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lunes, 18 de marzo de 2013

La historia de José (parte 1 de 7): La historia comienza

Esta es una historia de intriga y engaño, de envidia, orgullo y pasión… y no se trata de una telenovela. Es una saga de paciencia, lealtad, valentía y compasión… y no es el Show de Cristina. Es la historia del Profeta José, la paz de Dios sea con él. El mismo José conocido por el musical de Broadway “José el Soñador”, de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice; y el mismo Profeta José conocido en las tradiciones cristiana y judía. Dios le reveló esta historia al Profeta Muhammad cuando un israelita le pidió que le dijera lo que sabía respecto a José[1]. Las historias en el Corán generalmente son contadas en trozos pequeños repartidos por varios capítulos; la historia de José, sin embargo, es única. Fue revelada en un capítulo, de principio a fin. Es la historia y las experiencias completas del Profeta José. Aprendemos acerca de las alegrías, problemas y aflicciones de José, nos movemos con él a través de los años de su vida mientras se arma con la piedad y la paciencia, y al final sale victorioso. La historia de José comienza con un sueño, y termina con la interpretación de ese sueño.

 “Ésta es la más hermosa de las historias que te revelamos en el Corán, y antes no tenías conocimiento de ella”. (Corán 12:3)
La infancia de José

José era un muchacho joven, guapo, alegre y muy querido por su padre. Una mañana se despertó entusiasmado respecto a un sueño, y corrió feliz a ver a su padre explicándole lo que había visto en su sueño. El padre de José escuchó con atención a su hijo amado, y su rostro resplandecía de alegría mientras José relataba un sueño que hablaba del cumplimiento de una profecía. José dijo:

 “¡Oh, padre mío! Por cierto que vi [en sueños] once astros, también al Sol y la Luna, que se prosternaban ante mí”. (Corán 12:4)

José era uno de 12 hermanos cuyo padre era el Profeta Jacob y cuyo bisabuelo era el Profeta Abraham. Esta profecía hablaba de mantener vivo el mensaje de Abraham de adorar al Único Dios Verdadero. El nieto del Profeta Abraham, Jacob, interpretó que el sueño quería decir que José sería aquel que llevaría la “Luz de la Casa de Dios”[2]. Sin embargo, se desvaneció la alegría que había surgido en el rostro de Jacob con la misma rapidez con que había aparecido, y él imploró a su hijo que no le contara su sueño a sus hermanos. Jacob dijo:

“¡Oh, hijito! No cuentes tu visión a tus hermanos porque conspirarán contra ti [por envidia]; ciertamente Satanás es para los humanos un enemigo evidente [y no cesará de susurrarles que tramen algo contra ti]. Así [como te mostró esa visión en sueños] tu Señor te elegirá [como Profeta] y te enseñará la interpretación de los sueños; y completará Su gracia sobre ti [con la revelación] y sobre la descendencia de Jacob, tal como la completó sobre tus ancestros Abraham e Isaac; en verdad tu Señor es Omnisciente, Sabio”. (Corán 12:5-6)

Jacobo sabía que sus hijos (los hermanos de José) no aceptarían la interpretación de este sueño ni el avance de José sobre ellos mismos. Jacobo estaba lleno de miedo. Los diez hermanos mayores siempre estuvieron celosos de su hermano menor. Ellos reconocían en su padre un afecto particular hacia él. Jacob era un Profeta, un hombre dedicado a la sumisión al Único Dios Verdadero, y trataba a su familia y a su comunidad con justicia, respeto y amor equitativo. Sin embargo, su corazón se inclinaba por las dulces cualidades evidentes en su hijo José. José también tenía un hermano menor llamado Benjamín, quien en ese momento, era demasiado joven para participar en cualquiera de los trucos y engaños que se estaban gestando.

Mientras que los Profetas y los piadosos están dispuestos a divulgar el mensaje de sumisión a Dios, Satanás está a la espera de seducir e incitar a la humanidad. Le encanta la confabulación y el engaño, y ahora estaba sembrando las semillas de la discordia entre Jacob y sus hijos mayores. Los celos que los hermanos sienten hacia José ciegan sus corazones, desorientan sus pensamientos y hacen que las cosas pequeñas parezcan insuperables, mientras que las grandes se vean insignificantes. José atiende las advertencias de su padre y no les cuenta su sueño a sus hermanos; pero aun así, ellos se obsesionan y son abrumados por los celos. Sin conocer el sueño de José, idearon un plan para matarlo.

José y Benjamín eran los hijos de la segunda esposa de Jacob. Los mayores se consideraban a sí mismos hombres. Eran mayores, más fuertes y veían en sí mismos muchas cualidades buenas. Cegados por la envidia, veían a José y a Benjamín demasiado jóvenes y ninguna importancia en la vida de la familia. Ellos se negaban a entender por qué su padre los amaba tanto. El pensamiento retorcido de los hijos mayores les hacía acusar a su padre de estar perdido, cuando en realidad estaban lejos de la verdad. Satanás hizo que ellos vieran sus pensamientos como justos, y su extravío se mostró claramente cuando hablaron de matar a José para, inmediatamente después de cometer un acto tan despreciable, mostrar arrepentimiento a Dios.

