam: adorar sólo a Dios. Esto indica que ser amables con los padres, honrarlos y respetarlos, es extremadamente importante en la forma de vida del Islam.

“Tu Señor ha ordenado que no adoréis sino a Él y que seáis benévolos con vuestros padres. Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez, no seáis insolentes con ellos y ni siquiera les digáis: ¡Uf! Y háblales con dulzura y respeto.” (Corán 17:23)

Ninguna palabra irrespetuosa debe ser pronunciada hacia un padre, ni siquiera una mirada de resentimiento o desprecio. Honrar a los padres puede ser considerada una forma de adoración si la intención es complacer a Dios Todopoderoso al respetar Sus órdenes.

Dios continúa este verso recordándonos que los padres son merecedores de amabilidad, porque ellos criaron a sus hijos con misericordia y con frecuencia hicieron grandes sacrificios por su bienestar. El uso de la palabra “ala” invoca la imagen de un ave protegiendo a sus crías, y trae a la mente la compasión que los padres tienen para con sus hijos.

“Baja sobre ellos el ala de la humildad que viene de la misericordia, y ruega: ¡Oh, Señor mío! Ten misericordia de ellos como ellos la tuvieron conmigo cuando me educaron siendo pequeño”. (Corán 17:24)

El amor y  la misericordia que emanan del Dios Más Misericordioso, se manifiestan en el trato amable existente entre los padres y sus hijos. Dios claramente prohíbe el maltrato a los padres, y en otro verso del Corán se suman la necesidad de mostrar gratitud a Él, nuestro Creador, así como a nuestros padres. De nuevo, Dios claramente vincula los derechos debidos a Él y los derechos debidos a los padres.

“Le hemos ordenado al hombre ser benevolente con sus padres. Su madre le lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia, y su destete es a los dos años. Sed agradecidos conmigo y con vuestros padres; y sabed que ante Mí compareceréis”. (Corán 31:14)

El Profeta Muhammad reforzó el deber de ser amable con los padres. Un compañero del Profeta una vez le preguntó cuál de las muchas buenas acciones que un hombre puede hacer es la más amada por Dios. El Profeta Muhammad le respondió diciendo: “Ofrecer la oración a su debido tiempo”.  El compañero luego le preguntó: “¿Y cuál le sigue?”, a lo cual el Profeta replicó: “El ser bueno y obediente con tus padres…”.  La responsabilidad de ser amable y bueno con los padres viene justo después del más grande deber en el Islam: la oración.
Más que bondad

La palabra árabe que es usada en el Corán y en las narraciones del Profeta Muhammad para denotar esta amabilidad con los padres es birr, y frecuentemente es traducida como bondad. Sin embargo, como es el caso con la mayoría de las palabras árabes, una traducción directa al español con frecuencia falla al explicar la verdadera profundidad del significado. Birr no sólo significa bondad; también contiene sombras de significado que indican amabilidad, compasión, respeto e incluso paciencia. El Islam, la forma de vida, acompasa todas esas cualidades, y los musulmanes deben esforzarse en modelar este comportamiento en todos los tratos, particularmente en la relación entre los padres y los hijos.

Los padres cuidan y alimentan a sus hijos durante toda su vida, pero en un punto este deber se invierte, los padres se vuelven ancianos y débiles, y son ellos los que entonces necesitan de este cuidado y alimentación. El hijo está obligado a cuidar a los padres mostrando todas las cualidades de birr y sabiendo que la recompensa por ello está con Dios. El Profeta Muhammad dijo: “Si alguien posee las siguientes tres características Dios lo agraciará con una muerte sin dolor y lo llevará a Su Paraíso: gentileza hacia el débil, afecto hacia los padres y amabilidad con los sirvientes”.
 

La devoción de un hombre

Abu Hurairah fue un compañero cercano del Profeta Muhammad; él es recordado por transmitir muchos de los dichos del Profeta. La vida de Abu Hurairah también contiene muchas demostraciones de su amor y su devoción por su madre. Cuando él primero acogió el Islam, ningún ruego pudo convencer a su madre de hacer lo mismo. Llorando y asustado, Abu Hurairah se aproximó al Profeta y le rogó que hiciera una súplica a Dios pidiéndole guía para su madre. El Profeta Muhammad aceptó su solicitud y en un muy corto periodo de tiempo la madre de Abu Hurairah pronunció estas palabras: “No hay Dios sino Allah y Muhammad es su siervo y su Mensajero”, aceptando de esa forma el Islam.

