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miércoles, 11 de septiembre de 2013

La tolerancia del Profeta hacia otras religiones (parte 2 de 2): La autonomía religiosa y la política


Hay muchos otros ejemplos durante el tiempo de vida del Profeta, que Dios exalte su mención, además de la Sahifah, que demuestran prácticamente la tolerancia que el Islam muestra hacia las otras religiones.
Libertad de reunión y autonomía religiosa

Dado el consentimiento por parte de la constitución, los judíos tuvieron la completa libertad de practicar su religión. Los judíos en Medina en el tiempo del Profeta tuvieron su propia escuela de aprendizaje, llamada Bait-ul-Midras, en la que ellos solían recitar la Tora, hacer actos de adoración y educarse a ellos mismos.

El Profeta enfatizó en muchas cartas a sus emisarios que las instituciones no podían ser maltratadas. He aquí una carta dirigida a su emisario ante los líderes de Santa Catalina en el Monte Sinaí, quienes buscaban la protección de los musulmanes:

 “Este es un mensaje de Muhammad ibn Abdullah, como un pacto con aquellos que adoptan el cristianismo, cercanos o lejanos, nosotros estamos con ellos. En verdad, yo, los servidores, los asistentes y mis seguidores los defienden, debido a que los cristianos son mis ciudadanos. ¡Y por Dios!, yo estoy en contra de cualquier cosa que no los complazca a ellos. Ninguna imposición debe haber sobre ellos. Ni tampoco sus jueces deben ser removidos de sus puestos ni sus monjes de sus monasterios. Nadie debe destruir una casa de culto, ni dañarla, ni llevarse nada de ella para las casas musulmanas. Si alguien toma algo de esto, él dañará el pacto de Dios y desobedecerá a Su Profeta. En verdad, ellos son mis aliados y tienen mi apoyo seguro contra todos aquellos con los que ellos se enemisten. Nadie debe obligarlos a viajar u obligarlos a luchar. Los musulmanes deben luchar junto a ellos. Una mujer cristiana no puede ser casada con un musulmán sin que ella dé su consentimiento. A ella no se le debe impedir visitar su iglesia para orar. Sus iglesias son declaradas bajo protección. A ellos no se les deben impedir repararlas ni dejar de observar lo sagrado de sus pactos. Nadie de la nación (los musulmanes) debe desobedecer el pacto hasta el Ultimo Día (el fin del mundo)”.

Como uno puede ver, esta carta consistía de varias cláusulas que cubrían todos los aspectos importantes de los derechos humanos, incluyendo temas como la protección de las minorías que vivían bajo el mandato islámico, la libertad de culto y movimiento, la libertad de nombramiento de sus propios jueces, y de tener y mantener su propiedad, la exención del servicio militar, y el derecho a la protección en la guerra.

En otra ocasión, el Profeta recibió una delegación de sesenta cristianos de la región de Nayrán, en ese entonces una parte de Yemen, en su  mezquita. Cuando llegó el momento de su oración, ellos miraron hacia el este y oraron. El Profeta ordenó que se los dejara tranquilos y que no fueran interrumpidos.
Política

También hay ejemplos en la vida del Profeta en los cuales él cooperó con la gente de otras religiones en la arena política. Seleccionó a un no musulmán, Amr ibn Umaiyah-ad-Damri, como embajador para ser enviado ante Negus, el Rey de Etiopía.

Estos son sólo algunos ejemplos de la tolerancia del Profeta hacia otras religiones. El Islam reconoce que hay pluralidad de regiones en esta tierra, y le da el derecho a los individuos a escoger el camino que ellos crean que sea verdadero. La religión no deber ser, y nunca lo fue, obligatoria para un individuo en contra de su propia voluntad; y estos ejemplos de la vida del Profeta, que Dios exalte su mención, son un epítome del versículo del Corán que promueve la tolerancia religiosa y establece la guía para la interacción de los musulmanes con las personas de otras religiones. Dios dice:

“No está permitido forzar a nadie a creer”. (Corán 2:256)





Texto tomado de: www.islamreligion.com

lunes, 9 de septiembre de 2013

La tolerancia del Profeta hacia otras religiones (parte 1 de 2): Para cada cual su propia religión


El trato del Profeta, que Dios exalte su mención, hacia otras religiones puede ser mejor descrito en el verso del Corán que dice:

“Vosotros tenéis vuestra religión, y yo tengo la mía”.

La península de Arabia, durante el tiempo del Profeta, era una región en la que varias religiones estaban presentes. Allí había cristianos, judíos, zoroastrianos, politeístas, y otros no afiliados a ninguna religión. Cuando uno mira la vida del Profeta, puede tomar muchos ejemplos que representan el alto nivel de tolerancia hacia la gente de otras religiones.