 “Cuando dijeron: Por cierto que José y su hermano [Benjamín] son más amados por nuestro padre que nosotros a pesar que somos un grupo [de varios hijos]. Ciertamente nuestro padre está en un error evidente. Matad a José o desterradlo para que la atención [y el amor] de vuestro padre sea sólo para vosotros, y luego [de haberlo eliminado arrepentíos y así] os contaréis entre los virtuosos [nuevamente]”. (Corán 12:8-9)

Uno de entre ellos sintió el error de lo que planeaban y sugirió que en lugar de matar a José, lo debían tirar a un pozo. Cuando fuera encontrado por algún viajero que pasara, sería vendido como esclavo, dejándolo, por tanto, como muerto para la familia. Ellos creían, en su ceguera, que la ausencia de José lo haría desaparecer de los pensamientos de su padre. Los hermanos continuaron urdiendo su plan malévolo. Satán estaba jugando con ellos, susurrando sus pensamientos en sus mentes y susurrando el extravío en sus oídos. Los hermanos terminaron su discusión satisfechos consigo mismos y creyeron que habían diseñado un plan inteligente. Se acercaron a Jacob con un plan para llevarse a José con ellos al desierto, con el pretexto de jugar con él para que se divirtiera. El miedo saltó al corazón de Jacob.





Tomado de: Islamreligion


sábado, 16 de marzo de 2013

La historia de Lot (parte 2 de 2): La destrucción de Sodoma


El Profeta Lot sufría debido a las malas conductas y los comportamientos antinaturales de la gente a su alrededor, sin embargo, continuó entregando su mensaje con paciencia. Llamó a la gente a abandonar sus malos caminos y a obedecer al Único Dios, adorándolo sólo a Él. Sin embargo, la gente de la ciudad continuó burlándose de él y menospreciándolo, y hasta lo ridiculizaban y lo desafiaban para que enviara el tormento de Dios sobre ellos.

“Envíanos el castigo de Allah, si es que decís la verdad”. (Corán 29:29)

Lot estaba abrumado por la desesperación y suplicó a Dios que le concediera la victoria sobre su pueblo, que cometía grandes crímenes y se comportaba de forma antinatural.

En el momento de la invocación de Lot, los Mensajeros (ángeles) estaban con el Profeta Abraham, de modo que le informaron de su misión con Lot y su pueblo. Dijeron:

“Y cuando Nuestros [Ángeles] emisarios se presentaron ante Abraham para albriciarle [del nacimiento de su hijo], le dijeron: Destruiremos a la población de esta ciudad, porque son inicuos”. (Corán 29:31)

Abraham tenía miedo, su sobrino Lot estaba en la ciudad de Sodoma y estaba a punto de ser destruido. Le dijo a los ángeles: “Pero Lot está entre sus habitantes”. Ellos respondieron:

“Nosotros conocemos mejor [que tú] a quienes habitan en ella. Lo salvaremos a él y a su familia, excepto a su mujer, que se contará entre los condenados”. (Corán 29: 32)

El renombrado erudito islámico Imam Ibn Kazir narró que, cuando los Mensajeros se acercaron a la ciudad de Sodoma, conocieron a la hija de Lot en el río cercano. Ella se quedó asombrada por su belleza y les aconsejó que esperaran al Profeta en el río en lugar de entrar a la ciudad sin protección. Cuando Lot escuchó hablar de los extranjeros, se sintió angustiado y se preguntó cómo podía convencerlos de que pasaran de largo por Sodoma y continuaran su camino. Trató de hacerlos entender la naturaleza de la gente de la ciudad, pero sólo consiguió convencer a los Mensajeros de esperar hasta la noche antes de entrar en la ciudad.

El Profeta Lot logró acompañar a los Mensajeros a la seguridad de su casa. Sin embargo, la esposa de Lot se deslizó por la puerta trasera y rápidamente avisó a la gente que dos hombres hermosos eran huéspedes en casa de Lot. El rumor se difundió velozmente y pronto la gente estaba frente a la casa de Lot, llamando a su puerta, exigiendo ver a los invitados. Lot se angustió aún más cuando se dio cuenta de que su mujer era la responsable de que la multitud estuviera a su puerta, y le rogó a la turba que se disolviera y temiera el castigo de Dios. Les pidió varias veces que buscaran la gratificación sexual de manera legal.