A lo largo de su vida, Abu Hurairah fue amable y cortés con su madre. Cuando quería salir del hogar, se paraba en la puerta de la habitación de ella y decía: “La paz sea contigo, madre, y la misericordia y las bendiciones de Dios”. Ella contestaba: “Y sobre ti sea la paz, hijo mío, y la misericordia y las bendiciones de Dios”. Él también decía: “Que Dios tenga misericordia de ti, pues tú cuidaste de mí cuando yo era pequeño”; a lo que ella respondía: “Que Dios tenga misericordia de ti, pues tú me salvaste del error cuando yo era anciana”.

Abu Hurairah siempre alentó a otras personas a ser amables y buenos con sus padres. Una vez vio a dos hombres caminando juntos y le preguntó al más joven:  “¿Quién es este hombre para ti?”; a lo que el joven respondió: “Es mi padre”.  Abu Hurairah le aconsejó: “No lo llames por su nombre, no camines delante de él y no te sientes antes de que él lo haga”.

Esta gentileza y afecto entre Abu Hurairah y su madre nos enseña que el respeto mutuo  y el amor son un deber. El musulmán debe mostrar respeto hacia los padres incluso si ellos no son musulmanes, y el más grande amor que puede mostrar hacia ellos es suplicarle a Dios con la esperanza de que los guíe hacia el Islam. En el tiempo del Profeta, muchos de aquellos que acogieron el Islam se encontraron con que este entraba en conflicto con las creencias y las solicitudes de sus padres, pero ellos fueron enseñados a ser amables y a obedecer a sus padres, excepto si los padres les pedían que desobedecieran a Dios.

“Si vuestros padres se esfuerzan por hacer que Me asociéis copartícipes [en la adoración] no les obedezcáis, pues es sabido que carecen de fundamento válido, pero tratadles con respeto. Seguid el camino de los piadosos, pues ante Mí compareceréis y os informaré de lo que hacíais”. (Corán 31:15)

Ser sumisos con los padres, obedecerlos y tratarlos con amabilidad está incrustado en las enseñanzas del Islam; sin embargo, la obediencia a Dios es siempre el primer y más importante deber del musulmán.





Texto tomado de: www.islamreligion.com

Pacto del Califa Omar al entrar a Jerusalén

Cuando Omar Ibn Al Jatab (el segundo califa) entró a Jerusalén como el líder del ejército musulmán en el año 638 d.c, lo hizo a pie como un gesto de humildad; no hubo derramamiento de sangre. Aquellos que querían irse se les permitió hacerlo con todas sus pertenencias y se les garantizo un salvoconducto.
 
A quienes quisieron quedarse se les garantizó protección para sus vidas, sus propiedades y sus lugares de adoración.

Omar rechazó el ofrecimiento hecho por el patriarca Sofronio, jefe magistrado de la ciudad tomada, de rezar una de las cinco oraciones diarias en la iglesia del Santo Sepulcro. Él lo rechazó para así evitar que en los años venideros los musulmanes trataran de convertirla en una mezquita en su memoria.

“En el Nombre de Alá, el más Misericordioso, el más Compasivo. Esta es una garantía de paz y protección dada por el siervo de Alá: Omar, comandante de los creyentes a la gente de Ilia' (Jerusalén). Les doy una garantía de protección para sus vidas, propiedades, iglesias y cruces: para quienes están enfermos y para los saludables y para toda la comunidad religiosa.

Sus iglesias no serán ocupadas, demolidas ni tomadas total o parcialmente. Ninguna de sus cruces ni propiedades serán confiscadas. No serán obligados en su religión ni ninguno de ustedes será dañado...

La gente de Illia´deberá pagar el Yizia (un impuesto fijo que los no musulmanes que viven bajo la protección de un gobierno islámico deben pagar por la utilización de los beneficios de la ciudadanía y como exoneración de servicio militar) como lo hacen los habitantes de las ciudades...