Con el fin de entender y juzgar esta tolerancia, uno debe mirar el periodo en el que el Islam era un estado formal, con las leyes específicas establecidas por el Profeta de acuerdo con los principios de la religión. Aunque se pueden observar muchos ejemplos de tolerancia mostrados por el Profeta en los 13 años de su permanencia en La Meca, uno puede equivocadamente pensar que esto sólo se debía a que buscaba elevar el perfil de los musulmanes y el status social del Islam en general. Por esta razón, la discusión se limitará al periodo que tuvo inicio con la emigración del Profeta a Medina y, específicamente, una vez se estableció la constitución.
La Sahifah

El mejor ejemplo de tolerancia mostrado por el Profeta hacia otras religiones puede ser la constitución misma, llamada la ‘Sahifah’ por los primeros historiadores. Cuando el Profeta emigró hacia Medina, su papel como un simple líder religioso llegó a su fin; él era ahora el líder político de un estado, gobernado por medio de los preceptos del Islam, los cuales exigían que se establecieran leyes claras de gobierno para asegurar la armonía y la estabilidad en una sociedad que alguna vez había sido afligida por décadas de guerra; leyes que debían asegurar la coexistencia pacífica de los musulmanes, los judíos, los cristianos y los politeístas. Debido a esto, el Profeta estableció una ‘constitución’, misma que detalló las responsabilidades de todas las partes que residían en Medina, sus obligaciones para con cada una de las otras, y ciertas restricciones que se imponían a cada una. Todas las partes debían obedecer lo que allí se mencionaba, y cualquier violación de sus artículos sería considerada como un acto de traición.
Una Nación

El primer artículo de la constitución era que todos los habitantes de Medina, los musulmanes, así como aquellos que habían entrado en el pacto como los judíos, los cristianos, y los idólatras, eran “una nación”. Todos eran considerados miembros y ciudadanos de la sociedad de Medina, sin importar su religión, raza o ancestros. Las personas de otras religiones eran protegidas de cualquier daño de la misma forma que los musulmanes, como está establecido en otro artículo: “A los judíos que nos siguen les corresponde la ayuda y la equidad. Ellos no deben ser dañados ni auxiliados sus enemigos”. Previamente, cada tribu tenía alianzas y enemigos dentro y fuera de Medina. El Profeta reunió a estas tribus bajo un sistema de gobierno, el cual sostuvo los pactos de las alianzas en existencia con anterioridad entre aquellas tribus individuales. Todas las tribus tenían que actuar como un todo, sin importar las alianzas individuales. Cualquier ataque sobre otra religión u otra tribu era considerado un ataque sobre el estado y sobre los musulmanes también. 

Las vidas de los practicantes de otras religiones en la sociedad musulmana también recibían estatus de protegidas. El Profeta dijo:

“Quienquiera que mate a una persona que tenga una tregua con los musulmanes nunca olerá la fragancia del Paraíso”. (Sahih Muslim)

Dado que la ventaja estaba de parte de los musulmanes, el Profeta estrictamente advirtió en contra de cualquier maltrato hacia personas de otras religiones. Él dijo:

“¡Cuidado! Quienquiera que sea cruel y duro con una minoría no musulmana o quien restrinja sus derechos o le cargue con algo mayor a lo que ellos puedan soportar, o quienquiera que tome cualquier cosa para él en contra de su libre voluntad, yo (el Profeta Muhammad) me quejaré en contra de esa persona en el Día del Juicio”. (Abu Dawud)
A cada cual su propia religión

En otro artículo, la constitución establece: “Los judíos tienen su religión y los musulmanes tienen la suya”. En esto, está claro que nada, excepto la tolerancia, sería tolerado; y que, aunque todos eran miembros de la misma sociedad, cada cual tenía su religión separada que no podía ser violada. A cada cual le era permitido practicar sus creencias con libertad, sin ningún impedimento, y no se toleraría ningún acto de provocación.

Hay muchos otros artículos de esta constitución que pueden ser discutidos, pero el énfasis será puesto en un artículo que establece: “Si alguna disputa o controversia que pueda causar problema llegare a surgir, ésta debe ser referida a Dios y a su Mensajero”. Esta cláusula sostenía que todos los habitantes de un Estado deben reconocer un nivel superior de autoridad y en aquellos asuntos que involucraban varias tribus y religiones, la justicia no podían ser tomada por líderes individuales; en lugar de eso, ésta debía ser arbitrada por un líder del estado en persona o sus representantes designados. Estaba permitido, sin embargo, para las tribus individuales que no eran musulmanas, referirse a sus propias escrituras religiosas y a sus hombres instruidos con relación a sus propios asuntos. Aunque podían, si así optaban por hacerlo, pedirle al Profeta que juzgara entre ellos sus asuntos. Dios dice en el Corán:

“Prestan oídos a la mentira y comen vorazmente de lo ilícito. Y si se presentan ante ti [para que juzgues entre ellos], hazlo o no intervengas [si no quieres]. Si no intervienes, no podrán perjudicarte en absoluto; y si juzgas entre ellos, hazlo con equidad. Dios ama a los justos”. (Corán 5:42)

Aquí vemos que el Profeta le permitía a cada religión juzgar sobre sus propios asuntos, de acuerdo con sus propias escrituras, siempre y cuando ello no estuviera en oposición con los artículos de la constitución, un pacto que tomó en cuenta el mayor beneficio de la coexistencia pacífica de la sociedad.