 “¡Oh, pueblo mío! Casaos con las mujeres, pues ello es lo lícito para vosotros, temed a Allah y no me avergoncéis ante mis huéspedes. ¿Es que no hay entre vosotros ningún hombre recto?” (Corán 11:78)

Las versiones bíblica y coránica de la historia de Lot tienen grandes similitudes. Sin embargo, el Islam rechaza por completo la noción de que el Profeta Lot hubiera ofrecido a sus hijas a la gente de la ciudad. Los eruditos islámicos explican que cuando Lot utilizó la palabra “hijas” se refería a las mujeres de Sodoma. Él estaba exigiendo a los hombres de Sodoma que buscaran la satisfacción sexual en matrimonios legales.

En su libro Historias de los Profetas, Ibn Kazir declara que la gente de la ciudad echó abajo la puerta y se precipitó dentro de la casa de Lot, rodeando a los Mensajeros. Lot estaba impotente frente a ellos, sin embargo, continuó suplicando y recordándoles la maldad de sus actos. La gente de la ciudad se burlaban y mofaban de él diciendo: “Tú sabes que no deseamos a las mujeres, y entiendes bien lo que queremos” (Corán 11:79). Los Mensajeros tranquilizaron a Lot diciéndole: “Ciertamente somos emisarios de tu Señor” (Corán 11:81). Al escuchar estas palabras, la gente de la ciudad sintió miedo y comenzó a dispersarse, dejando a Lot y a su familia solos con los Mensajeros.

Los Mensajeros disiparon los temores del Profeta Lot y lo instruyeron para que reuniera a su familia y abandonara la ciudad de Sodoma esa misma noche. Lot caminó detrás de su familia para asegurarse de que ninguno de ellos volviera la mirada hacia la ciudad de Sodoma. La mujer de Lot se quedó atrás y recibió el castigo junto con los criminales y los habitantes impíos de la ciudad. El Corán describe el castigo como un grito terrible que volteó la ciudad al revés, y una posterior lluvia de piedras de arcilla. (Corán 15:73-74)

El castigo llegó al amanecer, y Dios dijo:

“Y lo salvamos a él y a toda su familia, excepto a su esposa, pues se contaba entre los condenados. Luego destruimos a los demás, e hicimos caer sobre ellos una lluvia de piedras. ¡Qué lluvia aterradora fue la que les enviamos! En esto hay un signo, pero la mayoría de los hombres no cree”. (Corán 26:170-174)

Así, las páginas fueron cerradas sobre el pueblo de Lot. Sus nombres fueron borrados de la memoria histórica. El castigo que Dios prometió y sobre el que advirtió el Profeta Lot, ocurrió, pues en verdad Dios cumple Sus promesas. Él promete un castigo severo a los malvados y el Paraíso es la recompensa de los justos. Lot y su familia caminaron al amanecer y el Corán no habla más de ellos.


La historia de Lot (parte 1 de 2): La vida y los tiempos de Sodoma


Dios envió a todos los Profetas a sus pueblos con un mensaje, adorar sólo a Dios y no asociarle nada ni nadie. Sin embargo, Dios envió al Profeta Muhammad para toda la humanidad. Aunque su mensaje fue el mismo, vino con una nueva ley, una para cubrir a toda la gente, en todos los lugares, en todas las épocas, incluso en un futuro distante hasta el Día del Juicio. La revelación de diferentes capítulos del Corán fue a menudo una respuesta a eventos particulares o experiencias del Profeta y sus seguidores. Las historias del Corán enseñan lecciones, proporcionan el contexto histórico de la humanidad, y demuestran la naturaleza de Dios. La historia del Profeta Lot es una que es particularmente pertinente en el siglo XXI.

En muchas ciudades alrededor del mundo no es seguro caminar por las calles incluso durante el día. El asesinato es algo común, las identidades son robadas y abundan las drogas. Hoy día, muchos niños en las escuelas ya han tenido encuentros con usuarios y vendedores de drogas. El alcohol se consigue fácilmente en cualquier tienda, aun cuando es el responsable de la ruptura de las familias, la violencia doméstica y la corrosión de la sociedad. La pederastia es rampante, así como la pornografía infantil y el tráfico de personas. Los estilos de vida degenerados son aceptados e incluso considerados normales. Esta descripción nos muestra una imagen terrorífica, de un mundo fuera de control; pero, ¿es realmente muy distinta de la de los tiempos del Profeta Lot?

El Profeta Lot vivió en una sociedad muy similar a la nuestra. Era corrupta, la gente no tenía vergüenza, los criminales y las actividades criminales abundaban, y los que pasaban por la ciudad de Sodoma se arriesgaban a ser robados y abusados físicamente. La atmósfera entera de la ciudad no era la de una sociedad cohesionada. El pueblo de Lot no tenía moral, normas ni vergüenza. La homosexualidad que abundaba no existía en un vacío, sino que era parte de un estilo de vida que no sólo era permitido sino que alentaba al vicio y la corrupción. Fue a esta ciudad que el Creador envió al Profeta Lot, su mensaje fue adorar sólo a Dios. Sin embargo, insertos en la adoración están el deseo y la voluntad de obedecer los mandamientos de Dios. El pueblo de Sodoma estaba contento con sus formas corruptas y no deseaba refrenarlas. Lot se convirtió en una molestia y sus palabras fueron ignoradas.