A quien se vaya se le garantizará la seguridad de su vida y su propiedad hasta que llegue a un refugio seguro. Quien se quede también estara seguro, en tal caso deberá pagar impuestos como o hace la gente´. En caso de que algunas de las personas de Ilia deseen trasladarse con los romanos llevando sus propiedas, con sus cruces y vaciando sus iglesias, se les debe garantizar la seguridad para sus vidas, sus iglesias y sus cruces, hasta que lleguen a un lugar seguro. Quien decida quedarse podrá hacerlo, y deberá pagar impuestos como lo hace la gente de Ilia´. Quien se quiera ir con los Romanos podrá hacerlo, y quien desee regresar a su casa con sus parientes podrá hacerlo. Nada será tomado de ellos hasta que sus cultivos hayan sido cosechados. Para la satisfacción de este convenio aquí están dados el Pacto de Alá, las garantías de Su Mensajero, los Califas y los creyentes, a condición de que ellos (la gente de Ilia´) paguen lo que les es debido (el impuesto de Ilia´).

Los testigos de esto son: Jalid Ibn Al-Walid, 'Abdu Rahman Ibn 'Auf, Amar Ibnul Al-'As y Mu'awiyah Ibn Sufian. Hecho y ejecutado en el año 15 H.







Texto tomado de: www.viveislam.org

jueves, 18 de julio de 2013

El alfabetismo en el Islam (parte 1 de 3): Libros en Bagdad

Bagdad fue golpeada por una serie de explosiones. La ciudad, rastrillada por la violencia. Bagdad significa caos, muerte y destrucción. Bagdad es una ciudad que grita de dolor y muere tras una cortina de humo. Mientras miramos el desastre en las pantallas de nuestros televisores, es difícil imaginar que Bagdad fue una vez el gran asiento del aprendizaje. Bagdad y libros fueron sinónimos por cientos de años. Los estantes de libros llenaban las casas familiares y las librerías llenaban las calles de Bagdad. Incluso ahora, entre los escombros y el pandemónium, los residentes de Bagdad compran libros. “Es una vieja enfermedad en Irak, la gente gasta su dinero en libros, no en comida”, bromea un traductor iraquí para Noticias NBC[1].

En el período que la historia occidental ha denominado Oscurantismo, comenzó el romance entre Bagdad y los libros. En una época en que las iglesias por toda Europa se sentían afortunadas de tener una biblioteca consistente de algunos cuantos libros, había una calle en Bagdad llena de más de 100 tiendas que vendían libros, o artículos de papelería, o ambos. Por todo el mundo occidental, el alfabetismo estaba restringido a los ricos o a las autoridades religiosas, pero en Bagdad, la gente tenía acceso a más de 30 bibliotecas.

En el período de 200 años después de la muerte del Profeta Muhammad, la pequeña nación islámica creció convirtiéndose en una enorme civilización que se extendía desde el Norte de África hasta Arabia, desde Persia hasta Uzbekistán, y traspasó las fronteras de India y más allá. Alrededor de 750 d.C., Bagdad, la ciudad construida sobre los bancos del río Tigris, se convirtió en la capital del califato islámico. Su ubicación la conectó a países tan distantes como China, y Bagdad pronto se convirtió no solo en el centro político y administrativo, sino también en el eje cultural y del aprendizaje.

Hombres y mujeres de todas partes del imperio afluyeron a Bagdad y trajeron con ellos el conocimiento de todas las esquinas del mundo conocido.

Musulmanes, judíos, cristianos, hindús, zoroastrianos, e incluso personas de otras creencias más oscuras, vivían en Bagdad. Los libros comenzaron a simbolizar la vida de Bagdad. Las calles estaban vivas llenas de autores, traductores, escribas, iluminadores, bibliotecarios, encuadernadores, coleccionistas y vendedores de libros. Sin embargo, estas personas de orígenes tan diversos, necesitaban estar conectados. El árabe se desarrolló como lengua de erudición y así se estableció la conexión.

Las obras de Platón, Aristóteles, Ptolomeo y Plutarco, entre otras muchas, fueron traducidas al árabe. Los filósofos judíos utilizaban las traducciones al árabe de las obras filosóficas griegas para escribir sus propios tratados y ensayos. Cuando Europa comenzó a emerger del Oscurantismo hacia un periodo de iluminación, ellos se basaron en los libros escritos en árabe para redimir y recuperar las bases del imperio occidental.