Tomado de: www.islamreligion.com

lunes, 19 de agosto de 2013

El buen trato a los padres (parte 3 de 3): incluso después de la muerte


El Islam es una religión de justicia y compasión. Enseña la moralidad y prohíbe la mala conducta. Un estatus especial ha sido otorgado a las personas mayores, ellos son tratados con respeto y dignidad. Los musulmanes son alentados a honrarlos, y esto es especialmente cierto cuando se trata del trato a los padres. Aunque la muerte puede tomarnos a cualquier edad, los padres son frecuentemente personas mayores y como tales requieren cuidado y atención especial. Aunque los rigores de la edad avanzada pueden causar que los padres sean exigentes, impacientes o petulantes, el musulmán aún está obligado a tratarlos con amabilidad y a cuidarlos amorosamente. Dios vinculó el honrar a los padres con el mandato de creer en el monoteísmo.

“Adorad a Dios y no Le asociéis nada. Sed benevolentes con vuestros padres, parientes, con los huérfanos, los pobres, vecinos parientes y no parientes, el compañero, el viajero insolvente y con lo que posee vuestra diestra. Dios no ama al arrogante jactancioso.” (Corán 4:36)

Uno de los compañeros del Profeta Muhammad le preguntó acerca de las buenas acciones que Dios más amaba. El Profeta respondió: “La oración ofrecida en su tiempo específico y honrar a los padres...” (Sahih Bujari)

Los dichos del Profeta Muhammad abundan con palabras de sabiduría acerca de la  obligación de ser obediente y amable con los padres. Una vez se oyó que él dijo:

“Que perezca, que perezca, que perezca”. Aquellos alrededor de él inmediatamente le preguntaron a quién se estaba refiriendo. El Profeta Muhammad replicó: “A aquel cuyos padres (uno o ambos) llegan a la vejez mientras él esté con vida y no entre al Paraíso (debido a su bondad hacia ellos)”. (Sahih Muslim) 

El respeto por los padres es la llave de las puertas del Paraíso. Aplicando los mandatos de Dios y dando a los padres el afecto y el amor debido, recibimos la recompensa de la eterna dicha.
 
Acciones beneficiosas

Hay muchas maneras en que un musulmán puede continuar honrando y respetando a los padres luego de su muerte. Puede orar y hacer súplicas a Dios para que sea misericordioso con ellos; él puede pagar cualquier deuda terrenal que ellos hayan acumulado o deudas debidas a Dios, tales como ayunar o hacer la peregrinación (Hayy) o también pueden dar caridad en su nombre. Mantener los lazos familiares y de amistad son también maneras de continuar mostrando amor y respeto a los padres luego de su muerte, y el Islam cuidadosamente muestra qué acciones de parte de los vivos pueden ser beneficiosas. El Profeta dijo:

“Cuando una persona muere, todas sus acciones llegan a un fin excepto tres: una caridad continua, un conocimiento beneficioso y un hijo recto que orará por él”. (At Tirmidhi)

Un hombre entre los compañeros le preguntó al Profeta Muhammad:

“¿Hay algo de la bondad que le debo a mis padres que pueda ofrecerles luego de su muerte?” Él contestó: “Si, cuatro cosas: orar y pedir perdón por ellos,  cumplir sus promesas, ser amable con sus amigos y mantener los lazos de familia que vengan sólo de su dirección”. (Ahmad, Abu Dawud e Ibn Mayah)

De esta forma, se entiende que la amabilidad y la gratitud que estamos obligados a mostrarles a nuestros padres deben ser continuadas incluso luego de su muerte. El  Profeta Muhammad también nos contó acerca de un hombre que alcanzó un lugar muy elevado en el Paraíso. El hombre se sorprendió y preguntó cómo había logrado tal posición. Le fue informado:

“Porque tu hijo oró por tu perdón”. (Ibn Mayah)
 
Las llaves del Paraíso

La vida en el siglo 21 es agitada, y con frecuencia estamos abrumados por preocupaciones mundanas, tanto así que tendemos a olvidar que la moral y los modales hacen gran parte de esta forma de vida que es el Islam. La amabilidad a los padres es una obligación y haremos bien en recordar y emular el comportamiento de los primeros musulmanes. Ellos mantenían a sus padres en alta estima, los amaban y apreciaban siguiendo los mandamientos de Dios, y sabían que el Paraíso realmente yacía a los pies de sus madres. Estas no eran sólo palabras para nuestros predecesores, ellas eran las llaves del Paraíso.

Como ejemplo podemos observar el comportamiento de Abdullah, el hijo de Omar Ibn Al Jattab. En el camino a La Meca, Abdullah se encontró a un beduino. Éste lo saludó con la paz, le dio a montar la montura que él llevaba y le dio el turbante que él había estado llevado sobre su cabeza. Uno de los compañeros de Abdullah comentó: “Que Dios te guíe, ellos son simplemente beduinos y se contentan con poco”. Abdullah contestó: “El padre de este hombre fue un amigo cercano de mi padre, y yo oí al Mensajero de Dios decir: “La mejor forma de honrar a los padres es mantenerse en contacto con los amigos de su padre”.