El Profeta Lot llamó a la gente a abandonar sus actividades criminales y su comportamiento indecente, pero ellos se negaron a escuchar. Lot confrontó a su pueblo y los amonestó. Señaló su corrupción, sus actividades criminales y su comportamiento sexual antinatural.

 “Su hermano Lot les dijo: Temed a Allah, En verdad, yo soy un Mensajero leal, temed a Allah, y obedecedme. Yo no os pido ninguna remuneración a cambio [de transmitiros el Mensaje], sólo el Señor del Universo me recompensará por ello”. (Corán 26:161-164)

En los últimos 20 o 30 años, se ha hecho común hablar de homosexualidad como una forma natural de vida. Sin embargo, de acuerdo a la ley de Dios y en las tres religiones celestiales (judaísmo, cristianismo e Islam), esto no es aceptable. La nueva idea de que la homosexualidad está de alguna forma determinada genéticamente también es rechazada por el Islam. El Corán establece claramente que la gente de Sodoma fue la primera en practicar esta aberración sexual.

 “¿Cometéis una inmoralidad de la que no hay precedentes en la humanidad? Satisfacéis vuestros deseos con los hombres en vez de las mujeres; en verdad sois unos desvergonzados”. (Corán 7:80-81)

La gente de Sodoma había alcanzado tal nivel de degradación que ya no tenía vergüenza alguna. Cometían estos actos contranaturales en público o en privado. Satanás estaba entre ellos, y como es su costumbre, hizo que sus acciones les parecieran justas y sanas. Cuando Lot insistió en que cambiaran sus malos caminos, quisieron expulsarlo de la ciudad, como si fuera él quien cometía un grave pecado al llamarlos a la pureza. La gente de Sodoma dijo a Lot: “¡Oh, Lot! Si no dejas de recriminarnos te expulsaremos” (Corán 26:167). Lot expresó abiertamente su enojo y su ira por las malas obras y los actos antinaturales, y le pidió a Dios que lo salvara a él y a su familia del mal del pueblo de Sodoma.

En otra parte del mundo, el Profeta Abraham, el tío del Profeta Lot, recibió a tres huéspedes. Conocido por su generosidad, el Profeta Abraham asó un ternero pero, para su consternación, sus huéspedes se negaron a comer. Esto era muy inusual. Los viajeros solían estar hambrientos, y el hecho de que estos tres invitados rechazaran su generosidad hizo que el Profeta Abraham se sintiera muy incómodo. Los huéspedes vieron su inquietud y trataron de calmar sus temores. Dijeron: “No temas” (Corán 15:53), y sus temores se disiparon. El Profeta Abraham preguntó a sus invitados qué asuntos los habían traído a su ciudad. Ellos contestaron: “Hemos sido enviados para castigar a un pueblo de pecadores” (Corán 15:58).

El pueblo de Sodoma se había convertido en corrupto, creyendo que sus malos caminos eran aceptables. Infortunadamente, en el siglo XXI nos hemos acostumbrado tanto a la maldad y la ignorancia que ya no somos capaces de responder de forma correcta. Inventamos excusas y tratamos de justificar el mal comportamiento, pero el hecho es que cuando la gente irrespeta y desobedece a Dios abierta y continuamente, debemos indignarnos. Los ángeles se despidieron del Profeta Abraham y siguieron su camino hacia la ciudad de Sodoma, buscando al Profeta Lot y a su familia.





Texto tomado de: Islamreligion

viernes, 15 de marzo de 2013

La historia de Noé (parte 3 de 3): El diluvio

Los creyentes entraron en el arca en el nombre de Dios, tal y como los musulmanes de hoy día comienzan cada cosa que hacen en el nombre de Dios.

“Embarcad [y decid]: ¡Qué en el nombre de Allah navegue y ancle! Por cierto que mi Señor es Absolvedor, Misericordioso. Y [el Arca] navegó con ellos entre olas como montañas…”. (Corán 11:41-42)

Noé construyó el Arca de acuerdo a las instrucciones de Dios con tablas y clavos, y mantuvo a los creyentes a salvo de la lluvia torrencial y del agua que brotaba de la tierra. Luego el interior de la tierra se movió de maneras inusuales y el fondo de los océanos aumentó en arrebatos repentinos, causando olas que inundaron la tierra. Estas olas, tan grandes como montañas, lo sumergieron todo, alcanzaron al arca haciéndola aparecer tan frágil como una caja de cerillas arrojada al mar. Esta construcción, hecha de madera, se convirtió en un barco de seguridad y protección, ya que sus pasajeros tuvieron verdadera fe y confianza en Dios.