Muchos de los libros originales traducidos en Bagdad se perdieron o fueron destruidos en sus países de origen, manteniéndose solo en sus traducciones árabes. Los eruditos de Bagdad fueron los responsables de preservar las obras clásicas de los griegos, los romanos y los egipcios, e incluso tradujeron clásicos de Persia, India y China. Estas grandes obras fueron traducidas del árabe de nuevo a idiomas como el turco, el persa, el hebreo y el latín. El teólogo católico Tomás de Aquino hizo su famosa integración de fe y razón después de leer la filosofía aristotélica en una traducción hecha por los eruditos de Bagdad.

Los eruditos de Bagdad no solo recogieron y sintetizaron las grandes obras, también agregaron su propio conocimiento. Ellos abrieron nuevos campos de erudición, como la mecánica celeste, e introdujeron al mundo el álgebra y la geometría. Un erudito de Bagdad produjo un libro de texto de oftalmología, que se cree es el primer libro médico en el mundo que contenía dibujos anatómicos. Fue la obra definitiva tanto en Oriente como en Occidente, y fue utilizado durante más de ocho siglos.

A medida que Bagdad se transformó en un centro de aprendizaje, el califa Harún Ar-Rashid y su hijo Al Mamún, abrieron uno de los centros del pensamiento más famosos de la historia, Bait Al Hikmah, o la Casa de la Sabiduría. Los eruditos de la Casa de la Sabiduría, a diferencia de sus contrapartes modernos, no se “especializaban”. Al Razi fue un filósofo y matemático así como físico, y Al Kindi escribió sobre lógica, filosofía, geometría, cálculo, aritmética, música y astronomía. Entre sus obras se encuentran títulos como “La razón por la que llueve poco en ciertos lugares”, “La causa del vértigo” y “Cruzamiento de palomas”.

El historiador Al Maqrizi describió la apertura de la Casa de la Sabiduría en 1004 d.C.: “Los estudiantes tomaron su residencia. Los libros fueron traídos de [muchas otras] bibliotecas... y el público fue admitido. Cualquiera que quisiera, tenía la libertad de copiar cualquier libro que deseara, o cualquiera que tuviera la necesidad de leer cierto libro hallado en la biblioteca, podía hacerlo. Los eruditos estudiaban el Corán, astronomía, gramática, lexicografía y medicina. El edificio estaba, por otra parte, adornado con alfombras y todas las puertas y corredores tenían cortinas, y gerentes, sirvientes, porteros y otros empleados, fueron designados para mantener el establecimiento”[2].

Los libros siempre han jugado un papel importante en la vida de Bagdad. En el siglo XI d.C., un manuscrito “era del tamaño de un libro moderno, fabricado con buen papel, escrito por ambos lados, y encuadernado con cubiertas de cuero”. Una librería promedio contenía varios cientos de títulos, incluyendo el Corán y comentarios sobre el Corán, idiomas y caligrafía, escrituras cristianas y judías, obras de gobierno, resoluciones judiciales, biografías, astronomía, medicina griega e islámica, literatura, ficción popular, y guías de viajes (hacia India, China e Indochina)[3].

Hoy día, mientras las bombas explotan a su alrededor y el mundo cae en el abismo, la gente de Bagdad se aferra a su patrimonio literario. Entre los escombros, los libreros ejercen su oficio y los ciudadanos de Bagdad deciden entre leer y comer. Por esto, no es de sorprender que el Islam tenga una larga tradición de alfabetización. La primera palabra del Corán revelada al Profeta Muhammad fue iqra —leer, aprender y entender. En la segunda parte, emprenderemos un viaje de descubrimiento para ver qué dicen el Corán y las tradiciones del Profeta Muhammad acerca de la alfabetización y de la búsqueda del conocimiento.