El Islam reconoce la importancia de la unidad familiar, y una buena y amorosa relación entre padres e hijos es esencial. Luego de Dios, nuestros padres merecen nuestra gratitud y obediencia. El musulmán debe mostrar bondad y misericordia hacia sus padres. Solo hay una excepción a esto, si los padres esperan que sus hijos asocien algo a Dios o que hagan algo no permitido para el Islam, entonces el hijo no debe obedecerles; sin embargo, nada remueve la obligación de ser amable y respetuoso con ellos.





Texto tomado de: www.islamreligion.com



El buen trato a los padres (parte 2 de 3): el valor de la maternidad: el Paraíso está a sus pies


En varios versículos del Corán, Dios deja claro que el deber, la amabilidad y la gratitud hacia los padres es una parte esencial del Islam. Sin embargo, las mujeres en el Islam, particularmente las madres, han sido destacadas con el mayor respeto y devoción. Dios Mismo nos dice de las privaciones relacionadas con la maternidad.

“Le hemos ordenado al hombre ser benevolente con sus padres. Su madre le lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia, y su destete es a los dos años. Sed agradecidos conmigo y con vuestros padres; y sabed que ante Mí compareceréis”. (Corán 31:14)

En el tiempo del Profeta Muhammad, un hombre pidió permiso para ir en una expedición militar. El Profeta le preguntó al hombre si tenía madre, cuando él dijo que sí, el Profeta Muhammad dijo: “Quédate con ella porque el Paraíso yace junto a sus pies” (Ahmad, An-Nasai). Qué maravillosa imagen invocan estas palabras: madres e hijos contemplándose los unos a los otros con amor y gratitud. Manos pequeñas cerradas dentro de manos más grandes. Una caricia en la cara en tiempos de estrés y enfermedad, o la calidez de la voz de una madre amorosa. Imágenes de madres alimentando y cuidando a sus hijos, en salud o en enfermedad, en buenos tiempos o en tiempos de prueba. El Paraíso yace a los pies de las madres; ¿pero qué significan exactamente estas palabras? Simplemente que las puertas del Paraíso están abiertas para aquellos que aprecian y respetan a sus madres.

El papel de la madre en la familia islámica es igualmente importante, o tal vez más, que el papel del padre, quien es el proveedor y el protector de la familia. No solamente experimenta las alegrías como de las dificultades del embarazo y de  dar a luz, sino que dedica toda su vida a criar y cuidar a sus hijos. Es su responsabilidad criarlos y educarlos para que sean seres humanos rectos y piadosos.  Ella cocina, limpia, alimenta y educa; ella también es responsable de su salud espiritual, emocional y física, y de su bienestar. En retribución, los hijos les deben a sus madres cuidado, amor, afecto, respeto y obediencia. La tarea que Dios les asignó a las madres es grande y a veces abrumadora. De acuerdo con esto, la recompensa para una madre recta es nada menos que el Paraíso, y en esta vida ella es estimada y honrada.
¿Quién es más digno de buena compañía?

En una Hadiz del Profeta Muhammad, un hombre vino a preguntarle: “¿Quién entre la gente es el más digno de mi buena compañía? El Profeta le dijo: “Tu madre”.  El hombre dijo: “¿Luego quién?” El Profeta dijo: “Luego tu madre”. El hombre volvió a preguntar: “¿Luego quién?” El Profeta dijo: “Luego tu madre”. El hombre volvió a preguntar: “¿Luego quién?” El Profeta respondió: “Luego tu padre”. (Sahih Al-Bujari, Sahih Muslim)

De solo estos dos dichos del Profeta Muhammad, somos capaces de entender la importancia de la madre en el Islam. Sin embargo, en estos días de materialismo es fácil olvidar que Dios nos pide honrar a nuestros padres, especialmente a nuestra madre. Algunas veces nos encontramos a nosotros mismos pronunciando palabras de desdén o quejándonos acerca de nuestros padres. Esta clase de comportamiento no es del Islam.

Dios nos recuerda que le Profeta Juan (conocido como el Bautista) era sumiso a sus padres, amándolos y obedeciéndolos. Él dijo:

“Cuando su hijo alcanzó la pubertad, [le dijimos:] ¡Oh, Juan! Aférrate al Libro [la Tora] con firmeza. Y le concedimos la sabiduría desde pequeño. Hicimos de él un joven clemente y puro, y fue piadoso, benevolente con sus padres, no fue soberbio ni desobediente”. (Corán 19:12-14)

Adicionalmente, en el Corán, podemos oír las palabras de Jesús; él se describe a sí mismo equiparando su obediencia a Dios con sus deberes hacia su madre, María.

“Entonces [Jesús] habló: Por cierto que soy el siervo de Allah. Él me revelará el Libro y hará de mí un Profeta. Seré bendecido doquiera que me encuentre, y me ordenará hacer la oración y pagar el Zakát mientras viva. Y me hará benevolente con mi madre. No dejará que sea soberbio ni insolente”. (Corán 19:30-32)

Tan ocupadas como nuestras vidas puedan ser, es de gran beneficio mirar atrás a las vidas de los Profetas y a nuestros predecesores virtuosos, para ver cómo ellos trataron a sus padres, particularmente a sus madres.
 