Desde su lugar seguro en el Arca, Noé pudo ver a uno de sus hijos rodeado por las aguas. Noé gritó a su hijo, implorándole que subiera al Arca y dejara a los incrédulos a su suerte. El hijo, sin embargo, estaba pensando en términos de este mundo y no con confianza en Dios. Él respondió que iba a irse a una montaña, sin imaginar que las olas iban a cubrir la montaña. Noé le rogó a su hijo diciendo: “Nada puede salvarte este día, excepto la misericordia de Dios”. El hijo se rehusó y se ahogó.

“…y Noé llamó a su hijo que se encontraba en un lugar apartado: ¡Oh, hijito mío! Embárcate con nosotros y no te cuentes entre los incrédulos. Dijo [su hijo]: Me refugiaré en una montaña que me protegerá de las aguas. Dijo [Noé]: Hoy no habrá nada que pueda socorreros del designio de Allah, y sólo se salvará aquel a quien Allah le tenga misericordia; y las olas se interpusieron entre ambos, y [su hijo] se contó entre los ahogados”. (Corán 11:42-43)
El diluvio termina

“Y fue ordenado: ¡Oh, tierra! Traga tu agua. ¡Oh, cielo! Deja de llover. Y entonces el agua fue descendiendo y así se cumplió el designio [y los incrédulos fueron destruidos], y [la embarcación] se detuvo y se asentó sobre el monte Yudii, y fue dicho: ¡La maldición recayó sobre los inicuos y fueron exterminados!” (Corán 11:44)

A diferencia de las tradiciones cristiana y judía, el Islam no menciona a Noé enviando a un pájaro (ni una paloma ni un cuervo) a buscar tierra firme. Por el contrario, por orden de Dios se detuvo la lluvia y el agua dejó de brotar de las grietas de la tierra. La calma volvió y el sol comenzó a brillar. El diluvio había limpiado la tierra de la idolatría y de los incrédulos. Ni una sola persona que había descreído de Dios permaneció en la tierra. La tierra se tragó el agua y el Arca se posó sobre el monte Yudii (que se cree está en la actual Turquía).

Noé fue un Profeta y líder de los hombres, pero también fue padre. Se volvió a Dios con tristeza y lloró:

“¡Oh, Señor mío! Por cierto que mi hijo era parte de mi familia [y pensé que no sería destruido]; Tu promesa es verdadera, y Tú eres el mejor de los jueces”. (Corán 11:45)

Noé recordó que Dios había prometido salvar a su familia. Noé no dudaba de la palabra y las promesas de Dios, pero quería entender. Así Dios le enseñó a Noé una lección.

Los seres humanos hemos asignado significados específicos a las distintas palabras de las lenguas que hablan, pero Dios a menudo les puede dar un nuevo significado, más amplio. Por ejemplo, la palabra oración originalmente significa suplicarle a Dios, pero el Islam vino y le dio un nuevo sentido, convirtiéndola en un ritual que se realiza cinco veces al día. Cuando utilizamos la palabra familia, pensamos en lazos consanguíneos y relaciones, y Noé estaba implorando a Dios porque su hijo era de su familia. Dios le dijo a Noé que su hijo definitivamente no era parte de su familia debido a que era injusto. La verdadera familia son los creyentes rectos de Dios.

“Dijo Allah a Noé: ¡Oh, Noé! Ciertamente él no era de [los que se salvarían de] tu familia, pues obró en forma impía [e incrédula]; no Me cuestiones sobre lo que careces de conocimiento. Te advierto para que no te cuentes entre los ignorantes”. (Corán 11:46)

Noé entendió. Dijo:

“Dijo [Noé]: ¡Oh, Señor mío! Me refugio en Ti de cuestionarte algo sobre lo que no tengo conocimiento; si no me perdonas y te apiadas de mí, me contaré entre los perdedores”. (Corán 11:47)

Noé liberó a los animales, pájaros e insectos, y éstos se dispersaron por toda la tierra. Noé y su familia (los creyentes) desembarcaron, y entonces Noé tocó la tierra con su cabeza en postración. En este punto el Corán y las narraciones del Profeta Muhammad dejan la historia de Noé. No sabemos cómo continuaron sus asuntos con su pueblo, ni qué ocurrió con su familia. Todo lo que podemos determinar es que en su lecho de muerte Noé llamó a sus hijos a su lado y les pidió adorar al Único Dios: El Creador y Sustentador del Universo.