Texto tomado de: www.islamreligion.com

jueves, 11 de julio de 2013

La preservación del Corán (parte 2 de 2): El Corán Escrito

El Corán entero fue puesto por escrito en el momento de la revelación, siguiendo el dictado del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él).  Fue escrito por algunos de sus compañeros más instruidos, el más prominente de ellos fue Zaid Ibn Zabit.  Otros de sus escribas fueron Ubai Ibn Ka’b, Ibn Mas’ud, Mu’awiah Ibn Abu-Sufian, Jaled Ibn al-Walid y Zubair Ibn Awwam.  Los versículos del Sagrado Corán fueron grabados sobre cuero, en pergaminos, en huesos de animales y en hojas de palmeras.

La compilación del Corán (en formato de libro) se llevó a cabo luego de la Batalla de al-Yamamah (11H/633 DC), después de la muerte del Profeta, durante el Califato de Abu Bakr.  Muchos compañeros que combatieron en la batalla cayeron mártires.  Por este motivo se temió perder partes del Corán con la muerte de aquéllos que lo habían memorizado, y se corría entonces el riesgo de que partes del libro desaparecieran.  Por consiguiente, Umar sugirió recopilar el Corán pidiéndole a Zaid ibn Zabit que encabezara un comité que reuniera las escrituras esparcidas del Corán y preparara un mus-haf – compendio de los escritos que contenían la revelación.  Para salvaguardar esta recopilación de los errores, el comité aceptó sólo material que había sido escrito en la presencia del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), y que podía verificarse por lo menos con el testimonio fiable de dos personas que realmente habían oído al Profeta recitar el pasaje en cuestión.  Una vez completado y unánimemente aprobado el trabajo por los Compañeros del Profeta, estas hojas se guardaron en la época del Califa Abu Bakr (13H/634 DC), luego quedó en poder del Califa Umar (13-23 H/634-644 DC), que era uno de los principales compañeros y padre de la viuda del Profeta, Hafsah.

El tercer Califa fue Uzmán Ibn Affán (23-35 H/644-656 DC); éste le pidió a Hafsah que le enviara el manuscrito del Corán que ella había guardado, y ordenó la reproducción de algunas copias exactas de él (se las llamó masaahif, plural de mus-haf).  Esta tarea se confió nuevamente a compañeros como Zaid Ibn Zabit, Abdullah Ibn Az-Zubair, Ibn Sa’id, y  Abdur-Rahman Ibn Hariz.  Luego de este trabajo (en el año 25 H / 646 DC), Uzmán devolvió el manuscrito original a Hafsah y envió las copias a las provincias islámicas más importantes.

Varios eruditos no musulmanes que han estudiado el tema de la recopilación y preservación del Corán, han declarado su autenticidad.  John Burton, al final de su trabajo sobre la recopilación del Corán, dice lo siguiente:

“…el texto ha llegado a nosotros en la forma en que era organizado y aceptado por el Profeta….  lo que nosotros tenemos hoy en nuestras manos es el mus-haf de Muhammad”.

Kenneth Cragg, describe la transmisión del Corán en tiempos de la revelación y hasta la actualidad como: “una sucesión viviente e irrompible de devoción”.

Schwally concuerda con esto:

“Aunque en algún momento la revelación estaba fraccionada, nosotros podemos estar seguros que su texto se ha transmitido exactamente como le fue revelado (al Profeta)”.

La credibilidad histórica del Corán está establecida además por el hecho de que una de las copias que mandó el Califa Uzmán todavía se conserva hoy.  Se encuentra en el Museo de la Ciudad de Tashkent en Uzbekistán, Asia Central.  De acuerdo con Memory of  the World Program de la UNESCO, una entidad de las Naciones Unidas: “esta es la versión definitiva, conocida como el Mus-haf de Uzmán”.

Este manuscrito, conservado por la comunidad musulmana de Uzbekistán, es la versión escrita existente más antigua del Corán.  Es la versión definitiva, conocido como el Mus-haf de Uzmán.  La  imagen que aparece más arriba, es cortesía del registro del programa Memory of the World, UNESCO.