El comportamiento de los Compañeros

Abdullah Ibn Omar, un experto líder de entre los compañeros del Profeta Muhammad, una vez vio a un hombre llevando a su madre en su espalda y circunvalando la Casa Sagrada en La Meca.  Él no se quejaba ni mostraba ningún signo de molestia; en lugar de esto el seguía repitiendo una línea de poesía comparándose a sí mismo con un camello. El miró a Abdullah Ibn Omar y le preguntó si al hacer esto se liberaba de su deuda con su madre. Ibn Omar dijo: “No. Ni siquiera has pagado una punzada del dolor que ella sintió cuando te dio a luz”.

Otro compañero de los primeros días del Islam, Dhibyan Ibn Ali Az-Zowri, también solía viajar con su madre a La Meca. El viaje era largo y muy caluroso; al lado del camino durante sus viajes, cavaba un pequeño pozo y lo llenaba con agua fresca. Él entonces se volvería a su madre y decía: “Madre, siéntate en esta agua fresca para que te refresques”.

Los musulmanes que son obedientes a Dios nunca pueden ser desobedientes o irrespetuosos con sus padres. Una gran recompensa es ofrecida a aquellos que traten a sus padres, especialmente a sus madres, con afecto y gentileza, pero una severa advertencia es también dada. El peligro de ser irrespetuoso es ilustrado en el siguiente dicho del Profeta Muhammad:

Un hombre vino al Profeta Muhammad y dijo: “Un hombre joven  se encontraba agonizando y la gente le pedía que diga que no hay divinidad sino Dios, pero él es incapaz de hacerlo. El Profeta entonces preguntó: “¿Este hombre ofreció sus oraciones?” La respuesta fue sí. El Profeta entonces fue a ver al hombre y trató de alentarlo a decir que no hay divinidad sino Dios. Aun así éste era incapaz de pronunciar las palabras.  El Profeta Muhammad entonces llamó a la madre del hombre que moría, la madre a la que él había desobedecido persistentemente.

Cuando ella apareció, el Profeta le preguntó: “Respetada mujer, ¿es él tu hijo?” Ella contestó que sí. Entonces preguntó: “Respetada mujer, ¿si nosotros amenazáramos con arrojar a tu hijo dentro de un fuego rabioso, tú recomendarías que él fuera perdonado?” La mujer contestó que ella definitivamente pediría que él fuera perdonado. El Profeta entonces le dijo: “Entonces declara, haciendo a Dios y a mí tus testigos, que tú estás ahora complacida con él”. La anciana mujer de buena gana declaró: “Oh Dios, Tú y tu Profeta son mis testigos de que yo estoy complacida con este amado hijo mío”. El Profeta entonces se volvió hacia el hombre que moría y le pidió que recitara: “No hay divinidad sino Dios, Él es el Único y no tiene socio, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Su mensajero”.  (At Tabarani, Ahmad)

Debido al perdón de su madre, el hombre fue capaz de recitar las palabras que, por la Gracia y la Misericordia de Dios, pudieron haberle permitido entrar al Paraíso. El buen trato a los padres puede ser la llave para el Paraíso; por otra parte, el mal comportamiento hacia ellos puede resultar en el castigo en el fuego del Infierno.





Texto tomado de: wwwislamreligion.com

El buen trato a los padres (parte 1 de 3): deber y devoción

Si usted escribe las palabras, “amabilidad con los padres” (en inglés) en Google, seis de los primeros diez resultados son artículos islámicos resaltando la importancia de ser obedientes y amables con los padres. ¿Por qué? El Islam es una religión que hace énfasis en las cualidades de misericordia, tolerancia y respeto. Dios ha ordenado el buen trato a los padres y nos advierte contra el hecho de tratarlos irrespetuosamente.  Hay varios versos en el Corán donde la amabilidad con los padres es incluso equiparada con el aspecto más importante del Islam: adorar sólo a Dios. Esto indica que ser amables con los padres, honrarlos y respetarlos, es extremadamente importante en la forma de vida del Islam.

“Tu Señor ha ordenado que no adoréis sino a Él y que seáis benévolos con vuestros padres. Si uno de ellos o ambos llegan a la vejez, no seáis insolentes con ellos y ni siquiera les digáis: ¡Uf! Y háblales con dulzura y respeto.” (Corán 17:23)

Ninguna palabra irrespetuosa debe ser pronunciada hacia un padre, ni siquiera una mirada de resentimiento o desprecio. Honrar a los padres puede ser considerada una forma de adoración si la intención es complacer a Dios Todopoderoso al respetar Sus órdenes.

Dios continúa este verso recordándonos que los padres son merecedores de amabilidad, porque ellos criaron a sus hijos con misericordia y con frecuencia hicieron grandes sacrificios por su bienestar. El uso de la palabra “ala” invoca la imagen de un ave protegiendo a sus crías, y trae a la mente la compasión que los padres tienen para con sus hijos.