Dijo el Profeta Muhammad:

“Cuando la muerte de Noé, el Mensajero de Dios, se acercó, él advirtió a sus hijos: ‘Les voy a dar dos consejos durables: les ordeno hacer dos cosas y les advierto también de no hacer otras dos. Los exhorto a creer que no hay divinidad sino Dios, y que si los siete cielos y las siete tierras fueran puestos juntos en un plato de una balanza, y las palabras ‘no hay divinidad sino Dios’ fueran puestas en el otro plato, estas palabras pesarían más que lo otro. Les advierto que no asocien a nada con Dios ni sean orgullosos”. (Sahih Al Bujari)

La mayoría del pueblo de Noé rechazó su mensaje, pero el mensaje sobrevive en los corazones y las mentes de los musulmanes de hoy día. Las palabras de consuelo y las esperanzas de salvación que Noé transmitió a sus hijos mientras estaba en su lecho de muerte, siguen siendo parte de la creencia de los musulmanes y confirman su actitud hacia Dios. Pues el Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, también nos dice que Dios establece un pacto con los creyentes: Si no adoramos a otros dioses junto con Dios, Él no nos negará el cielo.


Texto tomado de: Islamreligion

La historia de Noé (parte 2 de 3): Noé construye el Arca

Noé continuó apelando a su pueblo y ellos se dividieron en dos grupos. Sus palabras llegaron a los corazones de los débiles, los pobres y los oprimidos, pero la gente rica e influyente desconfió de esas palabras y sólo podía pensar en la posible erosión de su poder y su estatus. Una guerra de palabras comenzó entre Noé y los incrédulos. Ellos acusaron a Noé de no ser más que un ser humano cualquiera, de no ser nada especial. Noé estuvo de acuerdo con esta observación y dijo que, en efecto, no era más que un ser humano, pero uno que traía una advertencia clara. Y Dios Todopoderoso nos dice:

“Por cierto que enviamos a Noé a su pueblo [y les dijo]: Yo soy para vosotros un amonestador evidente, no adoréis sino a Allah, pues temo que os azote el castigo de un día doloroso [el Día del Juicio]. Los líderes de la incredulidad de su pueblo dijeron: No eres más que un mortal como nosotros, y sólo te siguen los pobres y débiles de nuestro pueblo que no piensan. Ciertamente no os creemos mejores que nosotros, sino que os consideramos mentirosos”. (Corán 11:25-27)

Noé explicó a su pueblo rebelde que iban a recibir beneficios si se volvían hacia Dios y pedían Su perdón. Él los bendeciría con abundante lluvia, con progenie y riqueza. Él les otorgaría jardines generosos y ríos que fluyen. Sin embargo, los incrédulos rechazaron sus palabras, ellos se sentían seguros en su arrogancia y orgullo.
El conflicto se intensificó

Aquellos que estaban en contra de Noé y su llamado comenzaron a negociar con él. Le dijeron que estos dos grupos distintos, los humildes y pobres y los ricos y poderosos, no podían coexistir en la misma fe. Aunque era continuamente ofendido e intimidado por los incrédulos, Noé reaccionó de manera amable y gentil. Explicó que él nunca daría la espalda a los creyentes humildes y débiles que habían atendido a su llamado. Esta gente, les informó, eran los invitados de Dios. Noé hizo un llamado a su pueblo. Intentó razonar con ellos y hacerles ver la realidad de su situación. Sin ninguna ganancia personal y con un corazón humilde pero valiente, Noé refutó sus argumentos.

“¡Oh, pueblo mío! No os pido retribución alguna a cambio [de transmitiros el Mensaje], pues Allah será Quien me recompensará, y no voy a rechazar a los creyentes [como me pedís], ciertamente ellos se encontrarán con su Señor [Quien los recompensará por su fe]; y veo que sois un pueblo de ignorantes. ¡Oh, pueblo mío! ¿Quién me protegerá de Allah [y Su castigo] si los rechazo? ¿Es que no recapacitáis? No os digo que poseo los tesoros de Allah, ni conozco lo oculto, ni os digo ser un Ángel, pero tampoco digo que Allah no recompensará [en la otra vida] a aquellos que vosotros consideráis inferiores [los débiles y los pobres, como pretendéis], pues Allah bien sabe lo que hay en sus corazones, y si así lo dijese me contaría entre los inicuos”. (Corán 11:29-31)

Los desacuerdos continuaron hasta que los incrédulos se quedaron sin argumentos. Se burlaron de Noé y de los creyentes, pero Noé continuó difundiendo su mensaje. Finalmente, no pudo más y se volvió hacia Dios con súplicas sinceras. Noé no perdió la paciencia, se mantuvo paciente, amable y gentil. Pero se había dado cuenta de que los incrédulos no harían más que difundir la corrupción y la incredulidad en toda la región. Ellos podrían desviar y corromper a los creyentes y entregar un legado de incredulidad a sus hijos. Noé oró a Dios. Dijo:

“Si les dejaras, extraviarían a Tus siervos y no engendrarían sino a pecadores e incrédulos”. (Corán 71:27)

Así que Dios aceptó las súplicas de Noé.
El Arca

Dios instruyó a Noé para que construyera el Arca y castigó a los incrédulos con un diluvio.