Existe una reproducción de la copia de Tashkent que está disponible en la Biblioteca de la Universidad de Columbia en Estados Unidos.  Esta copia es prueba de que el texto del Corán que nosotros tenemos en circulación hoy, es idéntico al del tiempo del Profeta y sus compañeros.  Una copia del mus-haf fue enviada a Siria (se la reprodujo antes de que un incendio en 1310 H/1892 DC destruyera la mezquita central donde fue guardado) También existe una copia en el Museo de Topkapi en Estambul, y un manuscrito antiguo en cuero de gacela se conserva en Dar al-Kutub en Sultaniyyah, Egipto.  Los manuscritos más antiguos de todos los períodos de la historia islámica que se encuentran en la Biblioteca del Congreso en Washington, en el Chester Beatty Museum en Dublín (Irlanda) y en el Museo de Londres, han sido comparados con los de Tashkent, Turquía y Egipto, y los resultados confirman que no se ha realizado ningún cambio en el texto desde el tiempo de su escritura original.

Por ejemplo, el Instituto Koranforschung de la Universidad de Münich (Alemania), había reunido más de 42.000 copias antiguas completas o parciales del Corán.  Después de aproximadamente cincuenta años de investigación, informaron que no había ninguna variante entre las diferentes copias, exceptuando los errores ocasionales del copista que pueden identificarse fácilmente.  Este Instituto fue destruido, desgraciadamente, por los bombardeos durante la segunda Guerra Mundial.

Así, debido a los esfuerzos de los Compañeros, con la ayuda de Dios, el Corán, tal como lo conocemos hoy en día, se recita de la misma manera como se reveló.  Esto lo convierte en la única escritura religiosa que todavía se mantiene inmaculada y se preserva en su idioma original.  De hecho, como Sir William Muir declara: “no hay ningún otro libro en el mundo que se haya mantenido inalterado durante doce siglos (ahora catorce)”.

La evidencia confirma la promesa de Dios en el Corán:

“Ciertamente Nosotros hemos revelado el Corán y somos Nosotros sus custodios”. (Corán 15:9)

El Corán es el único libro que ha sido preservado en ambas formas, oral y escrita; y cada forma confirma la autenticidad de la otra.

La preservación del Corán (parte 1 de 2): la Memorización

El Sagrado Corán, la escritura sagrada de los musulmanes, fue revelada en lengua árabe al Profeta Muhámmad, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, a través del ángel Gabriel.  La revelación ocurrió gradualmente, durante un período de veintitrés años, a veces en versículos breves y en ocasiones en capítulos extensos.

El Corán (vocablo que puede entenderse como “lectura” o “recitación”) es distinto de los dichos y hechos  registrados del Profeta Muhámmad (Sunnah), que se conservan mediante la obra de sabios que los coleccionaron y clasificaron, a estos se denomina “hadices”  (las “noticias”; los “informes”; o las “narraciones”).

Al recibir la revelación, el Profeta se comprometió con la misión de llevar el mensaje a sus compañeros recitándoles las palabras exactas que él oía del ángel en su orden exacto.  Esto es evidente cuando se observa que se intercalan versículos en los cuales Dios se dirigió específicamente a él; por ejemplo, los que comienzan con: “Qul” (“Di” [a las personas, ¡Oh, Muhámmad!]).  El estilo rítmico del Corán y su belleza lo hacen fácil de memorizar.  De hecho, Dios describe esto como una de sus cualidades esenciales para la preservación y el recuerdo (Ver Corán. 44:58; 54:17, 22, 32, 40).  Esto era particularmente importante en una sociedad como la árabe, que estaba orgullosa de sus poetas, capaces de componer largas poesías y recitarlas de memoria, pero nada como el Sagrado Corán.  Michael Zwettler hace notar que:

“En tiempos antiguos, cuando la escritura era usada escasamente, se ejercitaba la memoria y la transmisión oral, hasta un grado ahora casi desconocido”.

Porciones extensas de la revelación fueron memorizadas fácilmente por un número grande de creyentes de entre las personas de la comunidad del Profeta.

El Profeta animó a que sus compañeros aprendieran cada versículo que se revelaba y lo transmitieran a otros.  El Corán también es recitado regularmente como un acto de culto, sobre todo durante las oraciones diarias, prescritas como obligatorias (el salat).  A través de estos medios, muchos escucharon los pasajes de la revelación, los memorizaron y los recitaron en la oración.  El Corán entero fue memorizado literalmente (palabra por palabra) por algunos de los Compañeros del Profeta.  Entre ellos se destacan Zaid Ibn Zabit, Ubayy Ibn Ka’b, Muadh Ibn Yabal y Abu Zaid.