“Baja sobre ellos el ala de la humildad que viene de la misericordia, y ruega: ¡Oh, Señor mío! Ten misericordia de ellos como ellos la tuvieron conmigo cuando me educaron siendo pequeño”. (Corán 17:24)

El amor y  la misericordia que emanan del Dios Más Misericordioso, se manifiestan en el trato amable existente entre los padres y sus hijos. Dios claramente prohíbe el maltrato a los padres, y en otro verso del Corán se suman la necesidad de mostrar gratitud a Él, nuestro Creador, así como a nuestros padres. De nuevo, Dios claramente vincula los derechos debidos a Él y los derechos debidos a los padres.

“Le hemos ordenado al hombre ser benevolente con sus padres. Su madre le lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia, y su destete es a los dos años. Sed agradecidos conmigo y con vuestros padres; y sabed que ante Mí compareceréis”. (Corán 31:14)

El Profeta Muhammad reforzó el deber de ser amable con los padres. Un compañero del Profeta una vez le preguntó cuál de las muchas buenas acciones que un hombre puede hacer es la más amada por Dios. El Profeta Muhammad le respondió diciendo: “Ofrecer la oración a su debido tiempo”.  El compañero luego le preguntó: “¿Y cuál le sigue?”, a lo cual el Profeta replicó: “El ser bueno y obediente con tus padres…”.  La responsabilidad de ser amable y bueno con los padres viene justo después del más grande deber en el Islam: la oración.
Más que bondad

La palabra árabe que es usada en el Corán y en las narraciones del Profeta Muhammad para denotar esta amabilidad con los padres es birr, y frecuentemente es traducida como bondad. Sin embargo, como es el caso con la mayoría de las palabras árabes, una traducción directa al español con frecuencia falla al explicar la verdadera profundidad del significado. Birr no sólo significa bondad; también contiene sombras de significado que indican amabilidad, compasión, respeto e incluso paciencia. El Islam, la forma de vida, acompasa todas esas cualidades, y los musulmanes deben esforzarse en modelar este comportamiento en todos los tratos, particularmente en la relación entre los padres y los hijos.

Los padres cuidan y alimentan a sus hijos durante toda su vida, pero en un punto este deber se invierte, los padres se vuelven ancianos y débiles, y son ellos los que entonces necesitan de este cuidado y alimentación. El hijo está obligado a cuidar a los padres mostrando todas las cualidades de birr y sabiendo que la recompensa por ello está con Dios. El Profeta Muhammad dijo: “Si alguien posee las siguientes tres características Dios lo agraciará con una muerte sin dolor y lo llevará a Su Paraíso: gentileza hacia el débil, afecto hacia los padres y amabilidad con los sirvientes”.
 

La devoción de un hombre

Abu Hurairah fue un compañero cercano del Profeta Muhammad; él es recordado por transmitir muchos de los dichos del Profeta. La vida de Abu Hurairah también contiene muchas demostraciones de su amor y su devoción por su madre. Cuando él primero acogió el Islam, ningún ruego pudo convencer a su madre de hacer lo mismo. Llorando y asustado, Abu Hurairah se aproximó al Profeta y le rogó que hiciera una súplica a Dios pidiéndole guía para su madre. El Profeta Muhammad aceptó su solicitud y en un muy corto periodo de tiempo la madre de Abu Hurairah pronunció estas palabras: “No hay Dios sino Allah y Muhammad es su siervo y su Mensajero”, aceptando de esa forma el Islam.

A lo largo de su vida, Abu Hurairah fue amable y cortés con su madre. Cuando quería salir del hogar, se paraba en la puerta de la habitación de ella y decía: “La paz sea contigo, madre, y la misericordia y las bendiciones de Dios”. Ella contestaba: “Y sobre ti sea la paz, hijo mío, y la misericordia y las bendiciones de Dios”. Él también decía: “Que Dios tenga misericordia de ti, pues tú cuidaste de mí cuando yo era pequeño”; a lo que ella respondía: “Que Dios tenga misericordia de ti, pues tú me salvaste del error cuando yo era anciana”.

Abu Hurairah siempre alentó a otras personas a ser amables y buenos con sus padres. Una vez vio a dos hombres caminando juntos y le preguntó al más joven:  “¿Quién es este hombre para ti?”; a lo que el joven respondió: “Es mi padre”.  Abu Hurairah le aconsejó: “No lo llames por su nombre, no camines delante de él y no te sientes antes de que él lo haga”.

Esta gentileza y afecto entre Abu Hurairah y su madre nos enseña que el respeto mutuo  y el amor son un deber. El musulmán debe mostrar respeto hacia los padres incluso si ellos no son musulmanes, y el más grande amor que puede mostrar hacia ellos es suplicarle a Dios con la esperanza de que los guíe hacia el Islam. En el tiempo del Profeta, muchos de aquellos que acogieron el Islam se encontraron con que este entraba en conflicto con las creencias y las solicitudes de sus padres, pero ellos fueron enseñados a ser amables y a obedecer a sus padres, excepto si los padres les pedían que desobedecieran a Dios.