“Construye el Arca bajo Nuestra observancia y según Nuestra orden, y no Me pidas compasión por quienes obraron injustamente, pues ellos serán ahogados”. (Corán 11:37)

Noé eligió un sitio fuera de la ciudad y lejos del mar para construir este Arca. Los incrédulos se burlaron y rieron, haciendo comentarios acerca de la ubicación de la embarcación, lejos de cualquier fuente de agua. Los incrédulos no tenían comprensión del poder y la magnificencia de Dios, de modo que no podían entender por qué Noé construiría un barco en la cima de una colina, lejos del océano. Ellos lo llamaban loco y se reían de él a carcajadas. La embarcación comenzó a tomar forma y, cuando estuvo terminada, Noé esperó pacientemente las órdenes de Dios.

“Cuando llegue Nuestro designio y [como señal de ello] el agua brote de la tierra [e inunde todo], haz subir a ella una pareja de cada especie, embarca a tu familia, salvo a quienes de ellos decretamos que serían destruidos, y a los creyentes. Y ciertamente unos pocos creyeron en él”. (Corán 11:40)

Cuando el agua comenzó a brotar de la tierra y a caer desde el cielo, Dios instruyó a Noé para que entrara al Arca con su familia y con los creyentes. Dios también le ordenó a Noé llevar con ellos una pareja (macho y hembra) de cada animal, pájaro e insecto con él. Los incrédulos lo observaron con escepticismo, preguntándose qué pretendía hacer con los animales.

La esposa de Noé no lo acompañó, puesto que nunca creyó en el mensaje que Noé había predicado, ni tampoco su hijo mayor, que prefirió huir a un monte elevado. Los eruditos del Islam sostienen diferentes opiniones respecto al número de personas en el Arca, pero el mayor estimado es 80. En cuanto los creyentes y los animales entraron al Arca, el agua brotó de cada grieta en la tierra y la lluvia cayó del cielo en cantidades nunca antes vistas. Hora tras hora los niveles de las aguas crecieron, y los mares y ríos invadieron la tierra.


Texto tomado de: Islamreligion

La historia de Noé (parte 1 de 3): ¿Quién era Noé?


Los relatos del diluvio en las tradiciones judía y cristiana reconocen a Noé como un hombre recto en un mundo aplastado bajo el peso del pecado y la incredulidad. El Corán y los dichos del Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, nos enseñan que el Profeta Noé era un faro de esperanza entre los descendientes de Adán, en una época donde el pecado y la anarquía se habían apoderado de la gente.

La humanidad había sido una comunidad creyente en la Unidad y Unicidad de Dios, pero la confusión y la desviación se habían deslizado. Noé era un hombre tranquilo y paciente, que llamó a su pueblo a regresar a la adoración del Único Dios Verdadero. Él fue un orador excepcional, ordenando a aquellos que lo rodeaban que abandonaran la adoración y la veneración de ídolos y estatuas, y que escucharan su advertencia de un castigo terrible por venir.

“Enviamos a Noé a su pueblo, y les dijo: ¡Oh, pueblo mío! Adorad solamente a Allah, pues no existe otra divinidad salvo Él. ¿Es que no Le teméis?” (Corán 23:23)

Noé narró historias sobre los misterios de la vida y las maravillas del universo. Él describió cómo el día, que brinda luz solar y actividad, es seguido por la noche que brinda frescor y descanso. Habló de Dios, el Creador Divino a Quien pertenecen el cielo y la tierra, y señaló la amplitud y la belleza de la tierra. Noé explicó que la creación del mundo era para el bienestar de la humanidad, pero que el hombre también tenía la obligación de entender esto y dirigir su adoración a Dios, no a deidades falsas. Cuando Noé comenzó a hablar del castigo que espera a los idólatras, su pueblo se llenó de resentimiento e ira[1].
Cómo comenzó la idolatría

El Profeta Muhammad nos informó que hubo diez generaciones entre los Profetas Adán y Noé[2]. Sabemos que este fue un período largo de tiempo, pues el mismo Noé vivió más de un siglo, y la gente antes vivía más tiempo.

En aquellos años, entre Adán y Noé hubo generaciones de gentes que recordaban las leyes impartidas por Adán y adoraban a Dios correctamente. Los años pasaron y la gente olvidó, a veces los hombres rectos entre ellos recordaron a la gente sus obligaciones para con Dios. A medida que el tiempo continuó avanzando, los hombres rectos comenzaron a morir, y Satanás estuvo susurrando a la gente que los había visto, poniendo en sus mentes pensamientos a su modo astuto, hábil.

Satanás inspiró a la gente buena para que hiciera estatuas de los hombres rectos. De este modo, les decía Satanás, recordarían a los justos y así recordarían adorar a Dios. La gente buena construyó estatuas en sus lugares de reunión y en sus casas, y Satanás los dejó solos hasta que todos habían olvidado la razón por la que existían esas estatuas. Muchos años después, el retorcido Satanás apareció entre la gente, esta vez sugiriéndoles que adoraran directamente a los ídolos.