No sólo eran memorizadas las palabras del Corán, sino también su correcta pronunciación, después esto se transformó en una ciencia en sí misma y se la llamó Taywid.  Esta ciencia describe meticulosamente cómo cada letra debe ser pronunciada, así como la palabra en conjunto, ambas en el contexto de otras letras y palabras.  En la actualidad, podemos encontrar a personas de muy diversas lenguas capaces de recitar el Corán como si fueran árabes que vivieron durante el tiempo del Profeta.

Además, la sucesión u orden de los versículos del Corán fue estipulada por el Profeta y era muy conocida por los Compañeros.  Cada Ramadán, el Profeta repetiría, después del ángel Gabriel (recitando), el Corán entero en su orden exacto hasta donde había sido revelado, esto en la presencia de varios de sus Compañeros.  En el año de su muerte, él lo recitó completo dos veces.  Por eso, el orden de los versículos en cada capítulo y el orden de los capítulos se reforzaron en la mente de cada uno de los Compañeros presentes en esos momentos benditos.

Cuando los Compañeros se extendieron por distintas geografías y se encontraron con poblaciones diversas, usaron sus recitaciones para instruirlos.  De esta manera, el mismo Corán se retuvo ampliamente en la memoria de muchas personas, por inmensas y diversas áreas del Planeta.

La memorización del Corán surgió como una tradición continuada durante  siglos.  Aparecieron escuelas para la memorización que se establecieron por todo el mundo musulmán.  En estas escuelas, los estudiantes aprenden y memorizan el Corán junto con su Taywid, siguiendo a un maestro que a su vez adquirió el conocimiento de su maestro, formándose así una cadena de trasmisión oral que se remonta al Mensajero de Dios.  El proceso de memorizar todo el Corán normalmente toma entre 3 y 6 años.  Después de que el dominio se logra y la recitación se realiza libre de errores, se le otorga a la persona una licencia formal (iyyaza), certificando que ha dominado las reglas de recitación y puede recitar el Corán de la manera que lo recitó Muhámmad, el Profeta de Dios.

La utilidad de esta licencia formal (iyyaza) emitida al final del estudio, cuando se logra  perfeccionar la recitación del Corán, es que certifica la cadena irrompible de instructores que llegan hasta el mismísimo Profeta del Islam.  La imagen anterior es la iyyaza que certifica la recitación de Qari Mishari Rashid al-Afasy, recitador muy conocido de Kuwait, emitida por el Sheij Ahmad al-Ziyyat.  La imagen es cortesía de (http://www.alafasy.com.)

A.T. Welch, un orientalista no musulmán, escribe:

“Para los musulmanes, el Corán es mucho más que una escritura o la sagrada literatura en el sentido occidental usual.  Su importancia primaria para la inmensa mayoría a través de los siglos, ha estado en su forma oral, la forma en que apareció primero, cuando la “recitación” era pronunciada por Muhámmad a sus seguidores durante un período de aproximadamente veinte años… Las revelaciones fueron memorizadas por algunos de los seguidores de Muhámmad durante su vida, y la tradición oral que se estableció así ha tenido una historia continua desde entonces, de algunas maneras independiente, y superior al Corán escrito… A través de los siglos, la tradición oral del Corán completo se ha mantenido por recitadores profesionales (qurrá).  Hasta recientemente, la importancia del Corán recitado raramente se ha apreciado totalmente en Occidente”.

El Corán es quizás el único libro, religioso o secular, que ha sido memorizado completamente por millones de personas.  El destacado orientalista Kenneth Cragg refleja este concepto:

“… el fenómeno de la memorización y recitación es uno de los medios por los que el texto ha atravesado los siglos en una sucesión viviente e irrompible de devoción.  Por consiguiente, no puede considerarse como un objeto de anticuario, ni como un documento histórico de un pasado distante.  De hecho, la memorización lo ha puesto en posesión del pueblo presente a través de toda la era musulmana y le ha dado un brillo humano en cada generación, permitiendo que el texto pueda ser siempre asequible para todos, sin que jamás fuera patrimonio de ninguna autoridad especial para su preservación”.


Texto tomado de: www.islamreligion.com

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