“Si vuestros padres se esfuerzan por hacer que Me asociéis copartícipes [en la adoración] no les obedezcáis, pues es sabido que carecen de fundamento válido, pero tratadles con respeto. Seguid el camino de los piadosos, pues ante Mí compareceréis y os informaré de lo que hacíais”. (Corán 31:15)

Ser sumisos con los padres, obedecerlos y tratarlos con amabilidad está incrustado en las enseñanzas del Islam; sin embargo, la obediencia a Dios es siempre el primer y más importante deber del musulmán.





Texto tomado de: www.islamreligion.com

Pacto del Califa Omar al entrar a Jerusalén

Cuando Omar Ibn Al Jatab (el segundo califa) entró a Jerusalén como el líder del ejército musulmán en el año 638 d.c, lo hizo a pie como un gesto de humildad; no hubo derramamiento de sangre. Aquellos que querían irse se les permitió hacerlo con todas sus pertenencias y se les garantizo un salvoconducto.
 
A quienes quisieron quedarse se les garantizó protección para sus vidas, sus propiedades y sus lugares de adoración.

Omar rechazó el ofrecimiento hecho por el patriarca Sofronio, jefe magistrado de la ciudad tomada, de rezar una de las cinco oraciones diarias en la iglesia del Santo Sepulcro. Él lo rechazó para así evitar que en los años venideros los musulmanes trataran de convertirla en una mezquita en su memoria.

“En el Nombre de Alá, el más Misericordioso, el más Compasivo. Esta es una garantía de paz y protección dada por el siervo de Alá: Omar, comandante de los creyentes a la gente de Ilia' (Jerusalén). Les doy una garantía de protección para sus vidas, propiedades, iglesias y cruces: para quienes están enfermos y para los saludables y para toda la comunidad religiosa.

Sus iglesias no serán ocupadas, demolidas ni tomadas total o parcialmente. Ninguna de sus cruces ni propiedades serán confiscadas. No serán obligados en su religión ni ninguno de ustedes será dañado...

La gente de Illia´deberá pagar el Yizia (un impuesto fijo que los no musulmanes que viven bajo la protección de un gobierno islámico deben pagar por la utilización de los beneficios de la ciudadanía y como exoneración de servicio militar) como lo hacen los habitantes de las ciudades...

A quien se vaya se le garantizará la seguridad de su vida y su propiedad hasta que llegue a un refugio seguro. Quien se quede también estara seguro, en tal caso deberá pagar impuestos como o hace la gente´. En caso de que algunas de las personas de Ilia deseen trasladarse con los romanos llevando sus propiedas, con sus cruces y vaciando sus iglesias, se les debe garantizar la seguridad para sus vidas, sus iglesias y sus cruces, hasta que lleguen a un lugar seguro. Quien decida quedarse podrá hacerlo, y deberá pagar impuestos como lo hace la gente de Ilia´. Quien se quiera ir con los Romanos podrá hacerlo, y quien desee regresar a su casa con sus parientes podrá hacerlo. Nada será tomado de ellos hasta que sus cultivos hayan sido cosechados. Para la satisfacción de este convenio aquí están dados el Pacto de Alá, las garantías de Su Mensajero, los Califas y los creyentes, a condición de que ellos (la gente de Ilia´) paguen lo que les es debido (el impuesto de Ilia´).

Los testigos de esto son: Jalid Ibn Al-Walid, 'Abdu Rahman Ibn 'Auf, Amar Ibnul Al-'As y Mu'awiyah Ibn Sufian. Hecho y ejecutado en el año 15 H.







Texto tomado de: www.viveislam.org

jueves, 18 de julio de 2013

El alfabetismo en el Islam (parte 1 de 3): Libros en Bagdad

Bagdad fue golpeada por una serie de explosiones. La ciudad, rastrillada por la violencia. Bagdad significa caos, muerte y destrucción. Bagdad es una ciudad que grita de dolor y muere tras una cortina de humo. Mientras miramos el desastre en las pantallas de nuestros televisores, es difícil imaginar que Bagdad fue una vez el gran asiento del aprendizaje. Bagdad y libros fueron sinónimos por cientos de años. Los estantes de libros llenaban las casas familiares y las librerías llenaban las calles de Bagdad. Incluso ahora, entre los escombros y el pandemónium, los residentes de Bagdad compran libros. “Es una vieja enfermedad en Irak, la gente gasta su dinero en libros, no en comida”, bromea un traductor iraquí para Noticias NBC[1].

En el período que la historia occidental ha denominado Oscurantismo, comenzó el romance entre Bagdad y los libros. En una época en que las iglesias por toda Europa se sentían afortunadas de tener una biblioteca consistente de algunos cuantos libros, había una calle en Bagdad llena de más de 100 tiendas que vendían libros, o artículos de papelería, o ambos. Por todo el mundo occidental, el alfabetismo estaba restringido a los ricos o a las autoridades religiosas, pero en Bagdad, la gente tenía acceso a más de 30 bibliotecas.

En el período de 200 años después de la muerte del Profeta Muhammad, la pequeña nación islámica creció convirtiéndose en una enorme civilización que se extendía desde el Norte de África hasta Arabia, desde Persia hasta Uzbekistán, y traspasó las fronteras de India y más allá. Alrededor de 750 d.C., Bagdad, la ciudad construida sobre los bancos del río Tigris, se convirtió en la capital del califato islámico. Su ubicación la conectó a países tan distantes como China, y Bagdad pronto se convirtió no solo en el centro político y administrativo, sino también en el eje cultural y del aprendizaje.