Una narración auténtica del Profeta Muhammad resume el inicio de la idolatría de la siguiente forma. Ibn Abbas, un compañero cercano del Profeta Muhammad, dijo:

“Los nombres (de los ídolos) pertenecieron inicialmente a algunos hombres piadosos del pueblo de Noé, y cuando ellos murieron Satanás inspiró a su pueblo a elaborar y colocar ídolos en los lugares donde acostumbraban reunirse, y a llamar a esos ídolos por sus nombres. La gente lo hizo, pero los ídolos no fueron adorados hasta que esta gente (que comenzó con ellos) hubo muerto y el origen de los ídolos se hizo oscuro, con lo que la gente comenzó a adorarlos”. (Sahih Al Bujari)
El llamado de Noé

La palabra Profeta (Nabi en árabe) deriva de la palabra Naba, que significa noticias. La Revelación es dada por Dios y, a su vez, el Profeta difunde las noticias entre su pueblo. Un Mensajero, por otra parte, es enviado con una misión específica, usualmente para transmitir un nuevo ordenamiento proveniente de Dios. Todo Mensajero es un Profeta, pero no todo Profeta es un Mensajero[3]. Como se trataba de la primera desviación de la adoración correcta a Dios como fue enseñada por el Profeta Adán, Dios, en su infinita Bondad y Misericordia, cumplió su promesa hecha a Adán de enviar mensajeros como guía para la humanidad. Dios envió a Noé, el primero de Sus Mensajeros[4]. Abu Hurairah narró que el Profeta Muhammad dijo:

“En el Día del Juicio, la gente vendrá a Noé y dirá: ‘Oh, Noé, eres el primero de los Mensajeros enviados a la Tierra, y Dios te llamó siervo agradecido’”. (Sahih Al Bujari)

Adorar a algo o alguien fuera de Dios tiene graves consecuencias, la menor de las cuales es una pérdida de libertad, puesto que Satanás esclaviza al hombre, destruye su mente y lo incapacita para reconocer el bien del mal. Cuando Noé advirtió a su pueblo del tormento que les esperaba si no abandonaban la idolatría, sus advertencias cayeron principalmente en oídos sordos. Noé explicó el engaño de Satanás, pero su pueblo le dio la espalda y se rehusó a escuchar. Noé les advirtió de día y de noche, anunció su mensaje en público y en privado. Sin embargo, la gran mayoría de ellos negó sus palabras. Noé clamó a Dios:

“¡Oh, Señor mío! Por cierto que exhorté a mi pueblo noche y día, pero mi exhortación sólo ha servido para que se aparten aún más [del camino recto]. Y toda vez que los llamé hacia la guía para que Tú los perdonases, se pusieron los dedos en los oídos, se cubrieron con la ropa, se obstinaron y se ensoberbecieron”. (Corán 71:5-7)

Aquellos que respondieron a la llamada de Noé fueron los más débiles y pobres de su pueblo. Los líderes y aquellos con poder respondieron con arrogancia y rechazaron el llamado. Dijeron:

“Nosotros consideramos que estás en un evidente error”. (Corán 7:60)

Noé continuó apelando a su pueblo, día tras día y año tras año. Durante 950 años tuvo que soportar sus insultos y sus burlas.





Texto tomado de: Islamreligion

jueves, 14 de marzo de 2013

Inauguraron en Perú la primera Sala de la Cultura Árabe


La sala fue inaugurada ayer en la sede histórica de la Gran Biblioteca Pública de Lima por el Ministro de Cultura, Luis Peirano, el Viceministro de Relaciones Exteriores, Embajador José Beraún Araníbar y el Director de la Biblioteca Nacional del Perú, Ramón Mujica Pinilla.

El espacio cristaliza uno de los objetivos de cooperación cultural trazado por los Jefes de Estado y de Gobierno de América del Sur y Países Árabes, en la III Cumbre ASPA celebrada en nuestro país en octubre último, informó la Cancillería Peruana en un comunicado de prensa.

El espacio albergará documentos bibliográficos en idiomas español, árabe, inglés y francés, que fueron donados por las Embajadas de Marruecos, Palestina, Argelia, Egipto y Qatar en Perú, los cuales estarán a disposición de investigadores, estudiantes y público en general interesados en conocer diversos aspectos de estas naciones.

La iniciativa, promovida por la Cancillería peruana, marca un nuevo capítulo en el acercamiento entre el Perú y los países árabes, y constituirá un espacio vivo de difusión de la cultura de esa región en Perú, a través de diversas actividades, como conferencias y ciclos de cine.

Con la creación de la Sala de la Cultura Árabe se busca fortalecer la relación entre dichos países y el Perú, lo cual conducirá a promover el desarrollo de proyectos conjuntos de colaboración especializada en temas bibliotecológicos, bibliográficos, académicos y culturales.



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