Hombres y mujeres de todas partes del imperio afluyeron a Bagdad y trajeron con ellos el conocimiento de todas las esquinas del mundo conocido.

Musulmanes, judíos, cristianos, hindús, zoroastrianos, e incluso personas de otras creencias más oscuras, vivían en Bagdad. Los libros comenzaron a simbolizar la vida de Bagdad. Las calles estaban vivas llenas de autores, traductores, escribas, iluminadores, bibliotecarios, encuadernadores, coleccionistas y vendedores de libros. Sin embargo, estas personas de orígenes tan diversos, necesitaban estar conectados. El árabe se desarrolló como lengua de erudición y así se estableció la conexión.

Las obras de Platón, Aristóteles, Ptolomeo y Plutarco, entre otras muchas, fueron traducidas al árabe. Los filósofos judíos utilizaban las traducciones al árabe de las obras filosóficas griegas para escribir sus propios tratados y ensayos. Cuando Europa comenzó a emerger del Oscurantismo hacia un periodo de iluminación, ellos se basaron en los libros escritos en árabe para redimir y recuperar las bases del imperio occidental.

Muchos de los libros originales traducidos en Bagdad se perdieron o fueron destruidos en sus países de origen, manteniéndose solo en sus traducciones árabes. Los eruditos de Bagdad fueron los responsables de preservar las obras clásicas de los griegos, los romanos y los egipcios, e incluso tradujeron clásicos de Persia, India y China. Estas grandes obras fueron traducidas del árabe de nuevo a idiomas como el turco, el persa, el hebreo y el latín. El teólogo católico Tomás de Aquino hizo su famosa integración de fe y razón después de leer la filosofía aristotélica en una traducción hecha por los eruditos de Bagdad.

Los eruditos de Bagdad no solo recogieron y sintetizaron las grandes obras, también agregaron su propio conocimiento. Ellos abrieron nuevos campos de erudición, como la mecánica celeste, e introdujeron al mundo el álgebra y la geometría. Un erudito de Bagdad produjo un libro de texto de oftalmología, que se cree es el primer libro médico en el mundo que contenía dibujos anatómicos. Fue la obra definitiva tanto en Oriente como en Occidente, y fue utilizado durante más de ocho siglos.

A medida que Bagdad se transformó en un centro de aprendizaje, el califa Harún Ar-Rashid y su hijo Al Mamún, abrieron uno de los centros del pensamiento más famosos de la historia, Bait Al Hikmah, o la Casa de la Sabiduría. Los eruditos de la Casa de la Sabiduría, a diferencia de sus contrapartes modernos, no se “especializaban”. Al Razi fue un filósofo y matemático así como físico, y Al Kindi escribió sobre lógica, filosofía, geometría, cálculo, aritmética, música y astronomía. Entre sus obras se encuentran títulos como “La razón por la que llueve poco en ciertos lugares”, “La causa del vértigo” y “Cruzamiento de palomas”.

El historiador Al Maqrizi describió la apertura de la Casa de la Sabiduría en 1004 d.C.: “Los estudiantes tomaron su residencia. Los libros fueron traídos de [muchas otras] bibliotecas... y el público fue admitido. Cualquiera que quisiera, tenía la libertad de copiar cualquier libro que deseara, o cualquiera que tuviera la necesidad de leer cierto libro hallado en la biblioteca, podía hacerlo. Los eruditos estudiaban el Corán, astronomía, gramática, lexicografía y medicina. El edificio estaba, por otra parte, adornado con alfombras y todas las puertas y corredores tenían cortinas, y gerentes, sirvientes, porteros y otros empleados, fueron designados para mantener el establecimiento”[2].

Los libros siempre han jugado un papel importante en la vida de Bagdad. En el siglo XI d.C., un manuscrito “era del tamaño de un libro moderno, fabricado con buen papel, escrito por ambos lados, y encuadernado con cubiertas de cuero”. Una librería promedio contenía varios cientos de títulos, incluyendo el Corán y comentarios sobre el Corán, idiomas y caligrafía, escrituras cristianas y judías, obras de gobierno, resoluciones judiciales, biografías, astronomía, medicina griega e islámica, literatura, ficción popular, y guías de viajes (hacia India, China e Indochina)[3].

Hoy día, mientras las bombas explotan a su alrededor y el mundo cae en el abismo, la gente de Bagdad se aferra a su patrimonio literario. Entre los escombros, los libreros ejercen su oficio y los ciudadanos de Bagdad deciden entre leer y comer. Por esto, no es de sorprender que el Islam tenga una larga tradición de alfabetización. La primera palabra del Corán revelada al Profeta Muhammad fue iqra —leer, aprender y entender. En la segunda parte, emprenderemos un viaje de descubrimiento para ver qué dicen el Corán y las tradiciones del Profeta Muhammad acerca de la alfabetización y de la búsqueda del conocimiento.

Texto tomado de: www.islamreligion.com

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